Madrid (EFE).- El entoldado de calles, una práctica milenaria destinada a mitigar el calor en las vías públicas, es una medida cada vez más extendida y que sigue siendo eficaz si se emplea correctamente para dar sombra no solo a las personas, sino también a los edificios.

«Una pared de ladrillo es una estufa que acumula todo el calor del día y, lo peor, lo irradia por la noche», señala Ester Higueras, arquitecta, catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid y experta en urbanismo bioclimático.

«Todo lo que sea quitar la radiación directa del sol sobre pavimentos y paredes es beneficioso», destaca. En otro caso, «si por la noche quieres salir a tomar el fresco o abrir las ventanas para dormir, te encuentras con una calle sobrecalentada que está irradiando calor».

Imagen de archivo de la instalación de lonas en la Puerta del Sol de Madrid. EFE/Mario Moron

Higueras recuerda que la combinación de calor y contaminación que se da en las grandes ciudades «es una bomba» que, entre otros efectos (alteración del sueño, irritabilidad…), aumenta los infartos de miocardio.