En vísperas del Día Mundial sin Tabaco (31 de mayo), la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) expresaron una profunda preocupación por la alarmante expansión de los cigarrillos electrónicos, vapeadores y bolsas de nicotina en el país. Ambas instituciones coinciden en desmitificar la falsa percepción de inocuidad de estos dispositivos, señalando que el aerosol inhalado no es simple vapor de agua, sino una mezcla de sustancias tóxicas y metales pesados.
La dimensión de esta problemática en los jóvenes quedó reflejada en el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, un relevamiento que incluyó a más de 117.000 alumnos de todo el país. El informe revela que el consumo de vapeadores alcanzó una prevalencia de vida del 35,5% entre los adolescentes escolarizados. El dato es contundente: el vapeo se consolidó como la tercera sustancia más consumida por los jóvenes en Argentina, superando ampliamente al tabaco tradicional y quedando solo por detrás del alcohol y las bebidas energizantes.
Frente a este escenario, desde el ámbito de la pediatría advierten que la adolescencia es una etapa de enorme vulnerabilidad neurobiológica. "Muchos chicos creen que están inhalando apenas vapor de agua, cuando en realidad se exponen a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas que pueden producir daño respiratorio, neurológico y adicción”, señaló la Dra. Silvia Cabrerizo, toxicóloga de la SAP. Los especialistas explican que exponer un pulmón en pleno desarrollo a estos irritantes provoca tos persistente y sibilancias, además de abrir la puerta a cuadros graves como el EVALI (lesión pulmonar aguda) o el daño irreversible causado por los saborizantes químicos.












