Durante d�cadas, Estados Unidos se ha tomado el pulso cada noche a eso de las 23.30. No en los telediarios, ni gracias a los peri�dicos o las tertulias, sino con millones de personas sentadas fielmente en pijama ante la peque�a pantalla, esperando a que unos hombres graciosos, con traje, corbata y una banda tocando en directo, les explicaran qu� hab�a pasado y por qu� deb�an tom�rselo en serio, pero no demasiado. Sullivan, Carson, Letterman, Leno, O'Brien, Maher, Stewart, Kimmel, Colbert. Una larga lista de sacerdotes laicos del humor y la iron�a, con homil�as cada vez m�s duras y pol�ticas, para una Am�rica desesperada por re�rse de s� misma antes de poder conciliar el sue�o.Desde hace 70 a�os, los estudios m�s famosos de Nueva York y Los �ngeles se llenan a diario de p�blico entregado, equipos enormes y car�simos de producci�n y la �lite del mundo del cine, la m�sica o la far�ndula como invitados. The Tonight Show. Late Night. Late Show. The Late Late Show, Jimmy Kimmel Live!, The Arsenio Hall Show, The Daily Show, Gutfeld!. Historia viva del �ltimo siglo con presentadores que ganan 15 o 20 millones de d�lares por temporada convertidos en iconos culturales. Hombres que eran capaces de marcar la conversaci�n pol�tica a nivel nacional, disparar las ventas de un disco o la taquilla de una obra, pero tambi�n de irritar a presidentes y senadores ofreciendo �una rebeli�n segura, predecible y controlada. Algo relajante e intrascendente�, en palabras de Lili Loofbourow, cr�tica de televisi�n de The Washington Post.La gente apreciaba a los presentadores, pero sobre todo el formato, la estabilidad, la rutina. El mismo tipo de escenarios, de colores, de cortinas. El orden de mon�logos e invitados, la actuaci�n musical. El secreto estaba en el ritual y la previsibilidad en un mundo que todav�a ten�a inicio y fin, y no era un scroll perpetuo. El fen�meno del late show sigue vivo, y se ha exportado con much�simo �xito por todo el planeta, pero ya no es lo mismo. Los legendarios programas, con presupuestos de 50, 70 o m�s de 100 millones de d�lares al a�o para apenas 60 minutos de emisi�n, apenas congregan ya entre uno y dos millones de espectadores, audiencias menores queEl Hormiguero, Pasapalabrao S�lvame Deluxe en sus buenos tiempos.�El formato est� lejos de haber muerto. Sigue siendo tan relevante en la pol�tica estadounidense que The New York Times publica una columna diaria sobre la programaci�n nocturna. Pero los programas que hab�a antes del auge de internet no van a volver, porque las enormes audiencias que ten�an Leno y Johnny Carson ya no existen, fundamentalmente por todas las diferentes plataformas que tenemos hoy, donde mucha m�s gente puede hacerse o�r�, apunta Stephen Farnsworth, profesor en la University of Mary Washington y coautor del libro Late Night With Trump: Political Humor and the American Presidency.El modelo cl�sico del sof�, la mesa y, en el mejor de los casos, algunas actuaciones y juegos, ha aguantado varios apocalipsis. Resisti� la llegada del cable (televisi�n de pago), el inicio de internet, se hizo fuerte ante YouTube, desafi� a TikTok. Pero sufre. Han pasado de ser negocios extremadamente rentables, los emblemas y s�mbolos de las cadenas, a convertirse en productos menos lucrativos e incluso deficitarios. Especialmente si la Casa Blanca te tiene en la mirilla.Para saber m�sCuando se estudie su auge y decadencia en los libros de Historia, es probable que el momento simb�lico que sintetice la transici�n sea el vivido el pasado jueves 21 de mayo, cuando Stephen Colbert apag� las luces del teatro Ed Sullivan poniendo punto y final a The Late Show. No fue por la probable conclusi�n de la carrera del presentador y las razones de su abrupta salida. Ni siquiera por el cierre de una instituci�n que la CBS lanz� hace 33 a�os, con David Letterman, y ayud� a transformar el negocio televisivo rompiendo moldes. La despedida de Colbert, rodeado de amigos y de todos sus competidores directos, tras una entrevista con Paul McCartney y los chistes y mon�logos de siempre, puede interpretarse como el inicio del fin, el primer gran paso en el ocaso de una era dorada. �Soy Seth Meyers, aunque el regulador me llama el siguiente�, bromea estos d�as con un despido similar el c�mico, no el m�s odiado por Donald Trump, pero en el top 5 del sector.CBS anunci� la cancelaci�n de Colbert hace casi un a�o, en julio de 2025, oficialmente por �motivos financieros�, se�alando que el programa perd�a decenas de millones de d�lares cada a�o. Es cierto, pero