Hay algo cómico en ver a dirigentes de Vox en cumbres donde se fantasea con una supuesta "Europa auténtica" o, dicho sin rodeos, una Europa lo más blanca y homogénea posible. Es cómico porque basta abrir un libro para comprobar que Europa jamás fue eso. Menos aún la Península Ibérica.PublicidadTengo la sensación de que en Vox han retirado todos los espejos de sus sedes. No por miedo a los siete años de mala suerte, sino por miedo a descubrir lo evidente: España es el resultado de miles de años de migraciones, conquistas, conversiones y mestizajes. Fenicios, romanos, visigodos, judíos, musulmanes, africanos, europeos de todos los rincones y, más tarde, americanos. Todos dejaron algo. A Abascal un parecido más que razonable con Abderramán II. La España pura que evocan con nostalgia tiene un problema: nunca existió.Y en esta competición por simplificar la realidad, Isabel Díaz Ayuso tampoco se queda atrás. Su discurso divide entre migrantes de primera y de segunda. Los buenos serían aquellos cuya presencia le resulta electoralmente cómoda. Los malos, aquellos que le sirven para alimentar campañas de miedo. Para adelantar a Vox por la derecha.Lo paradójico es que la propia ciudad que gobierna su lacayo Almeida es una enmienda a la totalidad de ese relato. Madrid es la única capital europea cuyo origen y nombre proceden del árabe: Mayrit. Si nuestra presidenta autonómica dedicara algo más de tiempo a la historia y menos a las consignas, además de no hacer el ridículo en México, descubriría que la capital de España nació precisamente de aquello que pretenden presentar como ajeno a nuestra identidad.También es llamativo que quienes se golpean el pecho con el catolicismo olviden sus principios. La Biblia es explícita: "Como a uno de vosotros trataréis al extranjero que habite entre vosotros. Y lo amarás como a ti mismo". Y, sin embargo, si el Niño Jesús llegara hoy a Madrid, como el pobre refugiado que fue, su presidenta le sometería a su apartheid sanitario, esperando meses para ir al centro de salud. Y la portavoz de Vox, le pondría de vuelta en un avión con un analgésico en la boca, como espetó hace unas semanas en la Asamblea. Esta semana ambas matarán por arrimarse al Papa. Ahora, la compasión y acogida que predica León IXI les resbalan.PublicidadPorque mientras Vox reclama la prioridad nacional, Ayuso practica el racismo clasista. Todas sus ayudas sociales exigen residencia legal y años empadronamiento. Todas menos la que se inventó para pagar con nuestros impuestos la empleada del hogar a familias pudientes. Cuestión de prioridades.Muchos españoles/as contemplamos con preocupación el auge de estos discursos. No hablamos de teorías. Hablamos de nuestras familias.La mía es diversa. Soy madre y hermana de personas maravillosas llegadas del otro lado del charco. Y son tan parte de nosotros como cualquiera. España conoce bien esto. Durante décadas, miles de familias se embarcaron en procesos de adopción internacional porque entendían algo muy sencillo: un hijo/a es un hijo/a, independientemente del color de su piel o del lugar donde nació.Aterra escuchar discursos que convierten la diferencia en amenaza. Porque cuando desde los parlamentos se señala diariamente a determinados colectivos, siempre hay quien se siente autorizado para trasladarlo a la calle.PublicidadLa historia europea debería habernos enseñado que el odio nunca empieza con deportaciones ni con violencia. Empieza con palabras. Con caricaturas. Y precisamente porque conocemos esa historia, conviene recordarle a los/as apóstoles de la pureza identitaria una verdad elemental: España no es grande a pesar de su diversidad. España es lo que es gracias a ella.