Hay que reconocerle algo al gobierno de Javier Milei: la honestidad involuntaria. Otros gobiernos que aplicaron el mismo manual de demolición social al menos tuvieron el pudor de disimular. Lo llamaron modernización, inserción en el mundo, medicina necesaria. Milei dice todo eso, pero además lo celebra. Celebra la motosierra, que por si fuera necesario recordarlo, no se trata de una metáfora. Se trata, sí, del denominador común que enlaza a esta nueva pléyade de funcionarios envueltos en amianto: el Presidente y los ministros Caputo, Sturzenegger, la hermana Karina, el ex vocero y jefe de Gabinete Adorni, complicado hoy por un personal exceso de liquidez. Milei celebra el dolor del ajuste violento a jubilados, a la universidad, a la salud pública, a los discapacitados. A todo eso la Iglesia lo acaba de llamar sadismo de Estado. El cardenal Ángel Rossi es arzobispo de Córdoba, vicepresidente primero del Episcopado argentino, jesuita formado bajo la influencia del padre Bergoglio y es también uno de los monseñores con mayor influencia en la elección de Robert Prevost como León XIV. No es un dato menor: Rossi llega a esta confrontación con el gobierno con un peso institucional y simbólico que pocos prelados argentinos han tenido en décadas. El 10 de mayo de 2026 presidió la eucaristía dominical en el Cottolengo Don Orione de Córdoba, una institución consagrada al cuidado y rescate de personas con discapacidad severa. No es un detalle menor: eligió ese escenario y ese contexto para lanzar la frase más cargada políticamente que haya pronunciado un cardenal argentino en años. Dijo: “Favorecer a los opulentos y restringir la ayuda a los discapacitados, a los jubilados, a los enfermos y a los vulnerados es signo de decadencia y de sadismo personal e institucional”. Y remató: “Así como hablamos de terrorismo de Estado, hay cierto sadismo de Estado e institucional”. La analogía no fue casual ni irresponsable: Rossi no equiparó la crueldad desplegada por la administración con el genocidio; lo que hizo fue trazar una continuidad. Así como el terrorismo de Estado fue una política deliberada que usó el miedo y la muerte como herramientas de control social, el sadismo de Estado actual usa el hambre, la enfermedad y la pobreza.
Ya no es un rumor de sacristía
El cardenal Rossi llamó la atención sobre el ajuste a jubilados y discapacitados. García Cuerva lo subrayó en el tedeum ante Milei.