los responsables no buscaron c�mo reducir costes, sino que tomaron la dr�stica decisi�n apenas unos d�as despu�s de que su estrella criticara duramente en antena el acuerdo de 16 millones de d�lares alcanzado porParamount, la matriz de su cadena, con la Administraci�n Trump para zanjar uno de los pleitos m�s absurdos imaginables.El presidente, con insultos diarios, demand� a la emisora, igual que hizo con la ABC, o con las redes sociales que cerraron sus cuentas tras el asalto al Capitolio de 2021, pidiendo cantidades ingentes de dinero. El recorrido judicial no parec�a muy prometedor para �l, hasta que gan� las elecciones y volvi� al poder. En ese momento, consejeros delegados y directivos consideraron que les resultaba m�s ventajoso pagar una peque�a fortuna para costear la futura biblioteca presidencial de Trump (que ha dicho que ser� en realidad un hotel para monetizarla) que estar a la contra de la Casa Blanca m�s vengativa de la edad contempor�nea. El 24 de julio, la misma Administraci�n satisfecha por la cancelaci�n aprob� la fusi�n Skydance-Paramount, una operaci�n de 8.000 millones.La presi�n del presidente no puede ser subestimada. Es brutal y en todos los sectores. Disney estuvo a punto de echar aJimmy Kimmel, otro de los enemigos del presidente, y s�lo la presi�n de sus propios abonados les hizo dar marcha atr�s. En juego hay decenas de miles de millones de d�lares en fusiones, adquisiciones y contratos. Adem�s de las propias licencias de emisi�n, cuya posible retirada Trump y sus ac�litos esgrimen como amenaza constantemente.Paul McCartney acompa�� a Stephen Colbert en este �ltimo show.En Estados Unidos hay cinco grandes cadenas: Fox, CNN, ABC, CNBC y CBS. Hasta hace muy poco, s�lo la primera, propiedad de Rupert Murdoch, era claramente conservadora y abiertamente pro Trump. Pero en pocos meses, los aliados del presidente, a trav�s de Larry Elison (Oracle) y su hijo David se han logrado hacer con Paramount y Warner Bros, y por tanto controlan ya la CBS y en breve la CNN. La l�nea editorial ya ha girado brutalmente en la primera, con cambios en programas hist�ricos como 60 minutos, despidos, imposiciones, censuras. Y apenas llevamos a�o y medio de presidencia.Pero todo ello es s�lo parte de la historia. Quiz�s la m�s grave, la m�s peligrosa, pero s�lo parte de una m�s larga que empieza mucho antes y est� marcada por una ca�da brutal de las audiencias, la p�rdida de ingresos y la eclosi�n de un mill�n de alternativas. La audiencia se va, pero los anunciantes han reducido su apuesta a un ritmo incluso superior. El a�o pasado, todo el mercado estadounidense de programas nocturnos gener� aproximadamente 209,1 millones de d�lares en ingresos publicitarios, seg�n datos de Guideline, frente a los 519,7 millones de d�lares de 2017. Esto representa una ca�da de casi el 60% tan solo en la �ltima d�cada. Desde 2022, The Late Show perdi� el 20% de su audiencia en el codiciado grupo demogr�fico de 18 a 49 a�os, seg�n datos de Nielsen.Es probable que el dato abstracto m�s sorprendente para un europeo sea que la CNN, un transatl�ntico que cambi� para siempre la forma de hacer televisi�n y la cobertura de noticias, una cadena con 3.500 empleados y m�s de 200 periodistas cubriendo guerras, hambrunas, elecciones y desastres naturales en todo momento por el planeta, tiene una audiencia media diaria en primetime de menos de 700.000 espectadores. Su programa estrella ni lleg� a los a los 900.000 en mayo y la cifra de espectadores en la horquilla m�s deseada por los anunciantes, gente de 25 a 54 a�os, suman poco m�s de 150.000. Y aun as�, tiene en torno a una decena de presentadores con contratos por encima del mill�n de d�lares, y algunos por encima de los 5 y los 10.Los Late Shows fueron durante mucho tiempo una mezcla de entretenimiento y pol�tica. La v�lvula de escape de una democracia que procesaba sus crisis a trav�s de los chistes y burl�ndose de sus l�deres. En ellos es donde Clinton hizo campa�a tocando el saxof�n, donde Obama recit� con gran seriedad sus logros econ�micos mientras Fallon y la banda The Roots lo convert�an en una canci�n de soul al estilo de Barry White. Donde Gore intent� sin demasiado �xito parecer humano, donde John McCain intent� lograr el perd�n de un Letterman despechado por una traici�n con la competencia, donde George W. Bush quiso bromear sobre una operaci�n de coraz�n de su anfitri�n y la cag�. Donde Trump es machacado noche tras noche sin que quiz�s eso le haya costado un solo voto. �La gente envejece, el