Era una ma�ana de lunes, 24 de mayo de 1937. Juan Negr�n acababa de ser nombrado presidente del Gobierno de la Segunda Rep�blica mientras la Guerra Civil sajaba Espa�a por la mitad.En el centro de Palma, ciudad bajo control del bando franquista, el vecindario se desperezaba. Mallorca llevaba meses sin sufrir ataques a�reos y viv�a una tensa calma, cierta esperanza de que el infierno se enfriaba sobre sus cabezas.Era un espejismo: a esa misma hora, sin que nadie lo detectara, un escuadr�n letal enviado por la Rep�blica sobrevolaba a baja altura la bah�a palmesana. En total, once aviones de combate fabricados en Rusia y Francia, modelos Tupolev SB-2 y Potez; sigilosos, pre�ados de bombas, algunas de m�s de 100 kilos.Primero volaron a gran altura desde la costa catalana y despu�s, para eludir la telara�a local de vig�as, entraron en vuelo rasante por el mar, con el objetivo militar de bombardear la base naval de Porto Pi y dos buques franquistas amarrados en su rada: el Canarias y el Baleares.En ese momento, en el segundo piso del n�mero 49 de la calle Vel�zquez, la familia Terrasa Lloret empezaba el d�a absolutamente ajena a la amenaza. Era gente an�nima, modesta, palmesanos normales y corrientes. El padre, Arnau, era barbero y trabajaba en una barber�a de la plaza del Banc de s'Oli. Estaba casado con Mar�a, de 36 a�os. Ten�an dos hijas de 7 a�os y un a�o de edad: las peque�as Mar�a y Josefa.Cuando los aviones republicanos fueron avistados, las alarmas antia�reas empezaron a sonar. La poblaci�n deb�a bajar urgentemente a los refugios, aunque para algunos ser�a demasiado tarde.La incursi�n a�rea se hab�a descontrolado: pilotos fascistas italianos hab�an elevado el vuelo desde la base a�rea de Son Sant Joan para neutralizar a los aviones republicanos y �stos, al huir, descargaron indiscriminadamente su carga flam�gera y asesina sobre la ciudad, lejos de los cuarteles.Uno de los proyectiles alcanz� la calle de la familia Terrasa. Minutos antes, el barbero hab�a escuchado la alarma y todos se estaban vistiendo para salir. El padre se enred� at�ndose los zapatos y apremi� a la mujer y a las ni�as para que bajaran a la calle y se refugiaran cuanto antes. Pero cuando las tres salieron a la escalera, todo se derrumb�. El edificio colaps� y murieron al instante. Madre e hijas, incluida la peque�a.El marido sobrevivi� pero qued� atrapado en el horror, herido psicol�gicamente para toda la vida. �Nunca volvi� a ser el mismo, ten�a tendencia depresiva�, recuerdan hoy los descendientes de aquel hombre aficionado al f�tbol, seguidor del Atl�tico Baleares y del FC Barcelona, que vivi� hasta 1992 y nunca dej� de trabajar en su barber�a ni de visitar la tumba de su familia asesinada, haci�ndolo incluso en secreto tras volverse a casar a�os m�s tarde.La historia de estas tres v�ctimas es s�lo una m�s de las de decenas de civiles muertos que dejaron en Mallorca los bombardeos perpetrados por la aviaci�n republicana durante la Guerra Civil espa�ola (1936-1939).Es un colectivo olvidado, marginado por el memorialismo oficialista y ampliamente desconocido hasta ahora, cuando el trabajo del historiador y periodista mallorqu�n Manuel Aguilera Povedano lo ha sacado a la luz tras una larga y minuciosa investigaci�n, recogida y divulgada en un libro titulado Mallorca en llamas. Las v�ctimas del primer terror a�reo de la Guerra Civil (Editorial Sargantana).LOS TESTIMONIOSEra tan denso el polvo depositado sobre la memoria de aquellos mallorquines muertos por las bombas, que algunos de sus propios descendientes pensaban, fruto de esa nebulosa del olvido coral, que hab�an sido v�ctimas de bombardeos franquistas.