Música, cánticos reivindicativos, alguna lágrima propia o ajena y un pasillo humano que la acompañó hasta casa. Aunque también estaba previsto, finalmente no hubo acampada: al menos al día siguiente aún no habría nada que temer. Contra todo pronóstico, así ha terminado la marcha multitudinaria convocada esta tarde en apoyo a Maricarmen, la vecina de 87 años que aún resiste a los intentos de un fondo para desahuciarla de su hogar en la calle Alcalde Sainz de Baranda, en pleno centro de Madrid. Su familia firmó el contrato de arrendamiento en 1956, un conflicto legal con este modelo de renta antigua permitió que Urbagestión se hiciera con la propiedad y amagara con expulsarla, primero en octubre y luego este miércoles.
El desalojo se ha frenado a última hora, pero eso no ha impedido que cientos de personas salgan a la calle para defender su derecho a la vivienda. “Esto no es una victoria: sabemos que lo hacen para desmovilizar a los vecinos y que no vayamos a apoyarla en el siguiente intento”, señalan desde la manifestación fuentes del Sindicato de Inquilinas de Madrid, que había convocado la protesta y programado una acampada nocturna frente a la casa de Maricarmen, en aras de impedir su desalojo a la mañana siguiente. Pero la cita se ha pospuesto hasta dentro de tres semanas.











