Cuando no pueden más, bajan al Citroën C4 Cactus, arrancan el motor y ponen música. Este coche azul es uno de los pocos caprichos que quiso darse el albañil Jorge Velásquez y su hija se niega a deshacerse de él. Aunque no tenga carné para conducirlo, aunque los suyos le recomienden mejor venderlo para poder financiar el calvario en el que se ha convertido su vida desde que el 7 de octubre muriera aplastado su padre en el derrumbe de un edificio en la calle Hileras 4, en pleno centro de Madrid. Una tragedia que segó la vida de otros tres trabajadores y que se encuentra en pleno proceso judicial. No quiere venderlo porque cuando su padre la veía triste, como ahora, la llevaba a dar una vuelta por Fuenlabrada. Y metida en ese coche inmóvil, siente que, por un momento, el truco sigue funcionando.Shantal Velásquez tiene 24 años, aunque apenas recuerda mucho de los dos últimos, sumida en una depresión por la pérdida tardía de un bebé poco antes de la fecha de parto. Su vida dependía de lo que conseguía su padre, de 55, que llevaba viviendo con ella desde 2022 en España, aunque había residido otra temporada de ocho años hace unos 20. Él sí tenía residencia en este país, trabajaba desde hacía casi un año en la empresa de demoliciones ANKA, cobraba unos 1.100 euros al mes, y ya había tramitado la nacionalidad. De esos dichosos papeles dependía todo el futuro de Shantal.Pero el 7 de octubre todo se paró en seco. La casa donde vivía con su padre (alquilaban dos cuartos en un piso compartido con un matrimonio en otra habitación) se hizo demasiado grande, después impagable (800 euros al mes). Y se quedó sola en un país que nunca llegó a reconocerla como habitante. Pese a las reiteradas promesas de ayuda de las autoridades en los primeros minutos de la tragedia, asegura que, una vez que se apagaron los micrófonos, no ha conseguido avanzar todavía en lo que para ella es una urgencia vital: residir legalmente en España, para poder no solo vivir, sino trabajar.Shantal está personada en la causa por el derrumbe del edificio como acusación particular y no tiene papeles, ni ingresos. Vive atrapada en una habitación de no más de tres metros cuadrados que le cuesta 400 euros al mes en Fuenlabrada. Su madre se mudó desde Suiza (donde vivía con sus otras dos hijas y sus nietas) para no dejarla sola en este vía crucis burocrático. Y en ese cubículo resisten las dos junto a su perrita, un bichón maltés. “A veces siento que si no la tuviéramos a ella ni saldríamos a la calle”, señala Ana Herminia Sosa Mencías, de 48 años, viuda de Jorge. Muestran un papel, el enésimo documento que las mantiene atadas a Madrid, cuando ellas lo que quieren es irse a Suiza con el resto de su familia (dos hermanas, dos sobrinas y otro en camino). En él se rechaza la residencia de Shantal en España por motivos humanitarios. Ella ha recurrido a través de su abogado lo que denuncia como una obviedad: “Al denegarme el documento, la Secretaría de Estado me impide de facto ejercer mis derechos económicos, penales y civiles como víctima. No se puede exigir que litigue desde la irregularidad administrativa cuando es la propia Administración quien bloquea el acceso al documento necesario para dicho litigio”. De manera que Shantal y su madre, Ana, viuda de Jorge, no son nadie y como nadies no reciben apenas ayuda. Y la que les corresponde por el seguro de vida de su marido no la han podido cobrar por una espiral macabra a la que las ha sometido una burocracia poco o nada diseñada para que se mueran en sus trabajos extranjeros cuyos familiares no tienen registro en este país. “Las familias de los otros dos compañeros de mi esposo, uno de Guinea y otro de Malí, ni siquiera están en la causa y no creo que reciban ninguna indemnización”, apunta Ana. El 7 de octubre a mediodía, un edificio que había sido adquirido por un fondo de inversión saudí para convertirlo en un hotel más de lujo en la capital se deshizo en escombros. La rehabilitación de este edificio, que albergó un balneario, guarda además relación con el boom inmobiliario en el centro de la capital. En marzo de 2022, el fondo saudí RSR Singular Assets Europe Socimi adquirió el activo para convertirlo en un hotel de cuatro estrellas, con 122 habitaciones, seis plantas y una superficie construida de casi 6.500 metros cuadrados, en una parcela de 1.070. Se trataba de la primera apuesta del fondo en la ciudad, donde está previsto que abran 18 alojamientos de lujo entre 2026 y 2028.Shantal se entera de la muerte de su padre cuando su cuerpo llevaba aplastado e irreconocible más de ocho horas. A las 20.00, un mensaje de un compañero de trabajo de su padre, Jesús, le avisa de que Jorge es “uno de los desaparecidos”. Ella, que lo esperaba como cada noche para cenar, salió corriendo como pudo y llegó a las 21.00 a encontrarse con esa mole de escombros que había sepultado a su padre. La última vez que había hablado con él había sido a las 10.00 de esa mañana, a la hora del desayuno.Después de que su padre pasara tres días en la morgue, de que consiguieran identificar su cadáver —el forense les recomendó no ver el cuerpo— Shantal y su madre, que voló desde Quito (donde estaba de vacaciones), fueron ingresadas dos días en el hospital. “Creo que fueron los únicos días que descansamos, después vino toda una pelea en la que llevamos ya siete meses”, señala la hija.Ana sigue pagando por su piso en Suiza, donde vivía con sus dos hijas y cuidaba a sus nietas. Pero siente que no debe dejar a Shantal sola en España. Las dos pensaron que los trámites de Shantal iban a dar frutos rápidamente y que, después de un tiempo, podrían reencontrarse toda la familia. Han intentado la nueva vía de regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno recientemente, pero no saben cuánto tiempo más se puede alargar un proceso que consideran injusto: “Que nos ayuden con los papeles, que la vida nos la buscamos nosotras”. La embajadora de Ecuador, Wilma Andrade, se comprometió públicamente en una entrevista con este diario a acompañar en el proceso de regularización a Shantal. Una vez que pasó la atención mediática por la tragedia, “nadie nos ha ayudado con nada”, denuncian. “Yo lo que no puedo entender es cómo, después de lo que me ha pasado, que por una negligencia mi padre ha acabado muerto, yo tengo que sufrir además esto también”, se lamenta Shantal mientras mira de reojo a una habitación repleta de fotos de familia.