Manuel Aguilera Povedano buceaba en la hemeroteca de la Guerra Civil cuando tropezó con una esquela donde se recordaba a tres hermanas asesinadas el mismo día. Antonia, Magdalena y Mercedes Muñoz Martí. Veintiuno, 19 y 7 años. Pertenecían a una familia de filiación republicana. Vivían en Palma, una ciudad en manos de los fascistas desde el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. No habían muerto fusiladas, tampoco les habían pegado un tiro en la nuca sin que mediara el paripé de un juicio sumarísimo. A las jóvenes y a la niña las mató “el criminal bombardeo que la aviación roja lanzó sobre Palma el día 31 de mayo de 1937”. Eso afirmaba la esquela.
–Me dije: aquí hay un historión porque, además, estas hermanas eran sobrinas de Jordi Martí y Rosselló. Este personaje era el director de Foch y Fum, una revista satírica tremendamente subversiva, y, no se sabe muy bien cómo, consiguió que no lo mataran durante la Guerra Civil. Empecé a tirar del hilo y aparecieron más casos de víctimas a causa de los bombardeos. No había prácticamente bibliografía sobre estos sucesos. En Els bombardeigs de Mallorca durant la Guerra Civil (1936-1939), Josep Massot i Muntaner realiza una cronología, pero no habla de las víctimas. Apenas quedan huellas en Palma de aquellos bombardeos, pero los ataques golpearon a muchos barrios de la ciudad. Mira, muy cerca de aquí, en aquella esquina murió una persona…







