Hubo un día en el que un tal Sergio Gregori quiso jugar a ser revolucionario. A todos nos ha pasado y el proceso de adhesión siempre es igual. Hay veces que nos sentimos aburridos, desencantados o desbordados y decidimos escuchar a personas de las que no conviene fiarse, pero que son muy persuasivas. Nos prometen una vida mejor si apoyamos 'lo suyo' y como necesitamos volver a emocionarnos, las seguimos como idiotas. Las revueltas del 15M comenzaron así: hubo quien llamó a manifestarse contra la desesperanza y unos cuantos se sumaron. Las protestas fueron de baja intensidad y no condujeron a ningún sitio, pero a la postre sirvieron para aupar a las instituciones a algún que otro oportunista que estaba condenado a languidecer en Somosaguas y ejercer de ave de rapiña en los bares de Lavapiés, pero cuya vida cambió para mejor. La mejor prueba fue la del joven Pablo Iglesias, a quien Gregori y sus amigos escuchaban con devoción. Eran unos adolescentes con pocas y malas lecturas que buscaban un cambio; y ese profesor ofrecía fórmulas para conseguirlo. Un buen día, afirmó: "Lo peor que le puede ocurrir a alguien de izquierdas es convertirse en la caricatura con la que le representa la derecha”. La frase corrió a la velocidad de la luz entre sus seguidores. Era precisa y certera. Nunca alguien había definido mejor la forma en la que la revolución pierde la fuerza y el respeto cuando la domestica el poder. Iglesias alcanzó el cielo. Llegó a cosechar más de 5 millones de votos y alcanzó una vicepresidencia. Su carrera política fue breve: acabó en 2021. Lo primero que hizo entonces fue ofrecer a un amigo periodista una información exclusiva de gran trascendencia: se había cortado la coleta. A simple vista, podría pensarse que el mérito de publicar esa información no era mayor que el de hacerse eco de la última predicción astrológica de Elisa Mouliáa, pero nos explicaron que no era así. Significaba que el líder estaba dispuesto a romper con su pasado para continuar el proyecto que interrumpió al llegar al Parlamento: el de crear un medio de comunicación que representara a los intereses de la izquierda verdadera, que es la suya y la de su mujer. Una izquierda de altos vuelos. Sergio Gregori. Sergio Gregori, su antiguo socio, cuenta el proceso de gestación de Canal Red en el documental que ha estrenado esta semana, Romper el bloque, que surge del impulso ególatra del autor de contarnos su historia personal —que dudo que le interese a mucha gente— , pero que sirve para apuntillar al 15M y para retratar al líder que surgió de aquel movimiento como un aprovechado y como un hombre tan poco consecuente con sus principios como voraz para conseguir sus objetivos personales. Vas a ser 'mi Ferreras' Cuenta uno de los tres episodios del documental que Gregori fue el primer presentador del programa matinal de Canal Red. No solo ayudó a levantar el proyecto, sino que Iglesias le eligió como una de sus caras visibles. Como 'su Ferreras', como bromeaban entre ellos. La buena sintonía no duró mucho, dado que el periodista intentó aplicar una línea editorial que resultara representativa para todas 'las izquierdas verdaderas', que ya estaban peleadas, dado que al ser emocionales e irreflexivas no saben convivir sin entrar en conflicto constante. Eso provocó que la figura del presentador fuera cuestionada, arrinconada y apartada de antena, lo que rompió su embrujo por Iglesias. A partir de ahí, se inició un aburrido conflicto laboral que terminó con el presentador fuera de Canal Red, una campaña en las redes sociales --denuncia que orquestada-- en su contra y Pablo Iglesias con actitud pública hostil. “Nosotros no estamos aquí para ser indiferentes. Somos militantes”, dijo en un mitin, se supone que al respecto. El reportaje recoge también los testimonios de algunos extrabajadores de este medio de comunicación que no terminaron muy contentos con el líder. Uno de ellos recuerda el caso de un compañero que terminó en el hospital con ceguera temporal tras hacer