Hay películas que nacen de una investigación larga y otras que aparecen casi por accidente, como si la propia historia estuviera esperando encontrar a alguien dispuesto a escucharla. A Ernesto Fontán le ocurrió algo así con Una y mil veces. Mientras presentaba en Europa su película anterior, Tarará, la historia de Chernóbil en Cuba, un espectador uruguayo se le acercó después de una función en Cataluña para hablarle de un episodio prácticamente olvidado incluso en Uruguay: la historia de un grupo de exiliados uruguayos que participaron voluntariamente en la Revolución Sandinista de Nicaragua en 1979. A partir de ese encuentro comenzó una investigación que terminó convirtiéndose en un documental atravesado por la memoria política, los dilemas familiares y la necesidad de dejar testimonio antes de que los protagonistas desaparezcan: “La historia apareció un poco de casualidad. Yo estaba en Europa presentando Tarará y en una proyección en Cataluña se me acercó un uruguayo del público. Me dijo que había una necesidad urgente de contar esta historia porque muchos de los protagonistas ya estaban falleciendo y existía el riesgo de que todo quedara en el olvido. Ahí descubrí que hubo un grupo de uruguayos que combatieron voluntariamente en la Revolución Sandinista y me impactó muchísimo. Incluso en Uruguay era una historia poco conocida. Me fascinó la idea de rescatar ese episodio y convertirlo en una película documental. Sentí que había algo muy potente en ese gesto de internacionalismo, de personas que dieron su vida por otro pueblo latinoamericano. Cuando volví a Argentina armé el equipo técnico y empezamos a trabajar”. —¿Qué te interesaba explorar más: el hecho histórico o las decisiones personales detrás de esos recorridos? —Me interesaban mucho las dos cosas. Por un lado estaba el contexto histórico: el Plan Cóndor, las dictaduras latinoamericanas, la situación de Nicaragua después de décadas de la dinastía Somoza. Pero al mismo tiempo me importaba muchísimo el costado humano. Estos combatientes tomaron una decisión individual y voluntaria. Todo eso dejó marcas muy profundas.