El arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella (Teruel, 1945), ha sido entrevistado por La Vanguardia con motivo de la visita de León XIV a España. Un viaje que tendrá una fuerte incidencia interior y no poca proyección exterior.León XIV acaba de publicar su primera encíclica, en la que la Inteligencia Artificial es una cuestión central. ¿En qué medida aportará nuevos contenidos a la visita a España?Esta encíclica es un alegato por la dignidad humana ante la Inteligencia Artificial. Esto significa que la protección de la persona y de su dignidad será uno de los grandes hilos conductores de la propuesta del Papa. Hay que escucharle.León XIV no es sólo la cabeza visible de la Iglesia católica sino, posiblemente, la personalidad internacional que hoy expresa con mayor claridad un contrapunto al caos mundial. Por lo tanto, la visita a España adquiere un fuerte carácter internacional.Sí, es un referente moral ante asuntos que causan una gran inquietud a escala europea y universal, como el respeto a la persona humana: las guerras, las migraciones, el acceso a la vivienda… Asuntos difíciles de afrontar en un momento en que gran parte de la sociedad está decepcionada con la política. Ahí aparece el peligro del populismo, el peligro de buscar respuestas que no valoren la persona, la ética o la solidaridad. Valores que no son exclusivamente cristianos, pero que el cristianismo inspira. A eso hemos de volver. El Papa está representando ese anhelo, el valor de las personas, el del pobre, el del indigente, el del excluido.“El Estado tiene que ayudar a solucionar los problemas, no a crearlos. conviene rebajar la tensión por el bien común”Da la impresión de que la Iglesia católica en estos momentos y el Papa, además de predicar el Evangelio, busca también expandir la ética cristiana como una ética para los nuevos tiempos, incluso para los no creyentes.Puede entenderse así. Me he encontrado y me encuentro con mucha gente que no es practicante, o que no es creyente, que admira la figura del Papa por ese posicionamiento tan claro a favor de la paz y de los derechos humanos. Recordemos que es agustino, y a San Agustín también le tocó vivir tiempos difíciles. Ante la caída del Imperio Romano, Agustín de Hipona respondió con esa ciudad nueva que él proclamaba: la ciudad de Dios.Bajando un poco más a tierra...¡No estábamos en el cielo! El Papa está en la Tierra también (risas).El Papa también llega a un país pacífico, tranquilo, pero a la vez con el sistema nervioso político muy excitado. Tenemos la sensación de que en la Santa Sede hay cierta inquietud por el clima político español.Ya llevamos unos cuantos años en Europa y en España con esa evolución sociopolítica. Hay muchas transformaciones y esto nos ha puesto en ebullición a todos. También creo que los políticos han olvidado que ellos son gestores de la sociedad. Gestionan sí, pero no son los únicos protagonistas de la sociedad. Deberían coordinar más las iniciativas que surgen de la base social. El protagonista es el pueblo y subsidiariamente lo es el Estado, que tiene que ayudar a solucionar los problemas y no a crearlos. En asuntos como la vivienda, la inmigración... Hay que dejar trabajar a la gente que tiene iniciativas, colaborar con ellos y entre todos trabajar por el bien común. Esto ayudaría a rebajar tanto nerviosismo.En la archidiócesis de Barcelona recae la responsabilidad de la organización de la visita del Papa a Catalunya. En la foto, Omella posa en el Palau Episcopal. Xavier Cervera / PropiasEl Pontífice ha tomado posición sobre algunos temas de actualidad importantísimos, como por ejemplo la guerra en Irán o la regularización extraordinaria de inmigrantes. ¿El Papa está de acuerdo con el Gobierno español o es el Gobierno español el que está