Por Marcos Martínez Chacón*

Los comediantes de la televisión nocturna estadounidense están bajo asedio presidencial. La animadversión de Donald Trump hacia quienes hacen mofa de él no es nueva. Pero lo que sí es novedoso —y preocupante— es el uso faccioso del poder presidencial y del aparato gubernamental federal de Estados Unidos para silenciar a un grupo de figuras del entretenimiento nocturno televisivo en ese país, y no solo a ellos.

Uno de los blancos más visibles de ese asedio presidencial fue Stephen Colbert, quien por más de 10 años encabezó el programa “Late Show with Stephen Colbert” de la cadena CBS.

El programa llegó a su fin este 21 de mayo, luego de que la cadena anunciara en julio del año pasado, de manera inesperada, que la histórica franquicia del “Late Show” sería eliminada por completo de su oferta de entretenimiento, alegando razones “puramente financieras”.

De inmediato, las especulaciones giraron en torno a una posible presión presidencial para borrar a Colbert del mapa y de una probable intención de la empresa Paramount, dueña de CBS, para obtener la aprobación regulatoria de una fusión con otra compañía, Skydance, propiedad de aliados de Trump. Durante años, Colbert dirigió burlas y críticas hacia el mandatario, y Trump nunca ocultó su disgusto hacia él y otros comediantes de televisión.