�Con mi abuelo nunca hablaba de la guerra; de hecho, yo siempre pens� que el bombardeo hab�a sido de los nacionales, me enter� hace poco de que fueron los republicanos�, le cont� a Aguilera el nieto del barbero de la calle Vel�zquez, fruto de su segundo matrimonio.S�lo en aquel d�a de finales de mayo, con Indalecio Prieto como ministro de Defensa Nacional republicano, hubo en Palma 20 muertos y 47 heridos.Las hermanas Ferragut murieron en aquellos bombardeos.Archivo familia BagurAguilera acaba de ganar el Premio Mallorca de ensayo, un galard�n que otorga el Consell insular y que reconoce el trabajo que durante a�os, peregrinando de archivo en archivo, buceando en los registros civiles y entrevistando a 23 descendientes todav�a vivos (una de las mujeres, centenaria, falleci� d�as antes de la cita para la entrevista), ha realizado para reconstruir las circunstancias de la muerte de aquellas v�ctimas. Hombres, mujeres y ni�os (17 eran menores, 32 eran mujeres) cuya vida fue segada por las bombas de forma indiscriminada, v�ctimas civiles aleatorias de aquel �terror a�reo� que se desat�, remarca el autor, como estrategia de guerra.La isla fue bombardeada de forma sistem�tica y planificada desde el inicio de la contienda b�lica. Diez meses antes de la ic�nica masacre de Gernika, las calles y plazas de muchas de sus localidades (especialmente Palma) ya hab�an ardido. �Mallorca estuvo en llamas antes que otros lugares m�s conocidos�, explica Aguilera parafraseando el t�tulo de su libro, que ahora avanza Cr�nica.Hasta ahora se conoc�an muchos de los cruentos episodios protagonizados por la aviaci�n fascista, la temible y devastadora Aviaci�n Legionaria. Suyo fue el atroz bombardeo de Art�, con 11 muertos, y el de Ibiza, con m�s de 40 bombas arrojadas desde el aire.Tambi�n existen libros y registros sobre las incursiones a�reas en Mallorca de la aviaci�n republicana, como la obra de Massot Muntaner. Pero nunca antes se hab�a reconstruido con detalle la historia humana de las 86 v�ctimas, identific�ndolas una a una, documentando su fallecimiento, retratando su perfil y las circunstancias de su muerte.El historiador mallorqu�n, especialista en el estudio de la Guerra Civil —suyo fue el hallazgo de los planes secretos de Mussolini sobre la isla—, hilvana ahora uno por uno esos casos, present�ndolos, dignificando su memoria y poniendo en contexto aquellas matanzas en un clima ca�tico de terror y sinraz�n.Esquela de la �poca de las hermanas Mu�oz.Archivo familia Mu�ozDe hecho, se�ala, muchas de aquellas v�ctimas de las bombas republicanas viv�an �en barrios obreros� y pertenec�an a clases humildes, trabajadoras, identificadas con los movimientos y �el voto de izquierdas�. Murieron por el mero hecho de residir en una ciudad del bando franquista, sin que nadie todav�a hoy haya resta�ado su memoria.Entre los fallecidos hay incluso personas que estaban en ese momento siendo perseguidas por sus actividades sindicalistas. Es el caso de Joan Sampol, vicesecretario de un colectivo sindical tipogr�fico asociado a UGT, calificado como �socialista peligroso� por la polic�a de Palma, herido gravemente el 6 de agosto de 1936 en un bombardeo republicano sobre la Col�nia de Sant Jordi, donde —cruel iron�a— se hab�a escondido para huir de la Polic�a. Fue herido y, al ser identificado, encarcelado. Acab� muriendo al no recuperarse de las heridas.