En todo Brasil, las tasas de tabaquismo han disminuido drásticamente en las últimas tres décadas. Se han salvado vidas. Generaciones enteras han crecido respirando un aire más limpio. Durante años, Brasil ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud como un líder mundial en el control del tabaco. Es uno de los únicos cuatro países del mundo que ha implementado integralmente todas las medidas recomendadas por la OMS para reducir el consumo de tabaco —desde espacios libres de humo y apoyo para dejar de fumar hasta advertencias gráficas, prohibiciones de publicidad y aumento de impuestos—, y el único en las Américas en haber alcanzado este logro. Los resultados son innegables. Hoy, ese legado enfrenta un nuevo desafío.Los cigarrillos electrónicos, prohibidos a nivel nacional desde 2009 para proteger la salud pública, están reapareciendo silenciosamente en la vida cotidiana. Comercializados como modernos, atractivos y “menos perjudiciales”, estos productos corren el riesgo de revertir años de avances logrados con gran esfuerzo. A nivel mundial, existe una preocupación creciente por la manera en que estos productos son dirigidos a niños y jóvenes, y los datos muestran que los jóvenes tienen nueve veces más probabilidades de usar cigarrillos electrónicos que los adultos.Solo en Río de Janeiro, se estima que 263.000 personas ya han probado cigarrillos electrónicos, y cerca de 76.000 son usuarios actuales, lo que sitúa a la ciudad entre las más afectadas por el vapeo en el país. La adicción a la nicotina está siendo reformulada: con sabores, digitalizada y normalizada en espacios donde fumar prácticamente había desaparecido. La nicotina es la misma; solo han cambiado los formatos. La adicción a la nicotina está siendo reformuladaEl control del tabaco está siendo atacado nuevamente. Cuando el vapeo se vuelve visible en restaurantes, bares y otros espacios públicos, las normas sociales comienzan a cambiar. Lo que antes era inaceptable empieza a parecer familiar. Ese cambio constituye la esencia de la renormalización y representa uno de los principales desafíos en el panorama actual del consumo de tabaco y nicotina.Las autoridades sanitarias de Brasil comprenden este riesgo. La expansión del uso de nicotina en espacios libres de humo puede introducir nuevos daños a la salud, aumentar la probabilidad de que los jóvenes comiencen a vapear y luego migren al cigarrillo tradicional, o se conviertan en consumidores duales, además de comprometer décadas de progreso.Sin embargo, las regulaciones nacionales son tan fuertes como su capacidad de aplicación. Desde 2019, frente al creciente desafío del uso de cigarrillos electrónicos, la ciudad ha adoptado un conjunto audaz de medidas coordinadas y basadas en evidencia para transformar las políticas en acciones concretas, utilizando su autoridad local. En colaboración con la Partnership for Healthy Cities —una red global de más de 70 ciudades que trabajan para prevenir enfermedades no transmisibles y lesiones—, el municipio está fortaleciendo y sosteniendo esfuerzos para proteger la salud de la población.La ciudad movilizó equipos de vigilancia sanitaria, autoridades de orden público, líderes municipales de salud y unidades de inteligencia para combatir la venta, publicidad y distribución ilegales. Cientos de inspecciones coordinadas apuntaron a cadenas de suministro ilícitas que prosperaban gracias a la escasa fiscalización.Al mismo tiempo, la ciudad reconoció una verdad simple: la fiscalización sin comunicación es menos eficaz. En salud pública, cambiar las normas sociales es tan importante como hacer cumplir las reglas. La ciudad lanzó una moderna campaña de concienciación que alcanzó a cientos de miles de personas, combatiendo la desinformación y comunicando claramente los riesgos del vapeo. La campaña generó debates en las comunidades, y muchos residentes comenzaron a desalentar activamente el uso de cigarrillos electrónicos entre familiares y amigos.En 2025, Río fortaleció aún más su respuesta. Tras una resolución de ANVISA en 2024 que reafirmó que la comercialización de cigarrillos electrónicos está prohibida en todo el país y que su uso está vetado en todos los espacios donde está prohibido fumar, independientemente de la forma en que se hayan obtenido, se implementaron dos importantes políticas municipales para reforzar esta medida a nivel local. Una estableció una campaña permanente de concienciación y prevención en toda la ciudad. La otra prohibió explícitamente el uso de todos los productos de tabaco y nicotina, incluidos los vapeadores, en espacios cerrados públicos y privados. Señalización clara, monitoreo activo y sanciones por incumplimiento transformaron la política en una realidad concreta.El control del tabaco debe evolucionar frente a nuevos productos y tácticas cada vez más encubiertas de la industriaLa ciudad también modernizó la fiscalización mediante la digitalización de los sistemas de inspección, haciendo la supervisión más rápida, inteligente y orientada por datos: una innovación discreta, pero de gran impacto. La experiencia de Río ofrece dos lecciones importantes para el control mundial del tabaco. En primer lugar, demuestra que el control del tabaco debe evolucionar frente a nuevos productos y tácticas cada vez más encubiertas de la industria. Mantener los avances no es automático: requiere vigilancia constante, compromiso sostenido y acción proactiva.En segundo lugar, destaca el poder de la acción conjunta entre autoridades nacionales y locales. Brasil prohibió los cigarrillos electrónicos para proteger la salud pública. Río de Janeiro está garantizando que esa protección sea real. Esta dinámica es especialmente importante en países federales grandes y descentralizados, donde la implementación efectiva depende en gran medida de la acción subnacional. Es un compromiso con la salud de las futuras generaciones.