NoticiaLa cineasta habló de cómo es crear cine político, a propósito de su participación en el Bogotá Audivisual Market. Entrevista.Película 'Aún es de noche en Caracas', con Natalia Reyes y Édgar Ramírez. Foto: @batarataPERIODISTA07.07.2026 19:36 Actualizado: 07.07.2026 19:36
Luego de enfrentar la muerte de su madre, Adelaida descubre que su hogar fue invadido por paramilitares en Venezuela, obligándola a asumir otra identidad para sobrevivir y escapar del colapso. Ese es solo el inicio de una historia de migración y desarraigo, muy parecida a la que han vivido casi 8 millones de venezolanos, tras la crisis política y social que se ha vivido en el país a causa de la dictadura.Esos sentimientos, tan comunes en toda una nación, son retratados por Mariana Rondón y Marité Ugás en el filme, de un poco más de hora y media, ‘Aún es de noche en Caracas’. Esta historia, que ahora está disponible en Netflix, viene de la adaptación de La hija de la española, uno de los primeros libros, que a través de la ficción, reveló al mundo lo que ocurría en el país desde el sentimiento del destierro y el dolor. La humanidad que desborda cada escena ha llevado a las directoras a cuatro nominaciones en la XIII edición de los Premios Platino del Cine Iberoamericano.Mariana Rondón habló con EL TIEMPO, a propósito de su participación en el Bogotá Audiovisual Market, sobre cómo su herida abierta pasó a las pantallas y cómo fue desarrollar una película que duele, más que nunca, porque para ella “todavía es de noche en Caracas”.Mariana Rondónm, directora de Aún es de noche en Caracas Foto:Cortesía¿Cree que luego de la captura de Maduro se pueda ver la película en las salas de cine venezolanas?Este momento es tan difícil y tan duro, en medio de todos estos terremotos, que ni siquiera me da para pensar en eso. Pero siento que en Venezuela todavía es de noche. Políticamente, no creo que hayan cambiado muchas cosas. Lo único realmente importante que veo es que salió un gran porcentaje de los presos políticos que había en el país. Sin embargo, no han salido todos y todavía no estamos viendo cambios de fondo.La película se basa en el libro La hija de la española, ¿en qué momento de su vida llegó a usted?Somos dos las directoras de Aún es de noche en Caracas: Marité Ugás y yo. En 2019, apenas salió el libro, estábamos en Lima y todavía no había llegado allá. Yo tenía una amiga que pasó por Bogotá y le dije: "Por favor, cómprame ese libro". Después ella se fue a una feria del libro en Brasil, donde estaba Karina Sainz Borgo, y aprovechó para que se lo firmara y se lo dedicara. Así que lo leímos apenas salió, muy rápidamente. Pero no lo hicimos pensando en adaptarlo al cine. Lo leímos con la ansiedad y la necesidad que nos producía el hecho de que, por primera vez —o de las primeras veces—, aparecía una ficción sobre lo que estábamos viviendo como Venezuela.Era una de las pocas novelas de ficción contextualizadas en la realidad venezolana. Recuerdo que me la leí en medio día, con una ansiedad enorme. Incluso nos peleábamos el libro para poder leerlo. Fue una lectura muy potente, muy dura y también muy reveladora. En ese momento, sin embargo, era muy difícil imaginar una adaptación cinematográfica. Después vino la pandemia y, además, nosotros no teníamos un país donde filmar. La sola idea de adaptar una novela como esa parecía muy lejana.Pero pocos meses después nos llamó Edgar Ramírez (reconocido actor venezolano) y nos dijo: "Chicas, ¿por qué no llevamos esta novela al cine?". Inmediatamente dijimos que sí y nos pusimos a trabajar en el proyecto.La película está ambientada en 2017. ¿Qué era de su vida en ese momento?Yo ya había empezado a tener algunos problemas y conflictos en Venezuela por una película anterior que había hecho, Pelo Malo. Había entendido que me tocaba salir del país, aunque todavía no terminaba de decidirme. Entonces iba, volvía, iba y volvía. Viví parte de ese año en Venezuela y parte fuera del país. Esa experiencia de salir me dio la oportunidad de entender el absurdo que estábamos viviendo como sociedad, el sinsentido y la necesidad de romper con ese absurdo en el que estábamos inmersos.¿Por qué escoger a una colombiana, como Natalia Reyes, para protagonizar la historia?Creo que hay algo que hemos podido constatar ahora, después de terminar la película y presentarla en distintos lugares. Y es lo importante que resulta que Colombia vea esta historia. Es fundamental, porque Colombia es el principal receptor de migrantes venezolanos en el mundo y necesita entender por qué ha llegado esa cantidad de migrantes al país. En ese sentido, Natalia ha sido una figura muy importante. Curiosamente, nada de esto lo pensamos antes; es una conclusión a la que hemos llegado después del recorrido que ha tenido la película.Aún es de noche en Caracas Foto:Netflix.Natalia es una excelente actriz y se entregó por completo a la construcción del personaje. Nos dio carta blanca para trabajar con ella. Pasamos cerca de un mes preparando el papel y nunca tuvo reparos en involucrarse diariamente en el proceso creativo junto al resto del elenco. Además, hay algo que también es cierto: Natalia vive en Cartagena y, para nosotros, eso está prácticamente en la esquina de Venezuela. Es muy cerca. Si no entendemos esa cercanía desde nuestra condición de región, entonces no hemos entendido nada. Nuestros países se necesitan mutuamente, y esa relación de vecindad es profundamente importante.