�Palma fue de las primeras ciudades de la historia con C�rdoba, Oviedo y Zaragoza que sufri� ataques sistem�ticos desde el aire contra su n�cleo urbano para infundir terror al enemigo�, sostiene Aguilera, que ha analizado tambi�n octavillas, comunicaciones y arengas militares de la �poca. En sentido estrictamente hist�rico, �es un hito, aquello fue un ensayo sobre lo que iba a ocurrir despu�s en Madrid, Barcelona, Londres, Berl�n o Tokio�, indica en alusi�n a la terrible devastaci�n a�rea de la Segunda Guerra Mundial.En apenas un mes, en los primeros compases de la Guerra, entre el 23 de julio y el 28 de agosto de 1936, Mallorca sufri� 46 ataques a�reos, m�s de uno al d�a. Hasta entonces la poblaci�n civil pensaba que la guerra era cosa de soldados en el frente, e incluso sal�a a saludar a las aeronaves al escuchar el bordoneo de sus motores. �Ahora ya no era igual: ni�os, ancianos y mujeres eran tambi�n un objetivo�, relata el investigador.La primera v�ctima fue Sebasti� Llompart, un alba�il de 36 a�os natural de Inca, poblaci�n del centro de Mallorca. Luego vinieron muchos m�s, como Tolo Piz�, de s�lo 16 a�os, herrero de oficio. O la primera mujer muerta en la Guerra en Baleares, Margalida Planas, de 60 a�os.Libro publicado por Manuel Aguilera, 'Mallorca en llamas'.Editorial SargantanaLa investigaci�n documenta la muerte de 32 mujeres, algunas de ellas emparentadas entre s�. Es el caso de las hermanas Ferragut Pradeny, jornaleras de Palma de 27 y 22 a�os de edad. Una era soltera, la otra ten�a cuatro hijos de entre 9 meses y 7 a�os. Ambas murieron en uno de esos bombardeos republicanos por �shock traum�tico�. El beb� fue rescatado con vida, enterrado entre los escombros. Otra hermana peque�a, de apenas 10 a�os de edad, desapareci� para siempre. �Puede que muriera y nadie la registrara�, deduce su familia.Se bombardearon cuatro centros educativos en d�as laborables, entre ellos el emblem�tico Instituto Ram�n Llull de Palma, y hubo sucesos que traumatizaron a sagas enteras, como el que sufri� el farmace�tico Antoni Benn�sar, sepultado junto al cuerpo inerte de su padre durante 24 horas. �Nunca lo super�, cuenta su descendencia.�Aunque los principales objetivos eran militares —resume Aguilera— Palma sufri� bombardeos indiscriminados contra su poblaci�n civil �nicamente para crear terror y minar la moral�. Es algo que �no s�lo lo demuestran los lugares atacados y el tipo de v�ctimas�, agrega, �sino que adem�s lo reconoci� el capit�n republicano Alberto Bayo, que dijo que los ataques desmoralizar�an y ablandar�an la resistencia. Tambi�n uno de los pilotos que atac� la ciudad y fue derribado y hecho prisionero, el checo Jan Ferak�, el hombre que, tras ser liberado, advirti� a sus captores que provocar�a tantas v�ctimas como pitillos le hab�an brindado en su cautiverio."SIN RENCOR"Aquellas campa�as provocaron sufrimiento entre la poblaci�n civil y un ba�o de sangre que, seg�n las tesis de diversos historiadores, contribuy� a acrecentar el odio hacia el enemigo y, a la postre, aliment� �una escalada de violencia dif�cil de detener�, como escribi� Patricio Hidalgo.La gran mayor�a de aquellas v�ctimas (a excepci�n de los 19 militares, guardias y falangistas) nunca recibieron una pensi�n ni fueron veneradas durante la Dictadura. Eran civiles, no catalogados como luchadores ni muertos por la causa.Pese a todo, sus familiares vivos no expresan �sentimientos de rencor ni buscan culpables�, explica el historiador Aguilera, aunque s� lamentan el abandono y olvido institucional y agradecer�an un gesto para que el nombre de sus familiares no quedara borrado de la historia.El Govern balear que actualmente gobierna el PP prepara este a�o un primer homenaje para conmemorar el 90 aniversario de aquellos letales bombardeos y sus 86 v�ctimas (97 contando los de la aviaci�n fascista), hasta ahora ninguneadas.El 29 de octubre de 2020, una iniciativa pol�tica impulsada por Ciudadanos propuso al Ayuntamiento de Palma que realizara acciones de reparaci�n y dignificaci�n de la memoria de aquellos muertos, pero la propuesta no prosper�: PSOE y los nacionalistas de M�s votaron en contra, como reflejan las actas del pleno municipal de aquel d�a.