"He escrito el libro no porque tuviera muchos recuerdos, sino porque empezaba a tener algunos olvidos"Poeta, novelista, tertuliano, columnista, dramaturgo, periodista, de repente actor y, claro, letrista de su amigo Joaquín Sabina. Madrileño del 61 ya por los 64, Benjamín Prado publica sus memorias "no porque tuviera muchos recuerdos, sino porque empezaba a tener algunos olvidos". Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) acumula tantas anécdotas, tantas amistades, tanta vida que podría pasar por un libro de ficción si el público no supiese, como sabe, de sus tratos con Rafael Alberti, Almudena Grandes, Gil de Biedma, Vargas Llosa, García Montero, Juan Marsé y tantos otros, incluidos los ilustres miembros del clan de Rota. Es un libro a ratos hilarante, aunque la alusión a "una enfermedad neurológica a día de hoy incurable" desató un vendaval de mimos y abrazos con aires de pésame, de ahí el titular de la entrevista. "Pero igual duro treinta años, ¡eh!".PublicidadHay tanto… ¿Qué falta?No tengo la sensación de haber dejado algo importante por contar, aunque he omitido cosas por educación, por respeto, por no herir a nadie o por ser excesivamente privadas. No solo cuento mi vida, sino la vida de un tío que tuvo la suerte de nacer y empezar a escribir en una época en la que estaba viva la generación del 27 entera, por lo que podías ser amigo de Rafael Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso; y la del 50, por lo que podías ser colega del alma de Juan Marsé, de Jaime Gil de Biedma o de Ángel González. Además, estaba en plena eclosión el boom latinoamericano: leías los libros de García Márquez, de Vargas Llosa o de Cortázar y luego, si tenías mucha suerte, cenabas con ellos. Eso ahora no hubiera podido ocurrir. En cambio, en aquella época el oficio más fácil del mundo era ser jurado del premio Cervantes, porque la duda era si se lo daban a Onetti o a Borges, a Vargas Llosa o a Alberti, a Gerardo Diego o a… Yo no tenía ningún precedente literario en mi familia ni nada que se le parezca, por lo que las posibilidades de que todo eso sucediese eran remotas para el hijo de un señor que trabajaba en un taller mecánico.Antes, su padre había sido escolta motorizado de Franco.Mi padre era asturiano, tenía muchos hermanos y la familia vivía de la agricultura y la ganadería en Freal, una aldea de Navia. Como no le gustaba eso, se vino a Madrid. Él no había visto una moto en su vida, pero se metió en ese extraño trabajo. Era un hombre guapísimo, de ojos verdes, alto, con el bigote facha de la época, vestido con el uniforme de escolta de Franco, botas altas de motorista y una Harley. Y, de repente, se le avería la moto en la puerta de la casa de mi madre, ella abre la ventana y aquí estoy yo.Ya es casualidad.Sí, porque estaba lloviendo, había un porche y se metió a cobijarse. El Funeralísimo, como le llamaba Alberti, estaba obsesionado por su seguridad y por no sufrir una emboscada. Entonces, si uno de los escoltas se caía o se le averiaba la moto, la orden era seguir y que él se buscara la vida por su cuenta. Y a mi padre le sucedió en Las Rozas.Cuando Las Rozas eran otras Rozas.Era un pueblo donde había cinco o seis coches, con casi todas las calles de arena, sin llaves en las puertas de las casas. Yo nunca tuve que salir a la calle con una moneda en el bolsillo. Entraba en una tienda y la dueña decía: "Apúntale al chico de Angelines un helado".PublicidadHay más fuerzas del orden entre los padres de sus amigos…Sí, el padre de Joaquín Sabina era policía y el de Luis García Montero, militar.No es raro encontrar a políticos o intelectuales de izquierdas procedentes de familias de policías, guardias civiles o militares.Quizás por eso son políticos de izquierda, o sea, por escaparse de aquello a lo que parecías predestinado y que no te gusta. Yo quería