Actualizado 30/05/2026 - 14:55h.
Con la rosa por testigo, con el puño por decreto, se paseaba muy feliz nuestro pana Zapatero, poniendo su dedo índice, cual acento circunflejo, sobre la ceja famosa que conquistó al artisteo. Así marchó a Venezuela, con oculto afán de medro, diciendo que lo hacía ... para vigilar los yerros del despótico Maduro y evitar sus atropellos. «Vengo a traer la concordia», clama el fingidor sin precio, mientras urde las contratas de su próspero comercio. «Vengo a librar los cautivos de cárcel y tentetieso, y a mostrar a los tiranos el camino del progreso». ¡Cuán heroico redentor y cuán generoso empeño, que predica libertades mientras se embolsa el dinero! Pronto empezó el murmullo en todos los mentideros, que no buscaba justicia, sino el oro caraqueño, los favores de la Delcy, de Maduro los festejos, las maletas que transportan metal de rubio destello. ¡Buen maestro de la farsa se ha probado Zapatero!
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