La educación tiene que avanzar al mismo ritmo que la tecnología para evitar que los menores naveguen solos por internet. Acompañarles con directrices y ejercicios sencillos fomenta el desarrollo del pensamiento crítico que les lleva a hacerse preguntas antes de creer o reenviar una imagen

En una era en la que los filtros, los vídeos virales y las imágenes perfectas llenan las pantallas de los más jóvenes, los padres se enfrentan a un nuevo reto educativo: enseñar a sus hijos a distinguir lo real de lo fabricado. Lo que antes era solo cuestión de detectar un rumor o una broma de internet, ahora implica enfrentarse a vídeos hiperrealistas creados por inteligencia artificial, voces clonadas o fotografías que muestran escenas que nunca ocurrieron.

“Estamos llegando a un punto en que ver ya no significa creer”, advierte Hany Farid, profesor en la Universidad de California, Berkeley, y uno de los mayores expertos del mundo en análisis forense digital. Para Farid, la capacidad de distinguir entre realidad y ficción se ha convertido en una forma nueva de alfabetización: la alfabetización visual digital.

El psicólogo computacional Michal Kosinski, profesor asociado en la Graduate School of Business de Stanford y conocido por su trabajo sobre el comportamiento humano ante los sistemas de inteligencia artificial, coincide: “Los adolescentes son especialmente vulnerables porque su cerebro aún está desarrollando el pensamiento crítico y tienden a confiar más en lo que ven y en lo que comparten sus iguales”. Según él, no se trata de aislarlos de la tecnología, sino de ofrecerles herramientas para cuestionar lo que consumen, enseñarles a hacerse preguntas antes de creer o reenviar cualquier cosa.