muchísimo a mi padre y le he echado mucho de menos, pero sus ideas no me gustaban, como es natural. Me llevaba muy bien con el padre de Luis García Montero, al que siempre llamaba mi general. Era como un segundo padre para mí y cuando iba a Granada, aunque no estuviera Luis, siempre me iba a comer a casa de don Luis y de Chiqui.De adolescente, conoció a Rafael Alberti de casualidad en un bar de Las Rozas, le comentó que Sobre los ángeles "no está mal" y se lo ganó diciéndole que le había encantado "el otro", Sermones y moradas. Entonces, Alberti lo invitó a un gin-tonic y durante quince años fueron amigos.¿Por qué? No lo sé. Es natural que me fascinara Alberti, porque era como una estrella del rock and roll y parecía un ser inverosímil. ¿Qué vio él en mí? No tengo ni la más remota idea. Tampoco sé qué vio aquel profesor que me dijo: "Tú tienes que escribir poesía". Imagino que la gente ve cosas en ti que no ves tú.PublicidadAlgo debería tener.El título de las memorias, Qué estoy haciendo aquí, viene por eso. No es normal que me hayan pasado tantas cosas, tener tantas relaciones, ni meterme en asuntos donde no veo a otros escritores, como una serie o una tertulia política. La gente sabe qué hago, pero no cómo he llegado ahí, algo que también me pregunto yo. Más que del qué, las memorias hablan del cómo: son la historia del camino."Almudena Grandes era una fuerza de la naturaleza"Usted admiraba a Alberti y Lorca, aunque conoció a otros tantos grandes poetas, desde José Hierro hasta... ¿Su obra es una losa?A Pepe Hierro lo conocí porque fui compañero de colegio de su hijo Joaquín. Un día fui a su casa y me dijo que su padre era poeta. Entonces, apareció Pepe con esa pinta que tenía de levantador de pesas de un circo y yo, acojonado, pensé: "¡Caramba con el poeta!". Otra casualidad.¿Pero no le pesaba su obra a la hora de crear? ¿Fue una losa?No, era combustible: una losa de madera que se podía partir en trocitos y echarla al fuego. De Alberti me quedé con su famoso consejo: "Niño, tú tómate siempre muy en serio tu obra y muy en broma a ti mismo". Estéticamente, tengo mucho más que ver con Jaime Gil de Biedma o con Ángel González. En todo caso, con buena parte de la gente de la que hablo en el libro he tenido relaciones casi familiares. Era gente mayor y los he llevado al médico, les he llenado la nevera, les he comprado ropa… Ahora bien, eso no significa que se me olvidara quiénes eran, pero uno puede llevarse bien al mismo tiempo con Joaquín y con Sabina, con Rafael y con Alberti, con Ángel y con González. Puedes verlo como un amigo y al mismo tiempo pensar que es uno de los grandes poetas del siglo XX.¿Nunca ha pensado en hacer amistades con personas más jóvenes, por aquello del relevo?Depende de dónde creas que está la juventud: en el DNI o en el talante. Me han preguntado: "¿Cómo podías ser tan amigo de Alberti con la diferencia de edad que había entre vosotros?". Y yo he respondido: "Tienes razón. Él era mucho más joven que yo". Infinitamente, ¿no? Por su capacidad de celebrar cada día como si fuera el último de su vida. Realmente era un tipo de un espíritu muy juvenil. Con ninguno de ellos me he aburrido ni un segundo.Me refería a una cuestión biológica.Eso nunca se sabe. Yo le decía a Almudena Grandes que cuando se extinguiese el mundo solo sobrevivirían Will Smith —como en sus películas— y ella, porque era una fuerza de la naturaleza, y mira… Pero sí, puede suceder que te vayas quedando sin amigos y luego tengas que escribir unas memorias.Almudena Grandes, "la jefa indiscutida del clan" de Rota.Tanto como clan… Ahí nos llevó Felipe Benítez Reyes. Cuando se conocieron Almudena y Luis García Montero, ella dijo que quería tener una casa en la playa, cuando Luis tenía tanta vocación de veraneante playero como yo de monja ursulina. Pero claro, ganó ella. Y luego Luis me llevó a mí, yo llevé a Joaquín Sabina, entre todos llevamos a Chus Visor y montamos una colonia muy divertida.PublicidadCuando conoció a Almudena Grandes, usted pedía una copa tras otra y no dejaba de hablar con ella y con García Montero, sin saber que en realidad ellos querían irse a dormir juntos.Fue en Sitges, en un encuentro de escritores. Yo trabajaba en Diario 16 y me habían mandado Malena es un nombre de tango, que era un libro de mucha paginación.El ladrillo.Porque yo le había dicho a alguien de la editorial respecto a sus 600 páginas: "Joder, esto es un ladrillo". Y cuando estaba cenando en Sitges, se acercó por detrás y me dijo: "Conque un ladrillo, ¿eh?". Nos caímos bien instantáneamente. Almudena tenía una personalidad absolutamente arrolladora. Cuando ella apareció, en diez minutos ya se convirtió en el eje del grupo, espumadera en mano. Era una tía increíble, con una gran fuerza y vitalidad."Joaquín Sabina es un escritor con banda""No sólo entró como un ciclón en la vida de Luis, también en la de todos nosotros".Como un elefante en una cacharrería, cuando no era fácil hacerse un hueco en un grupo con personalidades tan fuertes que se conocían desde mucho tiempo atrás.PublicidadCuando entrevistó por primera vez a Camilo José Cela por El asesinato del perdedor, lo recibió en su hotel en calzoncillos de rayas blancas y rojas, mientras le hacían la pedicura.Sin embargo, no calculó quién lo iba a entrevistar. Porque si lo que quería era impactarme, yo aparecí con el pelo teñido de rubio, un anillo en la oreja, los ojos pintados de negro y unas botas con la punta de plata: se había equivocado de periodista [risas]. Era un tío contradictorio, pero conmigo se portó bien.Y con Ana María Matute.Si hablabas mal de Cela delante de ella, sacaba las uñas. El bestia del marido le pegaba y, cuando se separó, le quitaron al hijo y no tenía dinero. En el franquismo eras una apestada social, pero Cela se enteró, viajó a Barcelona, pagó sus deudas en todas las tiendas de su barrio y la invitó a Palma. Como decía, era un tío contradictorio, porque luego se ofrecía como delator de sus amigos.Ana María Matute mataría por Cela y usted casi se pega con Joaquín Sabina por un adjetivo. La canción del desencuentro fue Sin pena ni gloria, incluida en el disco Lo niego todo.Joaquín Sabina es un escritor con banda. Tiene mucho más que ver con el mundo de la escritura que con el de la composición. Entonces, las discusiones con él son literarias. Cuando nos peleamos por esa canción, lo solucionamos, con la mediación de Leiva, escribiendo otra de madrugada. A Por delicadeza se le nota el horario, el tabaco, las copas, la madrugada… Se le nota todo. Es la que más me gusta de todas las que hemos hecho juntos. Y me encanta que de una pelea literaria saliéramos todavía más hermanos de lo que ya somos, lo cual tiene su mérito.La enfermedad recorre el libro, de Jaime Gil de Biedma a Javier Marías. Incluso menciona que Luz López Alegre padecía alzhéimer, lo que llevaba a su marido, Mario Benedetti, a llevar consigo su pasaporte para tranquilizarla cuando no la reconocía.Pues no lo había pensado, pero posiblemente sea un hilo vertebral del libro, inevitable.Publicidad"La literatura no consiste en contar historias sino en saberlas contar"Hasta menciona "la enfermedad mental del socialismo" y la necesidad de "separar el grano de la paja" que teorizó el psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, o sea, "quitarle sus hijos a las personas de izquierdas para que estas no les transmitiesen su ideología".Pues cuando publiqué la novela Mala gente que camina hubo gente que decía que me lo estaba inventando. Parece un disparate, pero pasó.En realidad, cuenta eso en el libro para explicar que las peripecias del profesor Juan Urbano parten de "un asunto que se me quedó