Hay lugares que funcionan como una pausa frente al ritmo urbano, especialmente para quienes viven entre rodajes, compromisos profesionales y el ruido constante de la ciudad. En el interior de Castilla-La Mancha, un rincón de la provincia de Toledo se ha convertido en ese espacio de calma al que este conocido actor acude cuando necesita recuperar el contacto con la tierra, alejarse del asfalto y encontrar una tranquilidad difícil de conservar en la vida cotidiana. Ese refugio está en Casarrubios del Monte, una villa toledana con trazado medieval, castillo mudéjar y un notable patrimonio histórico. José Coronado ya explicó en una entrevista concedida a ABC la importancia que tiene para él esa conexión con la naturaleza: “El contacto con la tierra es fundamental para que no nos deshumanicemos con tanto avance y tanta modernidad. Me sirve para recargar pilas, sobre todo”. El actor definía su finca toledana como “el lugar al que recurro en busca de tranquilidad” y recordaba que llevaba décadas vinculado a este entorno, donde llegó a crear su propio “microhábitat” en una hectárea de terreno, con etapas dedicadas a la jardinería, las podas, los injertos, las plantas y los bonsáis; como ha recordado recientemente National Geographic. Una villa toledana con historia medieval El vínculo familiar con el municipio se ha reforzado ahora que su hijo, Nicolás Coronado, ha establecido allí su vida. Sin embargo, más allá de esa relación personal, Casarrubios del Monte destaca por un pasado de gran peso para una localidad de su tamaño. Fue cabeza de territorio medieval, conserva un casco histórico reconocible y llegó a acoger a la Corte durante unos 26 días en 1619, cuando Felipe III enfermó de regreso de Lisboa. También figura entre los episodios destacados el paso de Enrique IV en septiembre de 1468, momento en el que proclamó heredera a la futura Isabel la Católica. Esa densidad histórica se percibe en sus calles, en sus restos defensivos y en una arquitectura que habla de la importancia que tuvo la villa durante siglos. Uno de sus grandes símbolos es el castillo de Casarrubios del Monte, una fortaleza gótico-mudéjar levantada entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, asociada al mayorazgo fundado por Gonzalo Chacón y protegida como Bien de Interés Cultural. A ello se suman los palacios señoriales, las portadas góticas, la antigua iglesia de San Andrés y la iglesia de la Natividad o de Santa María, con obras atribuidas a nombres como Alonso Cano, Antonio Pizarro y Jusepe Leonardo. Entre patrimonio, gastronomía manchega, Plaza Mayor, calles empedradas y un ambiente pausado, el pueblo ofrece precisamente aquello que Coronado buscaba: un lugar donde el tiempo parece bajar el volumen y la historia acompaña cada paseo. Hay lugares que funcionan como una pausa frente al ritmo urbano, especialmente para quienes viven entre rodajes, compromisos profesionales y el ruido constante de la ciudad. En el interior de Castilla-La Mancha, un rincón de la provincia de Toledo se ha convertido en ese espacio de calma al que este conocido actor acude cuando necesita recuperar el contacto con la tierra, alejarse del asfalto y encontrar una tranquilidad difícil de conservar en la vida cotidiana.