Desde el autoimpuesto silencio con que volvió a soportar anteayer las críticas del arzobispo Jorge García Cuerva, bastante más duro de lo que había sido con el Gobierno el 25 de Mayo, hasta el gesto de afecto con el pequeño Vito Macri, hijo del alcalde a quien le había negado el saludo en esa misma Catedral un año atrás, el comportamiento de Javier Milei viene mostrando la pretensión de un cambio. Como si la designación de Santilli en la Jefatura de Gabinete hubiera inaugurado una etapa más conciliadora.Milei es un líder pragmático, seguramente consciente de que no le alcanzará con el respaldo libertario y que necesitará en 2027 de otras fuerzas. Por lo pronto de Pro, principalmente en la provincia de Buenos Aires, donde no hay balotaje y se gana por un voto. Lo que haga al respecto en ese distrito y en la Capital Federal determinará sin dudas un espacio decisivo y aún incierto para esas elecciones: el de la centroderecha. Con las encuestas tal como están, con la aprobación al Gobierno apenas orillando el 40% en el mejor de los casos, dividir el voto equivaldría a perder.Es cierto que hay al respecto una pregunta anterior sobre qué pretende exactamente el electorado para ese segmento ideológico. ¿Hay lugar para otra fuerza que no sea la libertaria? Hace un mes, consultado sobre el futuro del programa económico, Martín Tetaz se preguntaba si la sociedad argentina estaba dispuesta a adentrarse en una etapa superadora de Milei o, al contrario, mantenía todavía la idea de que el proceso de estabilización no había terminado, algo que explicaría por fin la paciencia que se le ha tenido al Presidente pese al ajuste. La Argentina ocupa aún el podio de la inflación más alta del mundo. Si es la segunda opción, razonaba el economista, cualquier otra propuesta, por interesante que fuere, deberá venir más allá de 2027.Diego Santilli y Martín MenemFabián Marelli¿Hay lugar para ideas troncales similares, pero de aplicación menos confrontativa? Saberlo es vital para algunos empresarios. Aquellos que celebran el equilibrio fiscal, el orden en las calles y la caída en la inflación y el riesgo país, pero a quienes la transición hacia un cambio de régimen económico pone al borde de la inviabilidad. Sobran casos en la Unión Industrial Argentina o en la Cámara Argentina de la Construcción.Mauricio Macri tiene desde hace tiempo el pulso de esta urgencia de parte de quienes, a fin de cuentas, son sus pares. Porque los conoce y porque ha sentido últimamente la presión de algunos para que sea candidato. Son los mismos que en 2023 le agradecieron que respaldara a Milei en el balotaje. “Vos trajiste al loco”, le reprochó en broma uno de ellos. Macri suele contestar en la intimidad que no tiene ganas. Pero nunca será tan explícito, al menos no hasta negociar con el Gobierno listas o acuerdos electorales en distritos que considera relevantes para el futuro de Pro. La Capital Federal, desde ya. Territorio del pequeño Vito.Mauricio Macri en el cierre del acto de Pro en Mar del Plata.
Mileísmo sin Milei, el dilema del círculo rojo
El comportamiento del Presidente viene mostrando la pretensión de un cambio, como si la designación de Santilli hubiera inaugurado una etapa más conciliadora; es un líder pragmático, seguramente consciente de que en 2027 necesitará de otras fuerzas, por lo pronto de Pro










