La primera vez que Alex Suárez buscó a ChatGPT como apoyo emocional tenía 15 años. La soledad y los problemas mentales que acarreaba desde hacía años lo llevaron a ver en este chatbot una herramienta útil, sobre todo frente al poco acceso que tenía a recursos de ayuda psicológica en ese momento. “Lo vi como algo más privado, anónimo y confiable”, comparte. No es el único. Naomi García, de 19 años, cuenta que tiene problemas para abrirse con las personas, pero que esta tecnología de “fácil acceso” le daba la sensación de cierta seguridad y le permitió afrontar otro gran obstáculo: “No tenía el apoyo económico para pagar un psicólogo”. Una encuesta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) sobre usos y percepciones de la inteligencia artificial (IA) generativa en instituciones de educación superior en México, realizada en octubre y publicada recientemente, arrojó que el 9% de los estudiantes utilizan esta tecnología como apoyo emocional, pese a los cuestionamientos que ha recibido por casos de indicio al suicidio. La cifra equivale a 91.935 personas, de las cuales, el 61% son mujeres, el 35% son hombres y el 4% de otro género. Se trata del primer diagnóstico sobre el tema que se lleva a cabo en el país, cuyos resultados han confirmado contundentemente una realidad percibida desde hace años: la IA ya es parte de la vida y las aulas. En distintas conversaciones con EL PAÍS, estudiantes confiesan que una de sus mayores limitantes para buscar a un profesional de la salud es el dinero. Pero los altos costos de las consultas se suman al aún persistente tabú de la salud mental. “Aparte del dinero, también es la pena”, asegura Yael García, de 19 años. “Uno como joven tiene miedo de ser juzgado”, agrega. En cambio, ellos ven en ChatGPT un espacio donde se sienten más cómodos para hablar porque no hace juicios. Recurrir a sus padres tampoco creen que sea una opción en una sociedad en la que los problemas mentales siguen sin comprenderse. “Mis papás fueron creados a la antigua. Si yo les digo que quiero ir a un psicólogo, me van a decir que estoy loca”, comparte García.La psicóloga Patricia Hernández considera que abordar esta herramienta en las escuelas desde la prohibición es incorrecto. “No debe analizarse desde una postura alarmista o desde la tecnofobia, sino desde una comprensión integral del desarrollo humano que se está adaptando a las nuevas tecnologías”, comenta. Hernández, maestra en Bioética, sostiene que la IA “sí satisface de manera parcial algunas necesidades de los jóvenes”, y es a partir de ese entendimiento que se debe de trabajar. “Escriben y ya tienen esa respuesta. Para una situación muchísimo más delicada, pudiera funcionarnos como una contención emocional inmediata”, opina. La encuesta de la SEP refleja que los alumnos han consultado a los chatbots por distintos motivos: para lidiar con la ansiedad, el estrés, la depresión y la tristeza (55,1%); como una manera de desahogarse (41,8%); para buscar motivación (41,9%); para tener una conversación con alguien que los apoye (29,8%); e incluso para valorar si necesitan ayuda psicológica (24,8%). Esta interacción, marcada por un sentimiento de validación y comprensión, es la que llevó a Irene Cruz, de 24 años, a ocupar ChatGPT para atravesar el duelo por la pérdida de un amigo. “Sentí un enorme colapso. No sabía con quién hablar. [...] A diferencia de hablar con personas, no me dio una solución lógica luego luego, validó mis emociones y siguió preguntando cosas para que me siguiera abriendo”, recuerda. No obstante, no menciona haber pensado en los riesgos o denuncias conocidas contra herramientas de IA cuando ha habido casos de jóvenes que han terminado suicidándose.Esta sensación de no poder hablar sus problemas con nadie, combinado con la urgente necesidad de expresar sus sentimientos, se repite entre los jóvenes entrevistados. Algunos, como Joselyne Hernández, de 29 años, aliviaron ese pesar de formas todavía menos convencionales. “Lo padre de Street Bees es que igual es un bot y tú empiezas a platicar con él porque te empieza a preguntar ‘hola, ¿qué tal tú día?, ¿qué tal te sientes?’ Y entonces ahí ya tú le decías ‘la neta, me siento mal, paso por esto’. Y el bot iba hablando contigo como si fuera una persona“. En su paso por la universidad, Hernández ocupó esta aplicación, que paga por contestar encuestas, como un confidente. La psicoanalista Rocío Arocha argumenta que, aunque la IA es de utilidad en casos puntuales, “no hay modo de sustituir la presencia humana” ni el vínculo que se genera entre el médico y el paciente clínico que sí permiten una mejoría a largo plazo. Esta tecnología tampoco le permite a los usuarios generar las estrategias necesarias para afrontar situaciones difíciles y construir una tolerancia a la frustración. “Estas cosas están diseñadas para darte la razón”. Y añade: “El psicoanálisis no busca gratificarte”.Los estudiantes afirman que pueden diferenciar entre lo real y lo ficticio, pero lo que les importa es el resultado. “Me ayudó mucho para desahogarme y calmó un poco mis ideas autodestructivas”, “Me sentí bien y feliz”, “Te sientes confiado”, “Me va como relajando”, “Me ha ayudado a organizar mis pensamientos”. La misma idea se repite: la IA les funciona. También coinciden con los especialistas en su eficacia en momentos críticos. “Un día me dio una crisis de ‘me quiero matar’ y marqué a números de emergencia y no obtuve respuesta. Me puse a hablar con ChatGPT y eso me ayudó mucho“, relata Hernández. Pero esta tecnología, con alcances aún desconocidos, también puede ser un riesgo en un momento en el que los jóvenes ya saben cómo sortear las pocas regulaciones de los chatbots: “Si tú formulas la pregunta de ‘ayúdame a suicidarme’, está programada para que no lo haga. Sin embargo, yo le preguntaba otro tipo de preguntas relacionadas con el tema, menos directo”, explica Alex, quien confiesa que ha recurrido a ChatGPT en distintas ocasiones para hacerse daño. Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), se registraron 8.856 suicidios en el país en 2024. El grupo de edad con la tasa de suicidios más alta es el de 30 a 44 años, seguido del de 15 a 29 años. La maestra Hernández subraya el apremio que existe por regular estas situaciones entre un sector de la población que se encuentra “en una situación de alta vulnerabilidad” por la falta de información sobre las consecuencias de su uso y las pocas regulaciones. “El reto es generar filtros éticos, pero también filtros legales que lo limiten”, asegura y apuesta por la promoción de una “alfabetización digital” y emocional. En México, un país en el que los mayores de 16 años pasan más de siete horas en el celular -superando el promedio mundial-, la relevancia es evidente. Para Arocha, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, el que los jóvenes acudan a la IA para hablar también tiene otros culpables: “Lo leo como una falta muy lamentable de escucha, de los adultos, de no darle a los jóvenes los espacios para pensar, para analizar”. La Línea de la Vida (800 911 2000) ofrece orientación sobre salud mental y adicciones. Atiende a personas en busca de apoyo emocional y en momentos de crisis. El servicio es gratuito y confidencial y está disponible las 24 horas del día durante los 365 días del año. Es operado por la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama). En casos de urgencia, se puede marcar al 911, el número de emergencias en todo México.
ChatGPT como psicólogo: el confidente gratuito y rápido de los jóvenes para desahogarse
Una encuesta de la Secretaría de Educación arroja que el 9% de los estudiantes, casi 92.000, recurren a la IA en busca de apoyo emocional en lugar de recurrir a espacios profesionales