pa�s cambia, pero sigue habiendo un deseo enorme de figuras que se r�an de los poderosos. En su alma, la sociedad estadounidense es puramente iconoclasta y nos gusta ver a gente siendo ridiculizada cuando hace el rid�culo�, apunta el profesor Farnsworth.Antes, para poder disfrutar de un pol�tico en apuros, o simplemente de una entrevista relajada de promoci�n con un actor, un director, un m�sico, el formato de la noche era imprescindible. Ahora el mercado est� saturado. Hay m�s podcast de entrevistas que estrellas en el firmamento. Se puede cruzar internet de clip en clip, de fragmentos, de charlas distendidas y cotilleos de famosos, y los youtubers logran adem�s que las nuevas estrellas, las m�s j�venes en especial, hagan lo que nunca har�an en una televisi�n, limitada por estructuras cl�sicas, m�s encorsetadas y directivos m�s cobardes y aburridos."La gente envejece, el pa�s cambia, pero sigue habiendo un deseo enorme de figuras que se r�an de los poderosos"�El declive de los programas nocturnos es un s�ntoma m�s de la transici�n de la televisi�n de un modelo de transmisi�n masiva a un modelo de streaming individualizado. Es un g�nero que durante mucho tiempo se bas� en la costumbre de que la audiencia se quedara despierta hasta despu�s de las noticias locales. Ahora, sin embargo, la televisi�n se mueve en el mismo flujo de contenido que las redes sociales, los videojuegos, y se nos ofrece de la misma manera fragmentada. �Para qu� ver un fragmento de audio pregrabado de una estrella de Hollywood o un pol�tico cuando se les puede escuchar mucho m�s vulnerables en una entrevista extensa en un podcast? Algunos presentadores de programas nocturnos se adaptaron para que sus programas fueran m�s f�ciles de recortar y de difundir en l�nea; Colbert nunca lo hizo. Tambi�n era abiertamente partidista, lo cual formaba parte de su atractivo. Desafortunadamente, en la televisi�n abierta se necesita una audiencia amplia, as� que eso no era sostenible. Me temo que empezaremos a ver el declive de la s�tira liberal televisiva que Colbert y su mentor Jon Stewart hicieron famosa�, explica Nick Marx, director del Centro para la Democracia, el Arte y la cultura popular en la Colorado State University y experto en cine y medios.Los late shows siguen teniendo una gran influencia cultural: sus hits se viralizan, los medios recogen lo ocurrido la noche anterior. Sus clips generan cientos de millones o incluso miles de millones de visualizaciones y han permitido que sus rostros sean iconos globales, literalmente. Pero el negocio no funciona y su influencia ya no es la que era. Porque un clip viral genera apenas una fracci�n del dinero que antes produc�a una audiencia lineal mucho menor en NBC o CBS. Y porque en un mundo en el que la atenci�n es la commodity m�s preciada, un chiste dura apenas unos segundos en la retina.The Late Show, el programa estrella de la CBS, naci� en 1993 como consecuencias de una jubilaci�n. Uno de los grandes referentes del g�nero, The Tonight Showde Johnny Carson, que lleg� a reunir para la NBC una media de 16 millones de espectadores por programa, tuvo su fin y hubo una aut�ntica guerra entre dos bandos: el de Jay Leno, m�s vainilla y que acabar�a qued�ndose el show, y David Letterman, m�s irreverente, que perdi�. En ese momento, la CBS decidi� crear su propia alternativa, y contrat� al descartado, y funcion� muy bien. Parec�a que hab�a sitio y pastel para todos. Colbert tom� el relevo en 2015, casi al mismo tiempo que la llegada de Trump. Los primeros compases no fueron buenos, hasta que lleg� un productor que ven�a del mundo de las noticias, no del entretenimiento, el programa dio un gir� hacia la cr�tica pol�tica permanente, y atrajo algo m�s de p�blico.Benjamin E. Alba, profesor de Derecho en DePaul University y autor de una biograf�a de Steve Allen, el padre de los programas nocturnos, dice que la teor�a de que antes los programas eran m�s as�pticos pol�ticamente no tiene sentido. Y recuerda que tomar posiciones siempre ha tenido consecuencias. �Allen se pronunciaba constantemente sobre temas controvertidos, desde el crimen organizado hasta la guerra nuclear y la pena de muerte. En la madrugada del 2 de mayo de 1960, por ejemplo, se fue con Marlon Brando y Shirley MacLaine a la prisi�n estatal de San Quentin para protestar por la inminente ejecuci�n de un violador para intentar, en vano, que el gobernador de California le diera el indulto. La franqueza de Allen contribuy� sin duda a una ca�da en sus �ndices de audiencia. Eran