Reclamar más transparencia a las plataformas y la concienciación de las familias es vital para frenar la influencia negativa de internet

Cualquiera que haya estado en un casino de Las Vegas o Reno (Nevada) descubre el “truco” de las casas de juego. El alojamiento es muy barato; no existe iluminación diurna para simular que el tiempo está detenido (tampoco hay relojes a la vista); la luz es artificial; los fondos oscuros y el alcohol resulta casi regalado. Marcharse de Las Vegas no es fácil. Otras opciones dependen de cada establecimiento. Los móviles inteligentes guardan muchas semejanzas. Son baratos (a menos que se opte por marcas de lujo), accesibles, ofrecen juegos remunerados y el tiempo está guardado en una pequeña caja rectangular. Todo bajo scrolls (pasos de pantalla) interminables. España prohibirá los smartphones a los menores de 16 años en una reflexión similar a Francia o Gran Bretaña. ¿Funcionará? Toda norma genera dudas. Tampoco se puede fumar ni beber antes de los 18 años. Pero hay que hacer frente a unos dispositivos pensados para generar ingresos pese los riesgos y los engaños. Una gran falsedad es la existencia de nativos digitales. “Los niños no han creado esos entornos peligrosos: han sido los adultos, dirigidos por inmensas compañías que esperan lucrarse; ellos son los responsables”, reflexiona Luisa Alli, directora general de la Fundación Hermes, quien trabaja en un Observatorio de Derechos Digitales desde hace tiempo. Por abreviar, se llama Derechos al futuro. Unas 140 entidades públicas y privadas y 360 expertos para ser los agrimensores de esta norma. Pide una pausa. Mirar hacia atrás. Ver adónde vamos. “Tenemos que frenar y volver el mundo digital más útil para el menor”. Porque hay brechas. “El espacio digital tiene otros lenguajes que las personas y las organizaciones deben conocer. Uno es la privacidad. Varía cuando se aplica la escala digital”, cuenta.