Bucear entre tiburones, realizar paracaidismo, surfear olas grandes en playas remotas o bañarse con elefantes. Lo que hace unos años podía considerarse una actividad dirigida para unos pocos hoy forma parte de millones de viajes. La aventura se ha normalizado como parte del ocio vacacional y, con ello, también han aumentado los riesgos, los rescates y los problemas para turistas, como ha ocurrido en los últimos meses en Maldivas, Tailandia o la India, y que pueden suponer costes de hasta 150.000 euros.Según un estudio de la Adventure Travel Trade Association (ATTA), las motivaciones de los viajeros han cambiado en los últimos años. Frente al antiguo modelo de vacaciones de "flop and drop" —viajes centrados en descansar en un hotel o en la playa—, los turistas buscan ahora experiencias activas, auténticas y memorables. "El viajero quiere volver con historias que contar", resume el informe. A nivel global, el porcentaje de viajeros considerados "abiertos a la aventura" alcanza el 67%."La gran mayoría de los viajes de aventura no son extremos en absoluto: incluyen senderismo, ciclismo, kayak, observación de fauna o inmersión cultural en lugares remotos", explica Gustavo Timo, presidente de ATTA. A su juicio, el problema surge cuando determinadas experiencias "se comercializan como emocionantes sin contar con la infraestructura de seguridad necesaria" para respaldarlas. "Esa brecha es donde se producen la mayoría de los incidentes".Los cambios de tendencia también se reflejan en España. "Los clientes buscan experiencias, y cada vez más. Antes se viajaba para conocer destinos y, ahora, muchas personas viajan alrededor de la actividad que se quiere realizar", explica a 20minutos Carlos Garrido, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV). "Los viajeros elijen las vacaciones en función de si desean una experiencia concreta, por ejemplo, si alguien quiere practicar un deporte acuático va a un destino que sea conocido por la actividad en cuestión", añade.Garrido reconoce que las redes sociales han acelerado todavía más ese fenómeno, sobre todo plataformas como Instagram o TikTok, que tienen "un efecto llamada" sobre determinadas actividades. "Antes la inspiración venía del boca a boca o de las fotos de un amigo. Pero, en estos tiempos, los usuarios ven constantemente experiencias diferentes protagonizadas por otras personas en internet y quieren vivirlas también", señala.Para el presidente de ATTA, las redes también han generado una "cultura del clip" en la que la imagen viral pesa más que el contexto. "Un espectacular salto desde un acantilado o una fotografía muy cercana a un animal salvaje consigue miles de compartidos; en cambio, la charla de seguridad, el guía certificado y los años de experiencia del operador local no reciben ninguna atención", señala Timo. "El resultado es que una parte de los viajeros llega a estas experiencias con expectativas poco realistas, una preparación insuficiente y, lo que es más importante, sin ningún criterio para evaluar si el operador que han contratado a través de un vídeo viral cumple algún estándar profesional", asevera.Los viajeros subestiman los riesgosSin embargo, ahí reside una de las principales preocupaciones de las aseguradoras: muchas actividades se perciben como simples extensiones de ocio y no como experiencias que pueden implicar cierto peligro. Un estudio elaborado por Heymondo y YouGov revela que el 42% de los españoles que no contratan seguro de viaje lo hacen porque consideran que "no es necesario". "En general se tiende a infravalorar el riesgo, sobre todo cuando la actividad se percibe como parte normal de unas vacaciones", explican desde Intermundial. El buceo, el surf, un paseo en barco, una ruta en moto o una actividad con animales... son actividades que en ocasiones se contratan en destino. "Cuando estamos de vacaciones bajamos la guardia. Confiamos en que, si una excursión se ofrece en un hotel, una agencia local o una plataforma turística, todo está suficientemente controlado. Y puede estarlo, pero eso no elimina el riesgo físico ni el posible coste sanitario si ocurre algo", apunta la aseguradora.Los datos de UNESPA, la patronal del seguro, reflejan el alcance de estos incidentes. Según un análisis realizado a partir de más de 126.000 percances atendidos entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, más de la mitad de las asistencias gestionadas por aseguradoras (51,3%) estuvieron relacionadas con enfermedades u hospitalizaciones, mientras que uno de cada cinco siniestros correspondió a accidentes (20%). Según el estudio de la asociación, el coste medio de los percances sanitarios asciende a 426 euros, aunque las cifras se disparan en determinados destinos. De hecho, los seguros llegaron a asumir gastos médicos de hasta 52.000 euros en EEUU, 42.000 en Chile o 38.000 en México. Incluso en países cercanos como Italia se registraron incidencias médicas superiores a los 21.000 euros. Las repatriaciones, aunque representan apenas el 1,8% de los percances atendidos por las aseguradoras, pueden convertirse en uno de los contratiempos más costosos en el extranjero. Traer de vuelta a España a un viajero cuesta de media 582 euros, pero la factura varía en función del destino y de las circunstancias. Según UNESPA, algunos retornos desde países como Tailandia o Túnez