Con una columnata rosa y amarilla, palmeras de pie y estética de postal caribeña, hay estos días una vivienda más cotizada que un piso con piscina en Madrid. Es la ‘Casita’ de Bad Bunny, la recreación de una vivienda tradicional puertorriqueña convertida en escenario complementario durante sus conciertos de la gira ‘Debí tirar más fotos’. Si lo piensas bien la ‘Casita’ funciona como una metáfora bastante precisa de la situación de la vivienda en España porque a ella acceden de forma preferente y sin dificultad ricos, famosos e influencers. Incluso hemos visto por allí a la presidenta de Inditex, Marta Ortega. Aunque en su caso lo verdaderamente sorprendente es que no fuese la propietaria del inmueble y solo la invitada.

Pero, al parecer, a la ‘Casita’ también pueden acceder algunos mortales escogidos por un chico con gorra que aparece de vez en cuando por el recinto dando paseos. Su misión consiste en rastrear entre el público y seleccionar a varias privilegiadas para subirlas a ese escenario complementario. Y digo varias, en femenino, porque las agraciadas suelen ser chicas jóvenes y atractivas. Como estrategia de marketing es impecable —de hecho, aquí estoy yo escribiendo sobre ello—. Como recordatorio de que la cosificación femenina sigue integrada en el entretenimiento contemporáneo, también.