ESPA�A

El empuj�n de un polic�a a una docente en Valencia es el fresco de un Estado gripado. Quien nos educa golpeada por quien nos protege. Espa�a vive un cambio social acelerado y no hay nadie a los mandosMomento en el que un polic�a empuja a una maestra en Valencia.EFEActualizado Martes,

junio

22:55Audio generado con IALa nariz sangrante en el rostro aturdido de una profesora jubilada ha sido el catalizador del fracaso social y pol�tico en la Comunidad Valenciana. Un polic�a antidistubios que despejaba una protesta de una carretera abierta al tr�fico la empuj� sin contemplaciones, la docente perdi� pie y cay� de bruces contra el asfalto.Las actuaciones de los antidisturbios contra manifestantes pac�ficos son y ser�n escandalosas. Tanto si son proporcionadas, como suelen, como si no. El Gobierno ha expedientado al agente y deber� determinar si hubo un exceso en el uso de la fuerza. Puede que as� fuera, pero la acusaci�n distorsionada de �brutalidad policial� tiene m�s que ver, por contraste, con la condici�n de la lesionada. Una maestra, no el soldador de un astillero con mil barricadas en el palmar�s ni un minero de cara ennegrecida y el tirachinas cargado de tuercas. S�lo, y ni m�s ni menos, que una maestra de escuela.Quien nos educa golpeada por quien nos protege, una funcionaria de la Administraci�n auton�mica herida por un compa�ero de la Administraci�n central. Es la foto de un Estado gripado, el fresco de un pa�s que experimenta un cambio social acelerado con un Gobierno que no gobierna, un Parlamento que no aprueba leyes y todas las instituciones atrincheradas en la gre�a electoral. Nada m�s f�rtil para la desconfianza ciudadana y la antipol�tica.No es casual que el paisaje sea de nuevo Valencia, la misma que tras la Dana emergi� como s�mbolo de la inoperancia pol�tica. El comportamiento de Carlos Maz�n ha tapado que la Generalitat y la CHJ trabajaron de espaldas y que el c�lculo pol�tico dispar� hasta lo insoportable la sensaci�n de abandono de los damnificados. Felipe VI gan� aquel match ball para todos.La Comunidad Valenciana acumula cada uno de los desequilibrios pasados, presentes y futuros. Am�n de una cultura pol�tica e institucional manifiestamente mejorable, es la autonom�a m�s infrafinanciada ad aeternum y la m�s diversa en la acogida de residentes de todas las nacionalidades con episodios m�nimos de conflictividad, lo que s�lo habla bien de la conciencia social de sus nativos. Pero semejante c�ctel est� estrechando los cuellos de botella en la vivienda y en los servicios p�blicos hasta convertirse en un laboratorio a cielo abierto de las disfunciones de todo el Estado. Y de las que nadie parece tomar nota.Los maestros valencianos llevan cuatro semanas de huelga en las que los alumnos se tuestan al sol. La escasa merma en el seguimiento de las movilizaciones, pese al desgaste emocional y el perjuicio econ�mico, es una m�trica precisa de la frustraci�n del colectivo. Los esfuerzos de la Generalitat por acotar la negociaci�n al aspecto salarial evidencian una incomprensi�n notable del problema y las acusaciones veladas sobre la intencionalidad pol�tica de la protesta, una miop�a que anticipa un desastre.Ni los maestros con sueldos congelados y aulas saturadas son rojos ni los m�dicos que protestan contra el Ministerio son fachas. No hay Presupuestos ni reformas ni consensos para adaptar a la comunidad pol�tica a su nueva piel. Iba a decir que se est� perdiendo el tren. Pero ese tema mejor no mentarlo. Por respeto a los ca�dos en Adamuz.