El primogénito de Isak Andic, investigado por el presunto homicidio de su padre, fía la misión de revertir el relato a un investigador privado de la defensa
Los abogados expertos en juicios con jurado popular saben que, en casos mediáticos, la vista oral no empieza cuando el magistrado abre la sesión y los nueve ciudadanos toman asiento y escudriñan cara a cara, por primera vez, al acusado; empieza mucho antes. Las personas que estos días leen, escuchan y ven las noticias en torno a la investigación por la muerte del fundador de Mango, Isak Andic, son miembros potenciales del tribunal del jurado que, en un futuro más o menos cercano —si la defensa no consigue archivar antes el proceso—, acabará decidiendo si murió de forma accidental o víctima de un homicidio perpetrado por su primogénito, Jonathan Andic. Por eso es importante, tanto para la acusación como para la defensa, que ciertas ideas se instalen con fuerza en el imaginario de esos posibles jurados que enfrentarán la deliberación.
Tras ser detenido, puesto a disposición judicial y finalmente liberado tras el pago de una fianza de un millón, Jonathan Andic y su equipo se han lanzado esta semana al ataque. Primero, con una carta pública en la que el primogénito anunciaba su adiós a la vicepresidencia de Mango al tiempo que clamaba por su inocencia y lamentaba la “visión parcial, descontextualizada y tergiversada” de los hechos que había generado una “percepción de culpabilidad”. Al margen de ese gesto, el investigado ha fiado la misión de dar la batalla de la opinión pública al investigador privado Paco Marco, que ha liderado los informes periciales de la defensa.












