Visito a un querido amigo a quien no he visto desde marzo. Lo veo cubierto de hematomas en brazos y piernas, el rostro cosido (labio, paladar y nariz destrozados). El 23 de abril, saliendo de una cafetería de la Rambla del Celler en Sant Cugat, fue arrollado por un patinete eléctrico nada más poner el pie en la acera. No se ha recuperado aún. Hasta aquí, nada nuevo: las quejas sobre el comportamiento de los VMP son habituales en los chats de vecinos, aunque no tanto en los medios: si el patinete no te mata, si únicamente te arruina la vida, no hay noticia. Especialmente si, según le dijeron los de la ambulancia, atienden de dos a tres casos diarios similares. Tampoco importa la salud mental de los peatones, aunque según el último informe del RACC sobre movilidad, el patinete eléctrico es el VMP que genera más malestar psíquico y sensación de inseguridad. Mané EspinosaSant Cugat es el tipo de ciudad que hizo del civismo su eje vertebrador. También de las energías renovables. Pero la gestión inicial de los VMP transformó sus aceras, paseos y plazas en una traca de sobresaltos continuos. No hay un solo día en que el transeúnte no se vea obligado a esquivar a varios patinetes que incumplen algún tipo de norma.Si el patinete no te mata, si únicamente te arruina la vida, no hay noticiaDe las tres ciudades que frecuento con asiduidad, es la única en la que la calle peatonal principal convive con patinetes. La recorro a diario dos veces y nunca he visto a un guardia para reprimir un exceso de velocidad o para obligar al usuario a bajarse del patinete en el paso de peatones. Miento: hace poco, en la plaza del Monestir, después de que un patinete a gran velocidad arrinconara contra una fachada a un grupo de paseantes, un agente municipal se lo quedó mirando. Una joven le increpó: “¿Y usted no hace nada?”. Su enigmática réplica fue: “Eso dígaselo al Ayuntamiento”.Las cosas no han mejorado. Siguen circulando los VMP por plazas y paseos cuando los modelos más comunes alcanzan sobradamente los 45 km/h: si ya nada los diferencia del ciclomotor (como no sea su modo taimado y silencioso de aproximarse), ¿por qué no circulan por la calzada?La otra opción es, como han hecho con éxito en otras ciudades, multiplicar las campañas sancionadoras hasta que la minoría de usuarios respetuosos con la normativa pase a ser mayoría. De lo contrario, sólo queda lamentar que la sostenibilidad salvaje siga sacrificando a los peatones, la clase más esforzada, desprotegida y vulnerable. La única, ironía macabra, que merece el premio a la sostenibilidad integral.
El asesino silencioso, por Imma Monsó
Visito a un querido amigo a quien no he visto desde marzo. Lo veo cubierto de hematomas en brazos y piernas, el rostro cosido (labio, paladar y nariz destrozados). El 23 de abril, saliendo de una cafetería de la Rambla del Celler en Sant Cugat, fue arrollado por un patinete...









