Benjamín Prado es un hombre tan risueño, conversador y disfrutón que cuesta leerle confesar que está asustado, que ya está en una “cuenta atrás”. Pero es lo que desvela en sus memorias, Qué estoy haciendo aquí, que Alfaguara publicará la próxima semana, en las que recorre su vida y nos confiesa que padece “una enfermedad neurológica hoy incurable” que prefiere no detallar. El escritor madrileño de 64 años, también poeta, letrista, dramaturgo y hasta actor por accidente repasa una vida de grandes amistades, lecturas y una brújula siempre activada para probar y avanzar. Charlamos en el festival Barbitania, en Barbastro (Huesca).Pregunta. Cuenta que un día le llamó Sorogoyen, le propuso actuar y dijo que sí. ¿Qué supuso?Respuesta. La confirmación de que soy un tipo que siempre se está probando camisas de once varas y que le quedan bien. Yo pensé que estaba de broma o que quería un guion. Y cuando me dijo que era para actuar respondí que no, pero luego pensé: “¿Por qué no? Algo distinto, nuevo, prueba y ya está“. Lo que hago siempre, meter la cuchara en los platos de los demás, que es mi trabajo.P. ¿Se hizo poeta por orden de un profesor, como cuenta?R. Fue así, ese profesor vio algo en mí y me dijo: “Tú vas a escribir poesía. Vete a comprar Sobre los ángeles de Alberti y Poeta en Nueva York de Lorca”. Y así fue. ¿Qué vio en mí? Ni idea. ¿Qué vio Alberti cuando se hizo mi amigo? Ni idea.P. Al poeta le conoció por casualidad y se hicieron íntimos.R. Mi padre me mandó al bar de la esquina y allí le vi. Alberti tenía manía a su libro Sobre los ángeles por ser su obra maestra y cuando me lo encontré y le dije que lo había leído se puso a la defensiva: ¿Te ha gustado?, preguntó. Y yo, con la arrogancia de los 17 años, le dije: “No está mal, pero me ha gustado más Sermones y moradas”. Y me dijo: “¿Cuántos años tienes?" “17″. “Venga, te invito a un gin tonic”. Y así empezamos una amistad de 15 años.P. ¿Todo lo que pone en sus memorias es verdad?R. “Todo” es una palabra demasiado grande, pero esto sí es verdad (ríe).P. Su padre era escolta motorizada de Franco.R. Sí, sí, era el más guapo del mundo, una especie de Clark Gable con los ojos verdes, bigote facha de la época, uniforme de jinete y una Harley. Un día que se le rompió la moto mi madre se asomó, le vio y aquí estoy yo. Luego montó un taller mecánico y de eso vivimos siempre.P. Poeta, escritor, periodista, letrista con Joaquín Sabina... ¿Qué es usted?R. Básicamente un farsante que se mete en la vida de los demás (ríe) y hace cosas que parecen más de ellos que tuyas. Lo más divertido de la vida son los disfraces, no lo que somos sino lo que aparentamos, nadie disfrazado se lo está pasando mal si es por gusto. He aprendido muchas cosas, he tenido la suerte de nacer en una generación en la que estaba viva la del 27, la del 36, la del 50… Uno leía fascinado a Alberti y se iba a comer con él. Leía fascinado a Gerardo Diego o Luis Rosales y se iba a hacerles una entrevista. Jaime Gil de Biedma, Ángel González y otros han sido como de la familia a la vez que mitos literarios. Las amistades bonitas empiezan en los bares, así conocí a Rafael, a Sabina, a Luis García Montero… Han pasado 40 años de todo eso y mis amigos, salvo los que se han muerto, siguen siendo Luis, Joaquín, Chus Visor… los mismos.P. Ha querido convertir el rocanrol en poesía y la poesía en rocanrol.R. Sí. Me fascinó ver a Allen Ginsberg haciendo una lectura de poemas, era lo más cerca que yo había estado de Bob Dylan, mi héroe, que da nombre a mi hija, y dije: quiero hacer esto, llevar la poesía a otros sitios. Así empecé a hacer giras de 50 o 60 conciertos con Coque Malla, Leiva, Pereza… Al poema le da mucha potencia tener detrás una banda o un músico. La gente no sabe muy bien a lo que va ni lo que ha visto, es un terreno muy bueno para la sorpresa, pero se quedan con una idea, con un verso.P. Las guerras entre poetas son cruentas. ¿Se ha sentido en guerra?R. Yo siempre me he definido como desertor de los dos ejércitos. A mí no me importa el estilo o tendencia en que está escrito un poema sino lo que me diga, lo que me conmueva. Yo moriré con la lista negra en blanco, no tengo lista negra. Yo he seguido una línea parecida al realismo, pero no he abandonado la parte irracionalista, la parte de Poeta en Nueva York, Sobre los ángeles. Esos dos primeros libros son como mis dos primeras novias y siempre están en mi cabeza, junto con las Odas elementales de Neruda, como satélites dándome vueltas alrededor.P. ¿La exposición pública beneficia o perjudica a un autor?R. Nada perjudica a un poema o una novela. El autor es lo de menos. La exposición pública ni te mejora ni empeora como escritor. Ha habido casos de grandes como Terenci Moix que escribió