Análisis Exclusivo suscriptores Con un discurso de 'mano dura', conservadurismo y rechazo a los partidos tradicionales, pasó al balotaje frente a Iván Cepeda.Cierre de campaña de Abelardo de la Espriella Foto: Jaiver Nieto Álvarez / El TiempoPERIODISTA JUDICIAL31.05.2026 22:01 Actualizado: 31.05.2026 22:01
Hasta hace menos de cinco años, el penalista Abelardo de la Espriella decía aborrecer la política. Pero ayer, metido de lleno en esa actividad, aunque con el mismo discurso antiestablecimiento —y no sin el apoyo velado de varios barones electorales—, fue el gran ‘palo’ de la jornada y, con más de 10,3 millones de votos, ganó la primera vuelta presidencial. Disputará el último round con Iván Cepeda, a quien le sacó más de 650.000 sufragios de ventaja.Capitalizando votos de la derecha pura y dura, muchos de los cuales le arrebató a Paloma Valencia, pese a que ella estuvo siempre acompañada del expresidente Álvaro Uribe, De la Espriella le dio un simbolismo casi mesiánico a su candidatura. En entrevista con Bocas dijo que ser presidente era su destino, y así lo repitió en cuanto escenario tuvo. Se vendió como la antítesis del petrismo y capitalizó el inconformismo frente a varias políticas del Gobierno con una propuesta de cambio al estilo de Javier Milei, en Argentina, y, sobre todo, de Nayib Bukele, en El Salvador: mano dura contra la criminalidad, reducción de impuestos al empresariado y ‘motosierra’ al gasto público. Un discurso fácilmente digerible que logró conquistar a indecisos y a la derecha disidente del uribismo.Simpatizantes del candidato Abelardo de la Espriella en Estados Unidos durante la primera vuelta Foto:EFEPorque, además, para frenar el impulso que la consulta interpartidista le dio a la candidata del Centro Democrático después del 8 de marzo, y pese a declararse uribista de corazón, se fue de frente contra su campaña y hubo acusaciones de ‘guerra’ sucia de lado y lado.Matriculó su eslogan “Firmes por la patria” —acompañado del saludo militar con la mano en la frente—, con posturas consideradas de ultraderecha, como las críticas a derechos ya reconocidos, entre ellos la adopción igualitaria y el aborto legal. Se dio el lujo de rechazar el apoyo de los partidos tradicionales, a los que relaciona con la corrupción, y se bautizó como el representante de los “nunca”, porque entendió que lo que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia fue hablarles a los “nadies”: a quienes no se sentían representados por los dirigentes tradicionales y a los defraudados de la política.Abelardo de la Espriella nació el 31 de julio de 1978 en Bogotá. Pero él dice que es “costeñísimo” y que su mamá solo viajó a la capital para dar a luz, porque las clínicas eran mejores que las de Montería, la ciudad en la que se crió. Es la fiel estampa de su gentilicio: alegre, dicharachero y entrador.Es esposo de la también monteriana Ana Lucía Pineda, a quien conoce desde la infancia, y tiene cuatro hijos pequeños: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca. Contrario a Iván Cepeda, que no mostró públicamente a su familia por razones de seguridad, para Abelardo fue una pieza clave de su campaña. Buscó proyectar así los valores tradicionales que defiende.Aunque, según fuentes cercanas al candidato, quiso ser periodista, eligió el derecho. Él mismo dice que fue porque era una carrera más completa para continuar trabajando en medios de comunicación, donde fue una ‘estrella’ desde niño.La forma pomposa de hacer política, con tarimas, sonido, luces y efectos de show televisivo, sumada a un discurso extremo en el que usaba términos como “destripar a la izquierda”, también estuvo presente en su vida como litigante. Cada uno de sus casos copó titulares de prensa, en los que terminó siendo el protagonista. De hecho, el primer pasillo de su oficina, ubicada en una casa en el barrio Prado Alto, en Barranquilla, tiene en la pared enmarcadas las portadas de prensa en las que era mencionado.Pero también generó recordación por su estilo, considerado por muchos como ‘snob’: los trajes de colores, los sombreros de ala corta, su afición por la ‘dolce vita’ y hasta un disco en el que incluyó un cover de la canción ‘O sole mio’. Esto luego de vivir por temporadas en Italia, país del que también tiene nacionalidad.Abelardo de la Espriella votando en Barranquilla. Foto:Óscar Berrocal. Agencia KronosSe graduó de la Universidad Sergio Arboleda, donde recibió clases de Álvaro Gómez Hurtado, Raimundo Emiliani, Rodrigo Noguera Calderón y Ciro Alfonso Lobo Serna, a quienes considera sus grandes maestros del derecho. En ese claustro, asegura, forjó las bases del conservatismo en las que hoy sustenta su proyecto político. Aunque distan de las que profesaba el Abelardo litigante de hace una década, cuando defendía, por ejemplo, la adopción gay.Esos giros de 180 grados en sus posturas públicas fueron blanco de las críticas de sus detractores. De la Espriella aseguró que el viraje responde a que fue padre y entendió “el rol determinante de papá y mamá” en la crianza de los niños”. Asimismo, pasó de ser ateo a leer el evangelio a diario porque, según cuenta, conoció a Dios en medio del luto por la muerte de su tía Beatriz.De la Espriella tiene especializaciones en derecho administrativo y penal. Es uno de los litigantes más reconocidos del país y, según cuenta, el que más facturaba. Al derecho le atribuye el origen de su fortuna, unos honorarios que, dice, supo potenciar en negocios de vinos, ron, ropa y bienes raíces.En 2002 creó su firma, De La Espriella Lawyers Enterprise, que se catapultó a la fama por llevar varios de los procesos más mediáticos de las últimas décadas.Defendió a David Murcia Guzmán, cabeza de la mayor pirámide que existió en Colombia, DMG, y a Álex Saab, extraditado a Estados Unidos y señalado de ser el testaferro del dictador venezolano Nicolás Maduro y de dirigir una megaoperación de lavado de activos vinculada al denominado ‘cartel de los soles’.De la Espriella también generó polémica por asesorar a cabecillas paramilitares en el proceso de desmovilización de Santa Fe de Ralito, negociando el desarme a cambio de la reducción de buena parte de las penas.Abelardo no se arrepiente de haber defendido a ninguno de sus clientes, salvo a quienes no siguieron sus instrucciones para ganar el caso. Está convencido de que será el próximo inquilino de la Casa de Nariño y ya tiene pensada incluso su posesión, que no sería en la tradicional Plaza de Bolívar, sino en una guarnición militar. También tiene en mente sus primeros decretos. Eso sí, ha repetido constantemente que, si llega a la Presidencia, después de sus cuatro años de gobierno “desaparecería de la vida pública”.Abelardo de la Espriella en un acto de campaña. Foto:Prensa Abelardo de la EspriellaSara Valentina Quevedo DelgadoRedacción Justicia Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












