“En Europa, los gobiernos están cometiendo genocidio blanco”. Quien tan rotundamente se expresaba en marzo en un mensaje en X contra la supuesta permisividad con la inmigración no es un usuario anónimo, sino toda una influencer, la veinteañera catalana Ada Lluch, con más de 436.000 seguidores. Su comentario, lejos de ser una excepción, se integra en una narración donde los negros aparecen como odiadores de unos blancos amenazados, agredidos. Sobre todo, las “mujeres blancas”, la “verdadera minoría vulnerable”, como publicó en abril rescatando la foto de una ucraniana a punto de ser asesinada por un varón negro en EE UU. “¿Cómo hemos permitido que los europeos blancos nos convirtiéramos en una minoría abusada en nuestros propios países?”, se pregunta en otro mensaje.Políticamente, no es ninguna paria. Expareja de un comentarista estadounidense que le permitió coincidir —y fotografiarse— con Donald Trump, Lluch representó a España en el acto que coronó la masiva manifestación antiinmigración del verano pasado en Londres. Desde entonces, ha ganado relieve. Y no ha pasado inadvertida para Vox. En reciprocidad a su entusiasmo por Santiago Abascal, el partido lleva meses promocionándola a través de la Fundación Disenso, donde se destaca su “defensa de los valores tradicionales”, y de diversos canales de propaganda. Sus contactos con el partido van a más. El mes pasado, Lluch se reunió con Samuel Vázquez, portavoz de Inmigración de Vox. Antes, en marzo, participó en una cumbre en Hungría donde se fotografió con Abascal y con el dirigente Jorge Buxadé. La de Budapest no es la única cita de la ultraderecha internacional a la que ha acudido Lluch, que el año pasado ya fue ponente en la Cumbre de Remigración, celebrada en Italia. Este año, esta cumbre tiene lugar aún más cerca de España. Es en Oporto, este sábado. Esta vez, Lluch no figura en el programa. Pero eso no rebaja la presencia española. Al contrario. Le dan el relevo dos dirigentes de Vox: la diputada Rocío de Meer y Carlos Hernández Quero, que además de ocupar un escaño en el Congreso es miembro del equipo encargado de negociar con el PP.La asistencia de De Meer y Quero supone un salto en la trayectoria de Vox. Ya no es solo darle visibilidad a una agitadora que habla de “genocidio blanco”, ahora el tercer partido de España se suma a una cita promovida por una corriente de la ultraderecha que usa de forma sistemática argumentos raciales. Ahora acude a la llamada de un movimiento organizado a escala europea para defender la idea de que la nación corre por la sangre.El acercamiento de VoxAunque Vox es la formación de referencia de la ultraderecha xenófoba en España, su argumentario antiinmigración suele ceñirse a la defensa de la cultura, la seguridad y la “prioridad nacional” en el acceso a servicios públicos, sin adentrarse explícitamente en el terreno racial o étnico. La Cumbre de Remigración sí se mete de lleno, como hace al difundir mensajes según los cuales que la Europa “blanca” está cometiendo un “suicidio étnico”. Este es el evento que promociona De Meer, que difícilmente puede alegar —tampoco Quero— que desconoce dónde se mete. Porque los citados mensajes son coherentes con las trayectorias de los promotores de la Cumbre de Remigración, organizada por cuatro estandartes de una ultraderecha para la que el color de la piel sí importa: el austriaco Martin Sellner, el italiano Andrea Ballarati, el belga Dries Van Langenhove y el portugués Alfonso Gonçalves. Este viernes los organizadores de la cumbre portuguesa anunciaron por sorpresa la participación de Greg Bovino, el excomandante en jefe de la Patrulla Fronteriza de EE UU, que durante el segundo mandato de Donald Trump ha sido el máximo estandarte de las tácticas más violentas de la campaña antiinmigración impulsada por el presidente.Los cuatro presentan bajo amenaza un nosotros “blanco”. Sellner insiste en la necesidad de erradicar la “culpa blanca” para defender las “naciones