Le�n XIV en Espa�a

Entrevista

A pocos d�as de la llegada de Le�n XIV a Espa�a, el presidente de la Conferencia Episcopal recibe a EL MUNDO para explicar su visi�n de un viaje hist�rico. En un mensaje dirigido a las fuerzas pol�ticas, Luis Arg�ello pide un "alto el fuego" y conf�a en que las palabras que diga el Papa en el Congreso sirvan para "revitalizar el prestigio de las Cortes y la salud de nuestra democracia"Actualizado S�bado,

mayo

22:57El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Espa�ola es hombre de pensamiento y teolog�a, pero tambi�n sigue con atenci�n la actualidad. No renuncia a intervenir en la vida p�blica cuando lo estima oportuno. Y la inminente visita de Le�n XIV a Espa�a ofrece una oportunidad inmejorable para hablar de lo divino y de lo profano.La primera enc�clica de este Papa versa sobre los retos de la inteligencia artificial. Por razones obvias no ha sido tema habitual del magisterio pontificio, pero es significativo que Le�n XIV lo haya escogido para estrenarse. �Por qu� lo hace? �He tenido usted ocasi�n ya de leerla?S�, la he le�do y me parece un texto espl�ndido. Es un genuino ejercicio de doctrina social de la Iglesia, es decir, de poner en relaci�n el Evangelio acogido por el Magisterio, con la realidad hist�rica en econom�a, pol�tica y cultura. Las �cosas nuevas� de esta �poca est�n marcadas por la cuarta Revoluci�n industrial. El objetivo de la enc�clica es ayudar a discernir qu� significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial. Se trata de alentar un compromiso en esta �poca a favor de la dignidad humana, el bien com�n y la paz, desde la verdad, la defensa de la dignidad del trabajo en la era digital y de la libertad frente al control social y la mercantilizaci�n. La enc�clica ofrece una sugerente contraposici�n entre la cultura del poder reflejada en el relato de la torre de Babel y la construcci�n de la civilizaci�n del amor iluminada por la reconstrucci�n de Jerusal�n, con pistas concretas para el discernimiento y la acci�n.El discurso del Papa en el Congreso ser� para muchos periodistas el momento central del viaje. No hay precedentes. �Cu�les pueden ser las l�neas maestras de ese mensaje formulado desde el coraz�n de la democracia parlamentaria?Supongo que Le�n XIV har� referencia a la enc�clica como un ejercicio de �tica aplicada ofrecido a nuestras Cortes Generales que, como la mayor�a de los parlamentos, viven una crisis de referencias �ticas compartidas desde las que parlamentar. Parlamentar significa escucharse, dialogar y buscar juntos caminos para abordar las grandes cuestiones de nuestro tiempo: demograf�a, migraciones, distribuci�n de la poblaci�n, vivienda, sociedad del bienestar y los cuidados, mundo multipolar, rearme, la IA, sus posibilidades y riesgos...Otro momento de gran simbolismo ser� la bendici�n de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia de Barcelona: toda una invitaci�n a �alzar la mirada�. �Qu� aporta ese lema a una sociedad que parece m�s bien inclinada a mirar la pantalla del m�vil?Invito a ver el spot Metro en el canal de YouTube del viaje del Papa @ConelPapaes. �Alzad la mirada� es un grito dirigido a un pueblo, en cada uno de nosotros, para descubrir la belleza escondida en cada rostro, en el nosotros que nos hace pueblo y los v�nculos que nos une. Nuestra propuesta es que uno de esos rostros es el Amor manifestado en la Cruz, s�mbolo tambi�n de los crucificados de esta �poca que claman justicia y paz.�Teme que alg�n dirigente, del Gobierno o de la oposici�n, caiga en la tentaci�n de intentar instrumentalizar pol�ticamente la visita del Papa?Todos tenemos la tentaci�n de arrimar, o alejar, el ascua a nuestra sardina. Invito a un alto el fuego, a desarmar las palabras en el ritmo habitual de los Plenos del Congreso para dejarnos todos tocar por las palabras de Le�n XIV. Quiera Dios que esta visita tan singular inaugure una nueva etapa que, sin negar las leg�timas y convenientes diferencias entre grupos parlamentarios, busque la manera de revitalizar el prestigio de las Cortes y la salud de nuestra democracia.El presidente del Gobierno ha aplaudido la posici�n de la Iglesia en lo tocante a la regularizaci�n de migrantes, pero meses antes invit� a los obispos a meterse en sus asuntos cuando usted mencion� la posibilidad de recurrir a una cuesti�n de confianza o a una convocatoria electoral para salir del bloqueo institucional. �C�mo describir�a la relaci�n actual con Moncloa?De colaboraci�n en estas semanas de preparaci�n de la visita del Papa. En mi �ltimo discurso en la Asamblea Plenaria ya advert� del inter�s del Gobierno por unos temas, desgraciadamente los m�s polarizadores, y de una menor facilidad para dialogar sobre otros asuntos. Con todo, hemos hablado sobre migraciones y servicios sociales, pero es m�s dif�cil abordar cuestiones en las que est� en juego la visi�n sobre la persona, la familia y el sentido de lo p�blico, que, para nosotros, no se identifica con lo estatal.La reciente visita de la presidenta a Ayuso a M�xico tambi�n gener� pol�mica por su reivindicaci�n de Isabel la Cat�lica y Hern�n Cort�s. Al margen de la batalla pol�tica, usted siempre ha ponderado la obra humanista y evangelizadora de Espa�a a trav�s de las Leyes de Indias y la Escuela de Salamanca.S�. Pongamos alg�n ejemplo de ello: en 1512, las Leyes de Burgos establecieron la exenci�n del trabajo para menores de 14 a�os. Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos tuvieron que esperar al siglo XIX. En 1514, las Leyes de Castilla autorizaron el matrimonio interracial prohibido en las colonias inglesas y francesas, por el nazismo en el siglo XX y solo autorizado sin restricciones en Estados Unidos ya en 1967. La educaci�n y la evangelizaci�n asumieron las lenguas originarias de las que se hicieron catecismos y gram�ticas. Si el despliegue de la Escuela de Salamanca no hubiera sido reorientado por el liberalismo, la Modernidad ser�a otra cosa. Toda obra humana tiene claroscuros, pero el balance de la presencia hispana en Am�rica es una gran aportaci�n al desarrollo humano y a la convivencia.Las islas Canarias van a recibir la primera visita de un pont�fice en su historia. Recientemente, el Papa expres� su reconocimiento a la voluntad de acogida de los canarios por el caso del crucero del hantavirus. �Qu� motiva la decisi�n de Robert Prevost de acudir a una regi�n ultraperif�rica como el archipi�lago canario?El propio Le�n XIV ha manifestado que quer�a cumplir el deseo de Francisco. El asunto de los movimientos de poblaci�n es de primera magnitud en el mundo global. Es complejo y no caben situaciones simplistas, pero la dignidad humana es una l�nea roja y el bien com�n, que tiene hoy dimensiones globales, pide la escucha de diversas propuestas, abordar las causas y regular de la forma m�s humana posible esta situaci�n en foros nacionales e internacionales. Mirar al mar y recordar a los all� sumergidos es, sin duda, una llamada de atenci�n a todos y nunca un arma arrojadiza entre posiciones pol�ticas.Hace un mes que la Iglesia espa�ola acord� con el Gobierno el plan de indemnizaciones de v�ctimas de abusos prescritos. �Es suficiente para reparar el da�o causado? �C�mo est�n respondiendo las v�ctimas a esta iniciativa?La Iglesia, di�cesis y congregaciones, ya lleva a�os abordando este asunto tan doloroso que cuestiona diversas dimensiones de nuestra existencia. Este da�o es muy dif�cil de reparar. En �ltima instancia pide justicia restaurativa y perd�n. En ese camino, la reparaci�n integral es necesaria. Con el Acuerdo que abre la puerta del Defensor del Pueblo para acudir a nuestro Plan de Reparaci�n hemos querido dar un nuevo paso.En los �ltimos tiempos se viene hablando de un 'giro cat�lico' -visible especialmente entre los j�venes- que se manifiesta en el cine, en la m�sica, en el auge de los retiros. Pero se dir�a que la Conferencia Episcopal recela de esta tendencia, que se supone que deber�a celebrar. �Por qu�?No recelamos de esa tendencia, pero tampoco pensamos que est� por ello resuelto el desaf�o de la evangelizaci�n. Nos alegra que muchas personas llamen a la puerta de la m�sica, de la emoci�n, del voluntariado y la amistad. Queremos acompa�arlos en su b�squeda, responder a su llamada y ense�arles la Casa Cat�lica entera.En un foro reciente usted se refiri� a dos teolog�as en auge: la teolog�a de la descolonizaci�n del sur global y la teolog�a de la prosperidad del norte capitalista. �En qu� se distingue la tradici�n cat�lica, propia de un pa�s como el nuestro, de esas otras propuestas doctrinales?Son propuestas con una fuerte carga ideol�gica, mientras que la tradici�n cat�lica respeta la realidad, a la que quiere renovar desde el Ideal encarnado en Cristo. La teolog�a de la descolonizaci�n surge de un encuentro entre la teolog�a de la liberaci�n y la ideolog�a woke; trata de releer el pasado con los criterios dominantes del presente. Los pobres a los que hay que liberar ahora son los ind�genas de los siglos XV y XVI y sus descendientes, aliados con descendientes de los criollos que hoy usan este relato para justificar su poder. Precisamente aquellos que, en las revoluciones de independencia del siglo XIX, no defendieron a los pueblos originarios. La visi�n cat�lica del tiempo y de la historia valora los hechos desde la permanente luz misericordiosa del Evangelio y en su contexto hist�rico, apreciando el crecimiento en el desarrollo humano, pero afirmando tambi�n que cada generaci�n ha de responder a los desaf�os �ticos de su momento desde la formaci�n de la conciencia moral. La teolog�a de la descolonizaci�n realiza una reinterpretaci�n cultural del cristianismo desde un relativismo cultural y moral que favorece el sincretismo religioso.Por su parte, la teolog�a de la prosperidad es una corriente promovida por grupos pentecostales que ven en la riqueza material, la salud f�sica, el �xito personal y el bienestar un signo de bendici�n. La tradici�n cat�lica rechaza esta reducci�n materialista y acoge el sentido del sufrimiento, la pobreza y la enfermedad como integrantes de la vida humana. Reclama tambi�n combatir sus causas estructurales, muchas veces provocadas por la prosperidad de otros, legitimada por estas o similares corrientes de espiritualidad desencarnada. En la visi�n cat�lica, la cruz del sufrimiento y el combate contra el pecado estructural forman parte del �nico camino hacia la santidad, genuina, escandalosa y nueva prosperidad, iluminada por el pesebre y la cruz.