¿Qué tipo de problemas tuvo?Siempre he hecho un cine político y Pelo Malo también lo era. Pero era una película crítica desde el lugar que más me interesa: no hacer panfletos políticos, sino retratar las consecuencias que tienen las políticas de un Estado en la vida íntima de las personas. Y eso siempre trae problemas. Porque, en realidad, cuando empiezas a tocar no las consignas políticas ni los panfletos, sino a hablar de cómo el ser humano tiene que enfrentarse al absurdo del ejercicio del poder, inevitablemente empiezan a surgir conflictos.Los venzolanos han vivido muchos episodios de xenofobia, ¿el desarraigo se hubiese sentido menos si hubiesen sido bienvenidos?Yo llevo once años fuera de Venezuela. Pero a partir de 2017, cuando la migración venezolana aumentó de manera tan significativa, todo se volvió mucho más violento. Y no me refiero solamente a cómo me ven a mí, sino a lo que viven mis compatriotas. Va desde que te digan "ponte allá, tú no eres de los nuestros", "aléjate", "no te alquilo una casa", hasta expresiones tan graves como "vamos a salir a cazar venezolanos". El venezolano ha quedado marcado de por vida, y también por generaciones, con esa herida del destierro, del desarraigo, del dolor de no pertenecer y de haberlo perdido todo. Esto es algo que han vivido muchos pueblos de Latinoamérica y del mundo; la diferencia es que nosotros nunca lo habíamos experimentado. Por eso la diáspora venezolana fue un fenómeno tan impactante, no solo para Venezuela, sino para el mundo en general.La película se siente más emocional que política, ¿era el propósito?Sí toca el tema político. Lo que nosotros intentamos fue que cada espectador tuviera la libertad de verla sin encerrarla únicamente en el conflicto venezolano, sino que pudiera interpretarla desde su propia realidad y desde muchas otras situaciones parecidas, paralelas o incluso iguales que han ocurrido y seguirán ocurriendo en distintas partes del mundo. Cualquier país de Latinoamérica ha vivido algo similar o podría volver a vivirlo. Por eso queríamos hablar desde un lugar lo más amplio posible, para que la película llegara a la mayor cantidad de personas. Nos ha pasado, por ejemplo, que proyectamos la película en Estados Unidos y la gente nos dice: "Es que eso puede pasar aquí en cualquier momento". Ahí te das cuenta del lugar desde el que está parada la película.Película 'Aún es de noche en Caracas', con Natalia Reyes y Édgar Ramírez. Foto:@batarataLas escenas de la película transportan al espectador a Venezuela, pero se grabó en México, ¿cómo se logró ese efecto?Tomamos una decisión de trabajar mucho con los archivos porque incluso con películas anteriores mucha gente nos preguntaba si de verdad estaba pasando en Venezuela, por eso lo quisimos hacer lo más fiel al contexto venezolano, porque la memoria es frágil. Decidimos trabajar a partir de los archivos, trabajar a partir de experiencias y de anécdotas que todos los venezolanos conocemos muy bien y también con los informes de derechos humanos, como fue el de Michel Bachelet (Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) del 2019 donde hace un recuento del estado en el que están los derechos humanos en Venezuela.¿Qué escena se sintió como un desahogo personal?Muchas. Hubo algo muy fuerte para nosotros durante el rodaje. Cuando convocamos al resto de los actores y a los extras, le pedimos a la producción que tratara de que, incluso los extras más jóvenes, fueran venezolanos. Es difícil explicar por qué. Llegaron todos esos venezolanos. Hubo un momento en que los chicos que corrían por las calles, participaban en las manifestaciones y recreaban esas escenas, se involucraron de tal manera que les gritábamos "¡corte!" y no se detenían. Era como si estuvieran otra vez en Caracas, corriendo y manifestándose. No había manera de sacarlos de ese estado. En lo personal, siento que yo no tuve la oportunidad de vivir ese desprendimiento. Más bien, me tocó abrazar a toda esa gente, contenerla, guardar el poco ego que me quedaba y dedicarme por completo al "nosotros".¿Qué historia falta por contar de su país?Una historia muy dulce y feliz. Esperemos que se pueda contar pronto.María Jimena Delgado DíazPeriodista de Cultura@Mariajimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