blancas”. Ballarati y Van Langenhove alertan —como Lluch— del “genocidio” contra los “blancos”. Similares discursos mantienen ponentes confirmados como la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek, que en la edición de 2025 dejó el mensaje de que “los europeos étnicamente blancos” serán “pronto” una “minoría” en sus “propios países”.No dicen solo “occidental”, o “europeo”, o “nativo”, o “cristiano”. Dicen “blanco”. Aunque observadores sobre derechos civiles, inmigración y extrema derecha califican este tipo de discursos como “racistas”, la organización lo niega en respuesta por escrito: “Vemos nuestra postura como una defensa de una identidad etnocultural [...], no como una forma de menospreciar a otras culturas”. En cuanto a Vox, no responde a las preguntas remitidas, entre ellas si comparte el ideario de la cumbre en la que estarán representados por De Meer y Quero.Una fuente conocedora de la estrategia del partido atribuye la asistencia de Vox al “pánico” a “lo que se esté creando a su derecha”, en referencia a la miríada de grupos radicales que presentan a Abascal y los suyos como una fuerza blanda, por ejemplo por no ser tan excluyente con los latinoamericanos como con los africanos. Quique Badia, investigador experto en extremismo violento de ultraderecha, ve “significativa” en la trayectoria de Vox la asistencia a una cumbre con posturas “racistas”, pero advierte contra la simplificación: “No hay que pensar que todo el partido se acerca en bloque a esas tesis. Hay una tensión. Por una parte, Vox quiere abarcar toda la extrema derecha y sabe que al haberse ensanchado la ventana de Overton [es decir, aquello sobre lo que es concebible debatir], hay posiciones antes marginales que ahora ganan legitimación; pero, por otra parte, discursos así ponen en peligro su búsqueda del voto latino y la proximidad a individuos considerados neonazis entra en conflicto con su alianza estructural con el sionismo”.Una conferencia en MadridEl catálogo de acercamientos de la pujante ultraderecha española a los discursos que apelan a la raza y la etnia —que incluye la raza junto a las afinidades culturales, históricas o lingüísticas para definir una comunidad— está lejos de agotarse en una influencer apadrinada por Vox (Lluch) y dos diputados y dirigentes del partido que participan en un evento de la ultraderecha en defensa de la Europa “blanca” (De Meer y Quero).Estos discurso son también definitorios de Frontera, grupo de activistas nacido en 2025 que identifica como representante al propagandista Juan Cárdenas, con una comunidad digital de más de 35.000 seguidores a la que lanza el mensaje de que “el único racismo real es contra los blancos”. El mes pasado, Frontera celebró en Madrid una “conferencia sobre remigración” que sirvió para que se exhibieran representantes de al menos cinco grupos de esta creciente red extremista, entre ellos Alfonso Gonçalves, de Reconquista Portugal, uno de los organizadores de la cumbre de Oporto, que aprovechó su visita a España para mantener una reunión con Quero. Contribuyó a darle notoriedad a la conferencia la participación, sin ir en representación de ningún grupo, de Juan García-Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León por Vox, hoy alejado de Abascal.Un mensaje de Frontera en X —más de 17.000 seguidores— en la antesala del encuentro madrileño da pistas sobre su ideario. Consiste en dos fotos de niños en Inglaterra, una de 1966 en la que todos son blancos y una de 2026 en las que hay múltiples no blancos. Y un texto: “Inmigración es genocidio”. Solo con publicaciones de marzo, abril y mayo, puede sintetizarse la cosmovisión de Frontera, colectivo según el cual en Occidente los “blancos” son atacados y discriminados con la cobertura del “odio genocida” de la izquierda. Integrantes de Frontera han publicado una web con argumentos a favor de la “remigración”, entre ellos la necesidad de proteger la “diversidad de grupos étnicos”, en