Morir sin testamento no es una excepción, pero sí una situación que abre un proceso complejo y a menudo largo. Las llamadas herencias intestadas se activan cuando no existe una voluntad sucesoria formalizada y es la ley la que decide quién hereda. En este procedimiento intervienen registros, notarios, bancos, familiares lejanos y, en última instancia, las administraciones. Según juristas y expertos fiscales, el fenómeno refleja un desconocimiento legal y también cambios profundos en la estructura familiar, que tiene como consecuencia un aumento de personas fallecidas sin herederos y cierta profesionalización en torno a la búsqueda de legados que han caído en el olvido.
El año pasado, el Ministerio de Hacienda ingresó casi siete millones de euros de herencias abintestato (sin testamento) que acabaron en manos del Estado, un 83 % más que en el 2019. A cambio, pagó un total de 437.000 euros en premios a quienes le ayudaron a descubrir patrimonio sin herederos. A través de su web, el ministerio informa sobre los procedimientos que están en curso y recopila información sobre ellos.
Una herencia intestada se abre cuando una persona fallece sin haber dejado testamento válido, lo que obliga a aplicar el orden legal de herederos. La socia de Busquets Law&Finance Ana Busquets lo define de forma precisa al señalar que “una herencia intestada es la sucesión que se abre cuando una persona fallece sin título sucesorio válido que determine herederos, de modo que la herencia se defiere conforme las reglas legales de la sucesión legítima”.











