En el mundo del deporte, a pesar de los avances tecnológicos, hay una cuestión emocional que es difícil de calibrar y de dominar para los protagonistas
El sábado, Martín Landaluce, de 20 años, cayó derrotado en un agónico quinto set ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo. Con esta derrota dejó a Rafa Jódar —superior a Pablo Carreño— como único representante español en la semana decisiva de esta edición del torneo parisino. Pese a la eliminación, Martín dejó claro que el tenis español va a contar durante los próximos años en sus filas con un jugador que será un digno acompañante de nuestro actual número uno, el murciano Carlos Alcaraz, y que por poco que siga mejorando será un claro aspirante a alcanzar alguna de las mejores posiciones del ranking mundial.
En cuanto a Jódar, su hipotético camino hasta llegar a la final presumiblemente no será fácil. En la ronda de cuartos deberá doblegar a quien a priori cuenta con más opciones de levantar el trofeo el próximo domingo, el alemán Alexander Zverev.
Esta edición también será recordada por la prematura derrota del actual número uno, el italiano Jannik Sinner, quien en un partido incomprensible fue apeado por Cerúndolo. Si la victoria del argentino ya fue de por sí sorprendente, la forma en que se produjo lo fue mucho más. El transalpino dominaba el marcador por un rotundo 6-3, 6-2 y 5-1 pero, a partir de aquí, tan solo fue capaz de anotarse dos de los siguientes dieciocho juegos; algo realmente extraño para un jugador de su categoría y consistencia.