El día que murió Marilyn, una maravilla, una novela como cualquier libro de Marsé, y decidió hacer otro tipo de novelas para tener mucho éxito y seguir la teoría de Manuel Lombardero de que “vender libros a los que leen es una ruina, hay que vender a los que no leen”. Yo prefiero vendérselos a quienes leen y si hay nuevos, genial.P. ¿Por qué tantas supersticiones? Solo escribe en verde, por ejemplo, y con boli regalado.R. Ni idea, mi padre me decía que era idiota y probablemente tenía razón. Todo tiene que ser impar, como el volumen de la televisión, los cordones de los zapatos rectos, no puedo llevar el dinero mirando hacia atrás, no puedo pisar hierro, voy saltando alcantarillas, no paso bajo un andamio y un día me va a matar un autobús en la Gran Vía. Y además voy sumando TOCS. Es horroroso. No lo he tratado porque tampoco hago daño a nadie.P. Revela que ha empezado la cuenta atrás por su enfermedad neurológica. ¿Qué significa esto?R. Para un cobarde como yo significa mucho miedo, mucha melancolía porque tengo casi más muertos que vivos en la agenda. Echo mucho de menos a mucha gente. Para qué voy a ir a Barcelona, por ejemplo, si Gil de Biedma, Juan Marsé o Joan Margarit se han muerto y Vila Matas ya no bebe. Y así en muchos sitios. Yo soy muy cobarde, le tengo mucho miedo a la muerte, a desaparecer, a dejar de ver a mis hijos. Tengo mucho miedo. Tengo 64 años y una salud regulinchis así que no sé yo.P. ¿Y cómo está?R. Fingiendo que estoy mejor de lo que estoy. De momento estoy en el estado en el que aún se puede fingir, hacer un poco de teatro.P. ¿Esto le ha cambiado tus prioridades? ¿Por eso ha escrito sus memorias?R. En parte sí. Estaba empezando a olvidar muchas cosas, nombres, situaciones. Tenía el proyecto de hacer mis diez novelas de Juan Urbano, llevo siete y he metido esto por el medio no sea que se me olvide todo por el camino. Los proyectos largos son una temeridad a partir de los 50 porque nunca sabes lo que te puede pasar.P. Como a su amiga Almudena Grandes.R. A Almudena yo siempre le decía: “Almudena el día que el mundo se acabe quedaréis Will Smith, que es el que queda en todas las pelis, y tú, que eres una fuerza de la naturaleza”. Y mira.P. Al final del libro dice que no le han salido bien sus relaciones de pareja.R. Me han salido fatal.P. ¿Ha fallado usted, la suerte?R. Esto siempre es empate, a 5 o a 0, pero empate. Cuando las cosas no funcionan será que ninguno de los dos lo ha hecho bien, pero a lo mejor es que soy excesivamente exigente y mi idea del amor se parece a esa canción de Sabina que dice: “Yo no quiero un amor civilizado”. No lo sé. No ha funcionado. La convivencia es complicada, dicen que el roce hace el cariño, pero yo creo que el roce lo que hace es rozaduras, como los zapatos y es difícil que dos personas llenas de manías y principios inamovibles terminen por entenderse.P. ¿Se da por rendido?R. No lo sé, también los hijos ocupan mucho espacio a la hora de pensar en amores de pareja, pero uno de los errores que cometemos es pensar que podemos elegir las cosas. Como creo que dice mi autobiografía entera, las cosas me han ido eligiendo a mí. A lo mejor he estado listo para cogerlas, pero con la vida pasa igual: pasan cosas, aparece gente, otra desaparece, otra te decepciona, te traiciona, otra siempre es leal, otra te sorprende, pensabas que ahí no había nada y ahí está todo. Pero es muy difícil encontrar a alguien que te entienda y a quien entiendas. Un cantaor flamenco decía: “a mi mujer la quise tantos años que acabé enamorado de ella”.P. Se declara superviviente de un mundo extinguido y que además no le interesa. R. Nosotros pertenecíamos al mundo del nosotros y ahora estamos en el mundo del yo, cada uno está a lo suyo, las noticias empiezan a ser un poco a la carta, la gente no quiere ver cosas desagradables. Hay una guerra terrorífica en Irán y lo que nos preocupa es la gasolina. Los muertos, la libertad de las mujeres o restaurar la democracia nos da igual, qué suerte tienen los americanos que cada vez que quieren restaurar la democracia encuentran petróleo. La solidaridad está desaparecida. Y en el mundo literario tengo la sensación de que somos los últimos que creemos que la literatura era un viaje del pasado a nosotros. Ahora estamos en la cultura de alrededor, cada uno quiere parecerse al que tiene éxito en su momento. La literatura es lo único que ha sobrevivido a lo digital y sin embargo lo desaprovechamos para convertirla en un apéndice de las redes en donde no sabemos si somos los peces o los pescadores (ríe). No se sabe.
Benjamín Prado: “Aún puedo fingir que estoy mejor de lo que estoy”
El escritor publica memorias mientras afronta la cuenta atrás de “una enfermedad neurológica incurable”







