Cada año ocurre lo mismo. Empieza a hacer calor, se abren más las ventanas y, sin saber muy bien cómo, aparecen las primeras hormigas en casa. Suelen verse en la cocina, cerca de la basura o siguiendo una línea muy concreta por la pared o el suelo. Al principio pueden parecer pocas, pero si no se hace nada, en pocos días el número crece.

No es algo puntual ni raro. Con las temperaturas altas, estos insectos salen más en busca de comida y agua, y las viviendas se convierten en un lugar fácil donde encontrarlas. Basta con que detecten una fuente accesible para que empiecen a ir y venir constantemente. Además, se comunican entre ellas dejando un rastro que facilita que otras sigan el mismo camino.

Por eso, cuando aparecen, no basta con eliminarlas sin más. Si no se corrige lo que las atrae o el lugar por donde entran, volverán. Las medidas que suelen recomendarse pasan por algo bastante básico: mantener el entorno lo menos atractivo posible para ellas y cortar sus vías de acceso. Aplicarlo de forma constante es lo que realmente evita que el problema vaya a más.

Mantener la cocina limpia y sin restos de comida

La cocina es, con diferencia, el lugar donde más suelen aparecer las hormigas. Tiene sentido: es donde hay comida y donde más fácil resulta encontrar restos, aunque sean mínimos. No hace falta que haya algo visible; una superficie con algo pegajoso o unas pocas migas pueden ser suficientes para atraerlas.