Tres fechas del calendario de los primeros cinco meses de 2026 ilustran el renovado intervencionismo de EEUU en América Latina: el 3 de enero, la tropa de élite estadounidense Delta Force irrumpe en Caracas y secuestra a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. El 3 de marzo, helicópteros militares ecuatorianos, apoyados por el ejército estadounidense, incendian supuestos refugios de narcotraficantes en la provincia de Sucumbíos, cerca de Colombia. “Sí, estamos bombardeando a los narcoterroristas en tierra también”, declaró entonces Pete Hegseth, secretario de Defensa de EEUU. El 30 de abril, el presidente argentino, Javier Milei, aterrizó en el portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz para participar en ejercicios navales conjuntos con EEUU en Mar del Plata. Unos días antes había autorizado la presencia de militares estadounidenses en territorio nacional para el ejercicio Daga Atlántica.

El goteo de intervenciones militares estadounidenses en territorio latinoamericano ocurre bajo el marco del Escudo de las Américas, una nueva coalición militar lanzada el 7 marzo en el campo de golf Trump National Doral Miami para combatir el narcotráfico y la inmigración ilegal. 12 gobiernos nacionales alineados con Donald Trump ya se han unido al Escudo de las Américas, entre ellos Argentina, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Paraguay y Costa Rica, país históricamente neutral, sin ejército, donde se ha abierto el debate sobre bases militares estadounidenses en su territorio.