han superado los 30.000 euros.A ello se suman los gastos derivados de lesiones que requieren hospitalización o un traslado sanitario. Desde Intermundial explican que "una fractura simple de tibia con ingreso hospitalario y vuelo de regreso puede alcanzar los 45.000 euros". "En lesiones más complejas, como una fractura de cadera con cirugía y repatriación, los costes pueden situarse entre 50.000 y 150.000 euros", aseguran las fuentes. Los incidentes ocurridos en destinos remotos o insulares suelen complicar todavía más la situación. "No siempre basta con acudir al hospital más cercano. A veces es necesario evacuar al viajero a otra isla, a otro país o a un centro con medios adecuado", explican desde la aseguradora. El problema, según el sector, es que muchos turistas siguen contratando seguros insuficientes o inadecuados para el tipo de viaje que realizan.Elegir el seguro según la actividad"Uno de los errores más habituales es contratar el seguro pensando solo en el destino y no en lo que realmente se va a hacer durante el viaje", apunta Intermundial. "No es lo mismo viajar a Tailandia para visitar ciudades que hacerlo incluyendo buceo, rutas en moto, excursiones en zonas remotas o actividades con animales", asevera. Así, recuerda que no todas las pólizas cubren lo mismo y que algunas incluyen límites de profundidad, altitud o exclusiones para determinados deportes.El presidente de CEAV coincide en que muchos problemas aparecen cuando el viajero organiza el viaje por su cuenta y opta por el seguro más económico, el cual puede quedarse corto. "Es fundamentar elegir el seguro más apropiado según el destino y la actividad que se vaya a hacer. Pero quien reserva por libre muchas veces va al más barato y no se lee la letra pequeña", sostiene. Tampoco es necesario contratar 'el más completo' por sistema, sino el que encaje con las características del viaje.Para evitar sorpresas, los expertos recomiendan comprobar si todas las actividades están cubiertas en el seguro. "Hay viajeros que piensan que 'deportes de aventura' es una categoría genérica, pero las pólizas suelen distinguir entre trekking, surf, buceo, escalada, parapente, safari, rutas en quad, actividades acuáticas, etc", señalan desde Intermundial. En este sentido, las coberturas pueden variar e incluir límites de altura, profundidad o tipo de actividad.Asimismo, conviene revisar los límites económicos y qué prestaciones incluye la póliza: asistencia médica, búsqueda y rescate, traslado sanitario, repatriación, responsabilidad civil o daños y pérdida del equipo deportivo. "En deportes acuáticos, por ejemplo, conviene revisar si se incluye cámara hiperbárica, algo especialmente relevante en buceo", añade la aseguradora. También resulta importante comprobar aspectos como la asistencia 24 horas, la posibilidad de recibir atención médica sin adelantar pagos o la coordinación de la asistencia en destino.Las consecuencias de no hacerlo pueden ser importantes. "Si la actividad o modalidad está excluida, la aseguradora puede rechazar los gastos derivados del percance. Y entonces el viajero tendría que asumir asistencia médica, hospitalización, rescates o repatriaciones de su bolsillo", advierten las fuentes.Además del seguro, ATTA recomienda fijarse en otros indicadores básicos de seguridad antes de contratar una excursión: que el operador realice una charla previa de seguridad, disponga de protocolos de emergencia claros, cuente con equipos bien mantenidos y trabaje con grupos reducidos. "Si esta explicación parece superficial o se omite, es una señal de alerta", advierte Timo.¿Quién responde si ocurre un incidente?La protección del viajero depende de cómo haya contratado la actividad. El presidente de ATTA recuerda que cuando una agencia comercializa una excursión está respaldando implícitamente al operador que la organiza. "Un viajero que reserva una inmersión de buceo a través de una agencia reputada asume razonablemente que esta ha realizado algún tipo de comprobación previa", señala.A juicio del experto, las empresas deberían verificar aspectos como las certificaciones de seguridad, la formación del personal, los protocolos de emergencia o la cobertura de seguros de los proveedores con los que trabajan. "Si la agencia no ha comprobado los estándares de seguridad del operador, está trasladando un riesgo al cliente sin que este tenga forma de saber que esa verificación no se ha realizado", advierte.Desde CEAV, su presidente añade además que, en España, la protección del consumidor en estos casos viene reglada. La Ley de Viajes Combinados obliga a la agencia u organizador a responder frente al cliente por los servicios incluidos en el viaje, aunque la actividad sea prestada por una empresa local en el extranjero.
El turismo de experiencias impulsa las actividades de riesgo: "El gasto médico y de repatriación puede llegar a 150.000 euros"
Los expertos señalan que muchos turistas infravaloran el peligro y contratan seguros que no siempre se adaptan a las características del viaje.
El 67% de viajeros busca experiencias aventureras; gap infraestructura-demanda genera costos hasta 150.000 euros en repatriación. Para stack tech: oportunidad risk assessment SaaS, vetting operadores, insurance integration. Infravaloración de riesgo (42% sin seguro) indica ineficiencia del mercado.











