Los habitantes de Sicilia acudieron a Roma para denunciar a su gobernador, Verres. Año 70 a.C. Le acusaban de haber convertido la provincia en un negocio privado: impuestos abusivos, saqueo de obras de arte, extorsiones, compra de favores y enriquecimiento personal. Verres tenía una debilidad: las joyas, el oro y los objetos valiosos. La acusación la ejerció Cicerón, que cuenta que no había joya que escapara a la codicia de Verres. Los romanos llamaban praedator –depredador– a ciertos gobernantes. Así describió Cicerón a Verres, gobernador de Sicilia, acusado de saquear dinero público y convertir el poder en un instrumento de enriquecimiento personal. En los discursos contra Verres aparecen ya muchos de los ingredientes que acompañan a los grandes escándalos de corrupción de cualquier época. Verres no se limitó a decir “soy inocente”. Intentó ganar tiempo, retrasar el proceso y cambiar las condiciones del juicio porque sabía que un tribunal posterior le sería más favorable. Cicerón descubrió que los corruptos y quienes les defienden rara vez centran su defensa en los hechos. Prefieren hablar de conspiraciones, jueces parciales o persecuciones políticas. Han cambiado los siglos; el manual sigue siendo sorprendentemente parecido.En Roma no solo se dieron depredadores como Verres. Frente a eso produjo también algunos de los mejores ejemplos de virtud cívica. Precisamente porque los romanos sufrían la codicia y la corrupción, admiraban a quienes sabían distinguir lo realmente valioso. Por eso, una anécdota que relata Valerio Máximo encierra una lección que ha sobrevivido más de dos mil años. Cuenta que una matrona romana visitó a Cornelia –hija de Escipión Africano, los Escipiones eran los Kennedy de la época– y le mostró sus joyas y adornos. Cornelia esperó pacientemente a que regresaran sus hijos de la escuela. Cuando llegaron Tiberio y Cayo, los señaló y dijo: “Haec ornamenta mea sunt”, es decir, “estas son mis joyas”. Por cierto, sus hijos eran los Gracos, que encabezarían una revolución social en Roma, pero… eso es otro artículo. Cornelia entendía que las joyas no eran las que brillaban, sino las que honraban.No todos comparten el mismo criterio. En el extremo opuesto tenemos a Zapatero. Según el auto del juez, prefiere collares, anillos, pulseras, pendientes, entramados societarios, empresas pantalla, sociedades interpuestas, paraísos fiscales, negocios con dictaduras y consultoras con nombres vaporosos como Análisis Relevante e Inteligencia Prospectiva. Imagino a Zapatero contemplando el contenido de la caja fuerte en su oficina de expresidente proclamando a ceja alzada: “Estas son mis joyas”.
Estas son mis joyas, por Emilio del Río
Los habitantes de Sicilia acudieron a Roma para denunciar a su gobernador, Verres. Año 70 a.C. Le acusaban de haber convertido la provincia en un negocio privado: impuestos abusivos, saqueo de obras de arte, extorsiones, compra de favores y enriquecimiento personal. Verres tenía...