respetables pero eso probablemente influy� en la decisi�n del patrocinador de no renovar su contrato. Lo interesante es que cuando su mujer le mostr� su preocupaci�n por el efecto que sus posturas ten�an en sus �ndices de audiencia, Allen respondi� con una cita para la historia: �Jayne, me importan mucho m�s los �ndices de audiencia de la humanidad que los de mi programa de televisi�n�, explica Alba.Colbert, como su maestro Stewart, decidi� por diferentes razones no pod�a hacer un programa neutro. Para bien y para mal. El �ltimo programa de Johnny Carson, emitido el 22 de mayo de 1992 en la mencionada NBC, tuvo aproximadamente 50 millones de espectadores, uno de los finales de televisi�n m�s vistos de la historia. El �ltimo programa de The Late Show con Stephen Colbert, un acontecimiento en medio de una presi�n pol�tica in�dita, reuni� alrededor de 6,74 millones de espectadores. Una cifra extraordinaria, el episodio m�s visto de toda la etapa de Colbert y m�s del doble de su audiencia media reciente, pero a a�os luz de sus predecesores."La polarizaci�n y la politizaci�n de los programas nocturnos no ha sido una bendici�n o una maldici�n, sino una realidad"Las cadenas siguen midiendo el �xito con par�metros del siglo XX —el share en tiempo real, la franja de las 23:30— mientras el p�blico, especialmente el m�s joven, hace tiempo que migr� a otras pantallas y otros ritmos. Ver un programa en directo, a una hora fija, se ha convertido en un h�bito tan anacr�nico como rebobinar una cinta de v�deo. Muchos millones m�s vieron v�deos y res�menes del adi�s de Colbert al d�a siguiente en sus redes sociales, pero sin contabilizar. Sin atraer dinero para los anunciantes. Los j�venes tiran de gente como �l, como hac�an con Stewart, Oliver, Trevor Noah o Samantha Bee para comprender la actualidad pol�tica, una especie de filtro ideol�gico y emocional de la vida p�blica, pero que no da ingresos. "Es una especie de puerta trasera de entrada a la droga de la pol�tica para quienes (todav�a) no son yonkis de la informaci�n", sugiere Farnsworth.En 2006 todav�a exist�a un ecosistema televisivo relativamente concentrado. Leno y Letterman sumaban juntos cerca de 10 millones de espectadores cada noche. Hoy hay que juntar los fieles de pr�cticamente todos los programas para llegar a esa cantidad. Colbert, el l�der destacado en su franja horaria, ten�a en torno a dos millones y medio (un mill�n menos que hace una d�cada). Jimmy Fallon suma entre mill�n y mill�n y medio, un tercio que en 2016. Jimmy Kimmel, el �nico de Los �ngeles y el m�s longevo, con 2,2 millones, es el �nico que permanece estable e incluso de espectadores.Y esos son los que tuvieron �xito. En los �ltimos a�os han fracasado y han sido cancelados programas como The Late Late Show, Patriot Act, de Hasan Minhaj; The Break, With Michelle Wolf; Chelsea, de Chelsea Handler. TBS cancel� Full Frontal With Samantha Bee, Hulu cancel� I Love You, America con Sarah Silverman; Comedy Central cerr� The Nightly Show con Larry Wilmore y Facebook Watch suspendi� Red Table Talk de Jada Pinkett-Smith. A los que se pueden sumar The Rundown, The Amber Ruffin Show en Peacock o A Little Late With Lilly Singh de NBC. El rey de la noche es sin duda el menos conocido fuera de Estados Unidos, el menos popular, el �nico abiertamente trumpista y conservador: Gutfeld, en la Fox. Tambi�n el �nico que supera los tres millones de espectadores, en la franja de 22:00 a 23:00, antes que el resto, y el favorito del presidente."La polarizaci�n y la politizaci�n de los programas nocturnos no ha sido una bendici�n o una maldici�n, sino una realidad. Son programas impulsados por la b�squeda de audiencias. Si la pol�tica es m�s combativa y el pa�s est� m�s polarizado es inevitable esperar que los programas reflejen esa din�mica. Gutfeld es el �nico que supera tres millones de espectadores. Los conservadores llevaban mucho buscando una alternativa en la noche y este es el primer �xito real, y en gran medida porque es capaz de re�rse de s� mismo y de los suyos. Es f�cil hacer humor con Trump pero es duro tener �xito si la l�nea editorial es contra los sin techo o de los inmigrantes. Gutfeld ha logrado desarrollar un humor redefiniendo para su p�blico a las �lites y asoci�ndolo a las voces de la cultura pop, las celebridades o los dem�cratas. Pero su �xito viene de re�rse de s� mismo, algo que Sean Hannity no habr�a podido", concluye el profesor Farnsworth, que para su libro document� cientos de miles de chistes y sketches durante una d�cada.