de acuerdo con el Papa?Yo no lo sé. Lo bueno es que coincidamos en trabajar todos por los más desfavorecidos y busquemos soluciones. En lo que se refiere a la inmigración, las soluciones pasan por la acogida. Acoger y ayudar a que no tengan que salir de sus países, por el hambre, la miseria o la guerra. Tendríamos que invertir más en esos países, ayudar a su desarrollo. Ese es un compromiso que habían adoptado los países europeos y que ha ido decayendo. Quizás nosotros también tendríamos que privarnos de algo. Todos somos hermanos, todos vamos en la misma barca, como decía el papa Francisco.En inmigración ha habido un choque visible entre Vox y la Iglesia. Sin embargo, en las últimas semanas hemos visto cierta suavización gestual. El secretario general de ese partido, Ignacio Garriga, por ejemplo, quiso fotografiarse en público besando el anillo de Luis Argüello, presidente de la CEE. ¿Ha habido un trabajo de apaciguamiento ante la visita del Papa?Necesitamos a los inmigrantes. A veces se utiliza la confrontación pública para creer que se ganan adeptos, pero solo se consigue dañar la convivencia y generar un futuro incierto. Es bueno suavizar las tensiones. Agradezco que se rebaje el tono.“El Papa se convertirá en el mejor embajador de Barcelona en todo el mundo. No hay mejor propaganda que su venida”El Papa hablará ante el Congreso de los Diputados el día 8 de junio. Es la primera vez que ocurre en la historia de España. Lo hará en un momento muy convulso de la vida política española. Usted, que es cardenal de la Iglesia católica y va frecuentemente a Roma, ¿ha aconsejado de algún modo al Papa al respecto?Él sabe lo que tiene que decir. Tiene sus asesores, evidentemente, y es conocedor de la actualidad. Como ustedes saben, la Iglesia católica cuenta con embajadas en casi todos los países del mundo, las nunciaturas. Yo creo que el Papa no vendrá a hablar tanto de política, sino más bien de los valores de solidaridad, comunión y paz. Cuando el papa Francisco viajó a Estados Unidos habló ante el Senado. Recuerdo que unos y otros aplaudían más o menos según sus reflexiones. No hubo conflicto. Debo añadir que hay cristianos afiliados a casi todos los partidos políticos y creo que eso es bueno. Es positivo que estén en la vida pública y trabajen para el bien común. Es la caridad política de la que habla el Concilio Vaticano II y que a menudo mencionaba el papa Juan Pablo II.Vamos a la visita a Barcelona. ¿Cómo la resumiría usted?Hay tres puntos importantes. El primero se refiere al propio lema del viaje: “Alzad la mirada”. Hay algo que nos supera, hay una belleza inmensa que no percibimos en el día a día porque nuestra mirada no se eleva. Estamos todo el día con el pinganillo en el oído y con el teléfono en la mano. Alcemos la mirada porque hay mucha belleza. La Sagrada Familia es la belleza del arte, de la creación, del artista. Pero mira también la belleza de la humanidad, mira a tus hermanos. Esa será la invitación en el acto en la parroquia de Sant Agustí: la mirada a los pobres, a los excluidos. Alza la mirada, hacia los presos y no te olvides de ellos. Y hacia la vida contemplativa desde la reflexión y la fe: eso es lo que representa Montserrat. Con sus 1.000 años de historia, ha ayudado a fortalecer las raíces cristianas en Catalunya.El cardenal Omella en el ObispadoXavier Cervera / PropiasLa faceta catalanista de Antoni Gaudí no puede dejarse al margen en esta visita. El uso del catalán en la liturgia fue un aspecto importante en la visita de Benedicto XVI. ¿En qué medida estará presente la lengua catalana en el mensaje del Papa?El Papa habla muchas lenguas, y profesa un gran cariño por todas. Evidentemente también por el catalán, aunque no lo ha estudiado. Está previsto que diga algunas frases en