lo que puede interpretarse como una forma eufemística de oponerse a la mezcla étnica. La antropóloga Nuria Alabao señala que, en su campo, “etnia” se utiliza sin connotación negativa, pero que al emplearse como hace la ultraderecha para definir a los pueblos como comunidades “inmutables”, acaba funcionando como un sustituto de “raza” de aspecto más “culturalista”, pero con fondo similar. El esquema discursivo de Frontera se repite en otras organizaciones participantes en su conferencia. Como Reconquista España, grupo juvenil catalán que participó en una reciente manifestación por la “remigracion” en Tarragona. “La violencia antiblancos” es “el racismo del siglo XXI” es uno de sus mensajes. “Ahora solo puedes vivir entre blancos si eres rico”, ha difundido uno de sus referentes, Toni Estévez, en referencia a la supuesta llegada masiva de inmigrantes a los barrios obreros. A mensajes similares se suma Aquí la voz de Europa, que agrega expresiones insultantes: “Los panchos [latinoamericanos] son tan invasores como los moros y los negros”. La idea de que existe un racismo inverso culpa de las minorías, explica la antropóloga Alabao, imita un discurso extendido en el supremacismo blanco de EE UU, que denuncia una supuesta discriminación del histórico grupo dominante, presentado incluso bajo amenaza de “genocidio”. Narraciones como estas, añade la autora de Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas (Escritos Contextatarios, 2025), maridan fácilmente con “teorías de la conspiración”, como la del “gran reemplazo”.Jóvenes y extraparlamentariosFrontera también recibe el apoyo y promoción de Pablo González, referente de Revuelta, la organización juvenil vinculada en sus orígenes a Vox que estalló el año pasado en un conflicto por acusaciones de desvío de fondos para la dana, si bien la Fiscalía ha archivado una denuncia sobre este tema. Enfrentado ahora a la dirección de Vox, González es otro denunciante del “racismo antiblanco”, que protesta además por la “criminalización” de cualquier “apelación a los blancos”, mientras los “negros” sí pueden enaltecer a sus “ancestros”, todo ello según sus propias publicaciones en las redes, donde mantiene compartido este mensaje: “Si no eres negro, amarillo o marrón, no les interesas [a la izquierda]”. En respuesta por escrito, Revuelta reafirma que su rechazo a la inmigración va más allá de los argumentos que utiliza lo que llama la “derecha clásica”. “La nacionalidad representa un vínculo profundo con la tierra, la historia y la comunidad, transmitido a lo largo de generaciones”, señala el colectivo, que defiende que entre las “raíces fundacionales” de un pueblo está su “etnogrupo”.Ya fuera del cartel de Frontera, utilizan con toda contundencia apelaciones raciales partidos de la ultraderecha extraparlamentaria como el histórico Democracia Nacional o el reciente Núcleo Nacional. Más suave es la retórica de Roberto Vaquero, presidente del también extraparlamentario Frente Obrero. Tertuliano en Cuatro de programas de Iker Jiménez, el rastro en X de sus mensajes muestra una negación del “racismo” contra las minorías, una presentación de los “blancos” como víctimas y una ridiculización de quienes niegan que en el país se esté produciendo una “sustitución étnica”.Youssef M. Ouled, investigador especializado en discriminación racial, cree que también en este campo la ultraderecha está “rompiendo tabúes”, igual que ha hecho —dice el coautor de Vivir contra el racismo. Pogromos y violencia racial en España— con la negación del concepto de “violencia de género”. “Dentro de la batalla cultural de la ultraderecha por el sentido común, lo que antes estaba mal visto, hablar de etnia y raza, ahora se hace sin complejos”, añade el coordinador de AlgoRace, que investiga el uso racista de la inteligencia artificial, para quien ya de por sí propuestas como la de “remigración” implican racismo aunque se defiendan con argumentos “culturalistas, no biologicistas”.