La embajada de Ecuador ofrece apoyo jurídico a la familia del albañil de 55 años tras el desplome del edificio en el centro de la capital

A las 7 de la mañana de este viernes, en la sala 6 del tanatorio sur de Madrid, una decena de cuerpos deshechos dormitaba en los sofás de escay negro junto a un féretro cerrado. El día anterior no se había muerto mucha gente, comentaba una limpiadora con un encargado de seguridad, las dos únicas almas que habitaban los pasillos. Faltaba una hora para que se hiciera de día, para que llegara el cura, para que soltara un sermón sobre lo inexplicable de la muerte a veces aquí en la tierra, para que volvieran los llantos, incluso retransmitidos a miles de kilómetros por videollamada, para que se despidieran de un compañero, un cuñado, un hermano, un marido, un padre. Para que cremaran a Jorge Gon...

zalo Velázquez Pacheco. Que tenía 55 años, era de Quito (Ecuador) y trabajaba, como hacen la mayoría de los que buscan sobrevivir en España, de obrero en un edificio de seis pisos que se derrumbó y segó otras tres vidas el martes a las 12.48 horas en pleno corazón turístico de Madrid.

Pocos sabían siquiera su nombre completo 48 horas después. Los titulares de la prensa nacional avisaban el martes de una tragedia: cuatro muertos por el desplome de una obra en la calle de las Hileras, número 4, a un lado de la plaza Mayor y el Mercado de San Miguel. Eran Moussa Dembelé (de Malí), Jorge Velázquez (de Ecuador), Diallo Mamadún Alpha (de Guinea) y Laura Rodríguez Sabín (española).