Los expertos apuntan a las primeras señales de un cambio de signo, aunque solo vaticinan un giro brusco si se agravan los conflictos bélicos
Cerrado el primer capítulo inmobiliario del año, con todas las estadísticas trimestrales ya sobre la mesa, el balance encaja plenamente con lo anticipado por los expertos: nada indica, todavía, que la crisis actual de acceso a la vivienda vaya a cambiar de rumbo drásticamente en 2026. Las casas seguirán encareciéndose previsiblemente, y quienes ya tienen dificultades para acceder a la compra continuarán quedando al margen de un mercado que los mantendrá fuera de juego. Aunque afloran indicios de que algo está cambiando y los precios se acercan al límite en que resulten totalmente inasumibles para las familias y disuasorios para los inversores. Además, avisan los analistas, un gran golpe económico —algo que no está completamente descartado ante la convulsa situación internacional— sí podría situar al mercado en un escenario distinto.
Los datos del primer trimestre han dejado sensaciones aparentemente contradictorias. La compra de casas ha caído con respecto al año pasado, con 4.713 operaciones menos entre enero y marzo que en el mismo periodo de 2025, lo que supone un descenso del 2,6%. Pero en otros indicadores las cifras alcanzaron cotas muy elevadas. El número de hipotecas firmadas ha sido el más alto de los últimos 15 años (131.554) para un primer trimestre. Y el valor tasado del metro cuadrado ha superado por primera vez el umbral de los 2.300 euros merced a una subida interanual de casi el 14%, la más alta en 20 años. Los representantes del sector creen que la dinámica de arranque de curso, con señales de un enfriamiento muy lento, se mantendrá durante el conjunto del ejercicio. A menos que la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz (que ya cumplen tres meses) o las tensiones en Ucrania se intensifiquen y acaben pasando factura al conjunto de la economía y, en consecuencia, al ladrillo.








