Los preparativos para el verano no solamente incluyen desempolvar sombrillas, guardar la ropas de abrigo o comprar un buen protector solar. Hay cuestiones hogareñas que también es importante atender. Y es que el calor hace de esta época la preferida de muchos insectos, algunos de ellos ponzoñosos, como las avispas. Y algunos de los lugares que más les atraen son las persianas recogidas, los marcos de ventanas deteriorados y los huecos en los tejados de las viviendas.

Si bien el ciclo de las avispas empieza realmente en primavera, es durante los meses de verano cuando una colonia puede llegar a tener hasta 5.000 obreras. Estos nidos empiezan discretos, no sobrepasan el tamaño de una naranja, pero con el paso de las semanas, algo que podría parecer insignificante puede convertirse en un problema difícil de ignorar. Todo empieza en los meses de abril y mayo, cuando las reinas que han hibernado durante los meses más fríos emergen para buscar un lugar donde construir sus nidos y comenzar a poner huevos. Es ahí donde las casas entran en la ecuación. Actuar a tiempo es mucho más sencillo que esperar a que el problema crezca.

En este sentido, conocer el comportamiento de los insectos es ya medio camino hacia la solución. Las avispas no eligen los hogares por capricho, lo hacen por las condiciones que estos les ofrecen: espacios protegidos del viento y la lluvia, con acceso fácil al exterior. Las persianas enrolladas crean exactamente esa cavidad oscura y resguardada que una reina exploradora necesita. Lo mismo ocurre con las juntas abiertas en tejados, los huecos sin sellar en fachadas o los marcos de ventana con deterioro acumulado por el paso de los años. La buena noticia es que, estén o no ya instaladas, hay medidas concretas que frenan el avance y, en muchos casos, resuelven el problema sin necesidad de llamar a nadie.