un turno de más de medio día. Otra reconoce cierta frustración al recordar el momento en el que sus editores criticaban a los grandes empresarios por no abonar las horas extras a los trabajadores, mientras en Canal Red tampoco se pagaban, con la excusa —dice— de que eran un proyecto pequeño, con pocos recursos y con las mejores intenciones, en el que sus colaboradores debían renunciar a determinados derechos laborales. Ya se sabe que en las microempresas familiares, cuando va mal, el dueño siempre apela al sentimiento de familia para pedir a los curritos que doblen el turno porque, si no, se van todos a la calle. Lo típico en hostelería y, según describen los testimonios del documental, en Canal Red. El buen patrón El consentidor de todo eso era —según las denuncias, aunque la empresa niega lo que cuenta Gregori y alardea de haberle ganado las batallas judiciales— el propio Iglesias, quien como buen líder mesiánico siempre ha pedido para los demás lo que para sí mismo no aplicaba por considerarlo improcedente. Recordemos que este individuo llegó a nuestras vidas con la promesa de regenerar la democracia española, “secuestrada” por los grandes partidos, y ha terminado por emplazar a Pedro Sánchez a que expulse a la derecha de las instituciones. Su partido pedía listas abiertas y regeneración dentro de las formaciones políticas y al final ha quedado reducido a un pequeño grupo de raelianos en el que nunca falta un buen sueldo público para la parte femenina de Galapagar. Hubo un tiempo en el que Iglesias incluso exigía la despolitización de las empresas públicas. Así fue hasta que le convino proponer a personas de su cuerda para la CNMC o para RTVE, donde directamente han enchufado a amiguetes. No solo en su Consejo de Administración, sino también en las tertulias, donde hay una representación sobresaliente de trabajadores de Canal Red, incluido su presidente. "El día que nos echen de la pública, al menos tendremos este medio", decía el miércoles en su podcast. Mientras tanto, toca rascar el fondo de barril de lo público y aprovecharse de su poder de presión al PSOE. Quizás cuando Iglesias pronunció aquella frase —"lo peor que le puede ocurrir a alguien de izquierdas es convertirse en la caricatura con la que le representa la derecha”— todavía aspiraba a que su carrera política sirviera para algo más que para su lucro personal. El documental de Gregori deja claro que así ha sucedido, mientras por el camino dejaba una multitud de víctimas entre las que se encontraban conmilitones, periodistas de confianza, amiguetes y el propio Gregori. Lo que no tengo claro es que este último haya aprendido la lección. Al escucharle intuyo que todavía cree que el marxismo puede conducir hacia la felicidad y que tarde o temprano surgirá un buen líder que prime lo colectivo sobre lo individual. Eso, a estas alturas, no le deja muy bien. Es una potencial víctima del timo del nigeriano. Hubo un día en el que un tal Sergio Gregori quiso jugar a ser revolucionario. A todos nos ha pasado y el proceso de adhesión siempre es igual. Hay veces que nos sentimos aburridos, desencantados o desbordados y decidimos escuchar a personas de las que no conviene fiarse, pero que son muy persuasivas. Nos prometen una vida mejor si apoyamos 'lo suyo' y como necesitamos volver a emocionarnos, las seguimos como idiotas. Las revueltas del 15M comenzaron así: hubo quien llamó a manifestarse contra la desesperanza y unos cuantos se sumaron. Las protestas fueron de baja intensidad y no condujeron a ningún sitio, pero a la postre sirvieron para aupar a las instituciones a algún que otro oportunista que estaba condenado a languidecer en Somosaguas y ejercer de ave de rapiña en los bares de Lavapiés, pero cuya vida cambió para mejor.
Pablo Iglesias se quejaba de Juan Roig, pero no pagaba las horas extra
Personas que trabajaron para Canal Red denuncian en 'Romper el hielo' las malas prácticas laborales de esa empresa y retratan a Pablo Iglesias como un oportunista













