Qué incierto y Guadiana es este deporte, el tenis: ahora subes, ahora te secas, y Juanma Cerúndolo, que hace unos días se abría paso en el imaginario popular, ahora se faja en una pista menor y ante un rival irreductible, este Martín Landaluce que va y viene como él y que se resiste hasta el final, hasta el último golpe, para ceder a las 5h58, en el super tiebreak del quinto set.Cae Landaluce, cae en el tercer partido más largo en la historia del torneo, pero su nombre empieza a resonar en nuestro país: cae como un gladiador, hay vida más allá del apagado Nadal, el lesionado Alcaraz y el fulgurante Jódar.El jueves, Cerúndolo (24 años, 56.º del mundo) se hizo famoso. Había ocurrido en la segunda ronda y en el corazón de este desconcertante Roland Garros, en la pista Philippe Chatrier.Aquel jueves ardía el sol en el firmamento y el zurdo argentino, jornalero del tenis, contemplaba el hundimiento del Titanic, el derrumbe de Jannik Sinner, el líder invencible que hasta entonces iba dos sets arriba y 5-1 arriba también en el tercero, antes de derrengarse, víctima del calor, la humedad, la presión, el estrés, vete tú a saber cuántas cosas, y cederle el paso al pequeño de los hermanos Cerúndolo.Qué injusto, qué montaña rusa. Han pasado dos días desde aquel episodio y el célebre Cerúndolo se faja en la pista 7, teatro coqueto pero pequeño, una tarima al pie de la monumental Chatrier, y su rival ya no es el todopoderoso pelirrojo italiano, sino el emergente Martín Landaluce (20 años, 69.º del circuito ATP), la otra novedad del año en España (otra novedad como Jódar, que este domingo, ya en octavos, vuelve a escena ante Pablo Carreño). Y mientras ambos porfían sobre la arcilla, de fondo se escuchan los latidos del Parque de los Príncipes, hogar del PSG y de sus miles de aficionados: allí mismo, a 500 metros del recinto tenístico, la gente del PSG contempla la finalísima de la Champions de Budapest a través de las pantallas gigantes.En la pista 7, el partido avanza a cámara lenta. No es lento por el juego, que por momentos discurre tan vertiginoso como variable, sino por la evolución del marcador. Se alargan los intercambios, los juegos y las alternativas, más igualados no pueden estar, y ninguno cede y van dos horas y media de partido y justo ahí termina el segundo set, éste resuelto para Landaluce en el tie break.Para entonces ya son las seis de la tarde y el cronista no sabe cómo enfocar la crónica, pues la historia no se decanta de ningún lado, al arreón de uno le responde un arreón de otro, esto del tenis es un Guadiana, ya lo hemos escrito antes.El cronista solo puede intuir que Landaluce, alumno avanzado de la Rafa Nadal Academy, va a pelearlo, y a los antecedentes se remite: en su currículum reciente lucen sus cinco sets ante el boliviano Prado y sus cinco sets ante el checo Kopriva, y esta cita también toma forma de maratón. Juanma Cerúndolo, este sábado durante su partido ante Martín LandaluceTeresa Suárez / EFEEl partido se eterniza y ambos siguen repartiendo mandobles y ni así se inmuta Landaluce, ni siquiera cuando se le escapa la tercera manga y el compromiso se le complica de nuevo. Apenas celebra los puntos, tampoco lamenta los errores, no tiene nada que ver con Cerúndolo, más expresivo, no para quieto, a veces se discute con su box. Sobre todo, cuando entrega el cuarto set.Ni se inmuta Landaluce y así, sacando de su bolsa un ventilador de bolsillo y zampándose un plátano, espera a Cerúndolo, que se ha marchado al baño: van 4h45m y tres tie breaks y el partido no tiene rumbo. Quinto set y que salga el sol por Antequera.El último set mantiene la tónica. Abundando en el juego de fondo, Landaluce se pone 3-0 arriba pero Cerúndolo revive y se crece hasta el 3-3. La final de la Champions ya supera el tiempo reglamentario y Landaluce y Cerúndolo ahí siguen, erre que erre hasta que al fin, cuando el crepúsculo empieza a asomar en el horizonte, el argentino tumba al madrileño.En octavos le espera Matteo Berrettini, uno de los últimos clásicos del circuito que siguen en pie en este Roland Garros.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'