catalán. Dentro de la liturgia, esta lengua tendrá una amplia presencia.No se ha llegado a tiempo para completar el trámite de beatificación de Gaudí. ¿Está decepcionado?Reconozco que me hubiera gustado haber proclamado beato a Gaudí en Barcelona, haberlo podido anunciar. Está en estudio su intercesión en un milagro y hay indicios de que pueda serlo, lo que da esperanza. Pero eso lleva su tiempo. Vamos a esperar. No por acelerar se hacen bien las cosas.Parece que la cooperación con las autoridades locales está funcionando bien en Catalunya.Sí, yo estoy contento. Las relaciones, tanto con la Generalitat como con el Ayuntamiento de Barcelona, son cordiales. Ya lo eran antes. Ahora se han dado cuenta de que la visita del Papa tiene un significado que va más allá del hecho en sí, bellísimo: pone a Barcelona y a la Sagrada Família en el centro del mundo. Salimos ganando en todos los sentidos. No hay mejor inversión ni mejor propaganda para esta ciudad y su magnífica basílica. El Papa se convertirá en el mejor embajador de Barcelona junto a Gaudí.Barcelona es una ciudad con unas fuertes corrientes laicas. Pero si nos fijamos, los dos puntos más altos de la ciudad, el Tibidabo, y la torre más alta de la Sagrada Família –la torre de Jesús que inaugurará el Papa– pertenecen a la Iglesia católica. Dominan ustedes el espacio aéreo...Sí, sí (risas). Entre medio, ¿qué hay? Sant Josep de la Muntanya, Santa Maria del Mar, la Catedral y la patrona, la Mercè...Omella fue creado cardenal por el papa Francisco con el título de la Santa Cruz en Jerusalén en el consistorio del 28 de junio de 2017 Xavier Cervera / PropiasEl capital financiero no ha podido ir más alto que la Iglesia.Nosotros lo hemos logrado desde el arte y la belleza. Yo admiro esta tierra. Fíjense cuantísimos fundadores de órdenes salieron de Catalunya en el siglo XIX y cuántos santos ha dado. Luego llegó esa ola laicista... Y ahora viene otro movimiento empujado por mucha gente que está buscando la verdad. Buscan una respuesta en el Evangelio. Se acercan a la Iglesia o vuelven a ella. Es una corriente que está muy unida a Catalunya pero que se da en toda Europa. En Barcelona cada vez tenemos más bautismos de adultos. Solo el día de Pascua tuvimos 200.Es un fenómeno muy asociado a la inmigración, y a una inmigración de unos países muy concretos, ¿no es así?No solo. Hay inmigrantes pero también personas de aquí y también de otras religiones. Dios sigue llamando a las puertas del corazón humano y muchos están respondiendo a esa llamada y les llena de felicidad; estoy admirado. El Papa ha podido comprobarlo en su primer viaje apostólico a Argelia, un país musulmán.Hay una pregunta obligada para cerrar esta entrevista. ¿Ha previsto el momento de su sucesión o todavía está en puntos suspensivos?Estoy a la espera. Mi disponibilidad es plena desde que cumplí 75 años, como es preceptivo. Lo dejo en manos del Papa para cuando él considere. No tengo ningún dato al respecto, aunque imagino que será lo antes posible. Lleva su tiempo pero, vaya, no estaré aquí hasta los 100 años... Espero poder disfrutar un poco de una jubilación creo que merecida. Me llevo una gran admiración por Catalunya y su gente.Lee también¿Cuáles son sus planes de futuro?Volver a mi tierra. Allí, en la casa sacerdotal de Zaragoza, he pedido ya una habitación que tienen reservada para mí desde hace tiempo.¿Tiene usted alguna preferencia sobre su sucesor?(risas) Las quinielas no aciertan casi nunca. Solo el Papa lo sabe. Puede ser cualquiera.Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)Periodista. Redactora jefa en Sociedad. Antes, en Política, Cultura y Vivir. Premio Comunicació i Benestar Social del Ayuntamiento de Barcelona (1998). Colaboradora en RAC1. Premio Pedro Vega de Periodismo (2025)