grabado". Y la chispa de Mala gente que camina fue un documental sobre los niños robados en España.Yo creo que las novelas no hay que ir a buscarlas, tienen que estar ahí. Algo que ya te gustaba, te obsesionaba, se te quedó en la cabeza y que, por tanto, es susceptible de dar forma a una novela de Juan Urbano. ¿Qué tiene que pasar? Pues algo que prenda la mecha. En todo caso, la historia está muy bien, pero la literatura no consiste en contar historias, consiste en saber contarlas.Su autobiografía es una forma de "poner a salvo los recuerdos" y de aceptar que "ya se trata más de resistir que de existir".He escrito el libro no porque tuviera muchos recuerdos, sino porque empezaba a tener algunos olvidos.PublicidadTambién suena a despedida: "No sé bien si nos estoy diciendo adiós a ustedes y a mí mismo".Pues no lo sé. Cuando uno tiene, como yo, una enfermedad degenerativa e incurable, no sabes exactamente qué puede pasar. No sé si voy a estar aquí el año que viene o el siguiente. Está fuera de mi alcance y hasta del alcance del médico, porque en el párkinson no existe un parkinsonómetro, sino que los síntomas van indicando el estado. Yo de momento estoy muy bien. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Pero bueno, eso está ahí. Tienes una cruz ya en la puerta."He escrito el libro no porque tuviera muchos recuerdos, sino porque empezaba a tener algunos olvidos"En las memorias, no le puso nombre a "una enfermedad neurológica a día de hoy incurable".Ni se lo hubiera puesto nunca, pero salió en una entrevista y de repente empezaron a llegar decenas de mensajes, muy cariñosos, aunque todos de pésame. La gente me paraba por la calle y me decía: "No te mueras, no te mueras". Con lo supersticioso que soy, ni te cuento. O sea, tengo un poco la sensación de haber asistido a mi propio entierro. Pero igual duro treinta años, ¡eh!Aunque luego dijo que tenía párkinson en el programa de Carles Francino.Ni lo había dicho antes ni pregunto a los demás. El drama de la enfermedad le lleva la contraria al tono del libro, porque yo quería escribir un libro divertido. Sin embargo, ahora voy a muchos sitios y la primera pregunta, en voz bajita, es: "¿Cómo estás?". Que es un libro divertido, coño, no un libro funerario. Si ha ocurrido así, pues será porque era necesario que ocurriera así. He recibido tanto cariño, tanto amparo y tanto consuelo que ha sido muy emocionante. Y muy desolador, porque no es muy agradable estar cuatro días recibiendo llamadas de condolencia. Pero también mucho amor, la verdad.Siempre dice que empezó a hacer determinadas cosas "por casualidad". Por ejemplo, de tertuliano: desde Más vale tarde hasta laSexta Xplica. ¿Su pluriempleo no ha respondido a una necesidad económica?Por supuesto. Cuando me llaman "artista multidisciplinar", digo que soy un pluriempleado, que es más nuestro, más español. Tengo cuatro hijos y debo cubrir nuestras necesidades económicas, pero disfruto mucho con todo lo que hago. Por muy cansado que esté, también estoy agradecido. Me tratan muy bien en todas partes y me siento muy querido y respetado.PublicidadCuando lo llamó Rodrigo Sorogoyen, rechazó su oferta porque estaba terminando la novela El anillo del general y no tenía tiempo para escribir un guion, pero él se rio y le respondió que lo quería como actor.Me quedé impresionado y todavía desconozco por qué pensó en mí. Y ahora vengo de rodar en Barcelona la segunda parte de El otro lado, de Berto Romero. La primera me encantó. Es una mezcla de terror, parapsicología y humor que está muy bien.¿De qué se siente más orgulloso?En general, de todo. No me siento ni orgulloso ni culpable, me siento bien. Profesionalmente, pagaría por hacer mi trabajo. Y he tenido experiencias maravillosas, como las que reflejo en el libro. No me puedo quejar, la verdad. Soy lo que soñé ser.