Serendipia
Trasplantes
Ser�an clones concebidos como reserva de �rganos o como cuerpos a los que trasplantar el cerebro para seguir viviendo en ellosUn fotograma de 'La noche de los muertos vivientes' (1968).EL MUNDOActualizado Lunes,
junio
23:00Audio generado con IAPerdido �sin una gota de agua� en el californiano Valle de la Muerte, encadenado a un hombre al que acaba de matar por un saco de dinero, �se qued� mirando est�pidamente a su alrededor�, incapaz de asimilar lo que le estaba ocurriendo. As� concluye McTeague, la c�lebre novela de Frank Norris llamada como su avaro y malogrado protagonista; aunque, en realidad, el calificativo que m�s veces le dedica Norris es �est�pido�. El mismo a�o en que se public�, 1899, se fundaba la revista cient�fica MIT Technology Review, a�n en activo.Una de las informaciones m�s extra�as de su larga historia apareci� hace unas semanas: Dentro de la startup sigilosa que propuso clones humanos sin cerebro. �Sigilosa� no es una forma de hablar: la revista asegura haber descubierto los planes internos de un proyecto que la startup californiana R3 pretend�a mantener en secreto. �Su objetivo? Desarrollar cuerpos humanos carentes de conciencia.Los supuestos zombis ser�an copias gen�ticas de personas, concebidas como reserva de �rganos y, en �ltima instancia, como nuevos cuerpos a los que trasplantar el cerebro para seguir viviendo en ellos. Es, b�sicamente, el argumento de La isla (2005) y otras ficciones que nunca acaban bien.En el sistema cient�fico que fructific� en el siglo XX, y que ha tra�do la mayor parte de los avances que disfrutamos, la propuesta generar�a un amplio rechazo. Pero hoy la especulaci�n es un reclamo para atraer finanzas: �No hay l�mite para la imaginaci�n humana y las formas de hacer dinero, pero tiene que haber l�mites�, advierte Jos� Cibelli, pionero de la clonaci�n terap�utica, a MIT Technology Review.R3 ha negado querer clonar humanos, aunque s� ha anunciado que pretende crear �sacos de �rganos� a partir de c�lulas de mono. En todo caso, son ideas que proliferan en Silicon Valley. Primero se superan l�mites; despu�s, la vida eterna. Como en las obras pioneras de la ciencia ficci�n, desde Frankenstein (1816) hasta La m�quina del tiempo (1895), los deseos m�s ambiciosos quedan al margen del escrutinio p�blico y de est�ndares �ticos compartidos.Todo ello, en un pa�s que ha restringido el derecho al aborto tras cinco d�cadas en vigor. Una forma de entender la paradoja es decir que en EEUU conviven dos culturas muy distintas, una anclada en la tradici�n y otra proyectada hacia el futuro. Pero sabemos desde McTeague que la abstracci�n m�s prometedora -un gran saco de dinero en el desierto- y la carencia m�s absoluta -ni una gota de agua- son dos caras de la misma moneda.










