RedacciónBarcelona 01/06/2026 12:51 Actualizado a 01/06/2026 13:03 La limpieza política que prometió el actual primer ministro húngaro, Péter Magyar, que consistía en substituir los cargos nombrados por el anterior Ejecutivo del ultranacionalista Viktor Orbán, se ha topado con el primer gran obstáculo. El presidente del país, Tamás Sulyok, se niega a dimitir.En la medianoche del domingo expiró sin resultado el ultimátum que le había dado Magyar al jefe de Estado para abandonar el cargo, explicó el actual jefe de Gobierno, ganador de las elecciones del 12 de abril tras 16 años de gobiernos de Orbán, en una rueda de prensa transmitida en vivo por las redes sociales. Magyar explicó que presentará al Parlamento, donde su partido, el Tisza, cuenta con más de dos tercios de los escaños, una reforma constitucional necesaria para destituir al jefe del Estado ya que la legislación vigente no lo permite. Como primer paso trasladará este asunto hoy mismo al grupo parlamentario del Tisza, añadió el mandatario, sin dar más detalles sobre el plan.Tal y como había anunciado la víspera, Magyar acudió a primera hora de este lunes, acompañado de su ministra de Justicia, Marta Görög, al palacio presidencial para hablar con Suylok, a quien acusó de haber guardado silencio sobre varios asuntos inaceptables del gobierno de Orbán.Sulyok alega que no hay “ninguna razón legal o constitucional” para su dimisiónSulyok, que había reiterado anoche con un vídeo publicado en Facebook su intención de seguir desempeñando el máximo cargo de la república, ha alegado que no hay “ninguna razón legal o constitucional” para su dimisión. También consideró que su juramento le obliga a seguir defendiendo el orden constitucional de Hungría independientemente de los cambios de gobierno, por lo que ha pedido a la Comisión de Venecia -órgano asesor del Consejo de Europa- que analice la situación.Magyar ya le había instado a irse inmediatamente después de ganar su partido, el Tisza, las elecciones legislativas, advirtiendo que de lo contrario impulsaría un procedimiento para destituirlo en el Parlamento.El Tisza argumenta que con su voto, el pueblo húngaro le otorgó un mandato para acabar con el 'sistema Orbán' y desmantelar su red clientelista, algo que implica la sustitución de los altos funcionarios públicos nombrados por su antecesor, incluidos el jefe del Estado y los presidentes del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo.