El 2 de septiembre de 2018, la ciudad de Río de Janeiro ocupó las portadas de muchos medios de comunicación del mundo. Un incendio en el Museo Nacional de Brasil, histórico edificio ubicado en el Parque de Boa Vista, acabó casi por completo con la colección de obras histórica que entonces albergaba este espacio.

Hablamos de la que era la institución científica y de historia natural más antigua del país, creada por el rey Juan VI en 1818 cuando Brasil todavía era una colonia de Portugal, la cual contaba con una de las colecciones más longevas del mundo entero. Las llamas se llevaron por delante la mayor parte de unos 20 millones de artículos de valor histórico y cultural. “Tal vez se salvó un 10% de los objetos”, señaló la entonces subdirectora del museo, Cristiana Serejo.

El incendio comenzó por un fallo eléctrico, pero terminó descontrolandose cuando los bomberos descubrieron que las bocas de incendio situadas junto al edificio no tenían agua disponible. Los primeros testimonios de quienes trabajaban en el museo no tardaron en denunciar la falta de fondos y el mal estado en el que estaban las instalaciones antes del accidente.

Desde el día en que las llamas se llevaron por delante la colección, el museo no ha parado de recibir donaciones: más de 16.700 hasta la fecha, según recoge la revista Smithsonian. Uno de los casos más sonados es el de Burkhard Pohl, un coleccionista suizo-alemán que posee una de las mayores colecciones de fósiles del mundo y que donó 1.105 fósiles de la cuenca de Araripe, en el norte de Brasil, con una antigüedad de 115 millones de años.