Es un martes más en la Piazza del Popolo en Roma. Dentro de la Basílica di Santa Maria in Montesanto, monseñor Guillermo Karcher recibe a un grupo de argentinos en el día previo a una Audiencia General papal. En los primeros bancos, un grupo lo escucha contar parte de la historia de Roma, la plaza y la basílica. Karcher es oriundo del barrio porteño de Saavedra, llegó a Roma en 1993 para hacer su doctorado, pero se quedó para trabajar en la organización del Jubileo del 2000. Hoy forma parte de Protocolo y Ceremonial del Vaticano. En 1992 estuvo a cargo de la ceremonia en la que Jorge Bergoglio fue ordenado obispo de Buenos Aires y allí comenzó su vínculo con quien luego fue elegido Papa. Francisco, apenas asumió, le encomendó “recibir a los argentinos”, una tarea que aún desempeña. Desde la Piazza del Popolo, Karcher le contó a Perfil Córdoba su experiencia junto a Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV.
—¿Qué aprendiste de cada uno de los pontífices con los que trabajaste?
—Juan Pablo me pareció un hombre con una visión de mundo muy grande, en un momento en el que el gran desafío era el comunismo. Admiré su política, con una ‘P’ muy mayúscula, para cambiar un momento de la historia. Benedicto era el gran intelectual, yo lo llamaba el “San Agustín del siglo 20”. Supo expresarse de manera muy profunda y ver la importancia de la presencia de la fe cristiana como una fe que crea cultura. Francisco, el hombre más humano que conocí, una persona extraordinaria que acercó mucho el amor de Jesús y el Evangelio a la gente común. Abrió la iglesia a todos.














