¿Los dedos se los metió con delicadeza? Esta fue una de las preguntas que el abogado del futbolista Rafa Mir hizo a la víctima del futbolista, que antes de ayer se sentó en el banquillo de la Audiencia Provincial de Valencia, acusado de un delito de agresión sexual con acceso carnal y lesiones, por el que la Fiscalía le pide 10 años y medio de prisión. La ley española establece que el consentimiento sexual solo se da cuando se haya manifestado libre y claramente la voluntad de la persona, y que no es válido cuando ha habido violencia, intimidación, abuso de poder, engaño o anulación de la voluntad de la víctima. También establece la ley que el consentimiento puede ser revocado en cualquier momento, es decir, que un sí a las 12 de la noche, no tiene que ser obligatoriamente un sí a las 4 de la madrugada. Lo que no contempla nuestro ordenamiento jurídico es que la supuesta delicadeza con la que se practica la agresión sea un eximente para que esta agresión se de. Con esta pregunta, el abogado de Mir pretende devolvernos al mito del violador que te asalta en un portal, cuando sabemos que hasta el 80% de las agresiones sexuales se dan en entornos conocidos y de pareja. Por eso, no es menos traumático que tu agresor te trate con "supuesta" delicadeza, ya que no hay nada más paralizante que la agresión que se disfraza de goce o de amor. Muchas chicas reconocer haber sido violadas después de citas concertadas a través de aplicaciones de ligue.PublicidadLa noche del 30 de agosto de 2024 dos jóvenes anónimas de 21 y 25 años conocieron al futbolista Rafa Mir en una discoteca de Valencia. Una de ellas ligó con él sin saber a qué se dedicaba, y los tres juntos más otros amigos del jugador, se subieron a un taxi donde Mir empezó a besarse con la amiga de la chica con la que había ligado. La fiesta, que empezaba a tornarse con un objetivo claro para los hombres, siguió en el chalé de Bétera del futbolista. Una vez en la vivienda, el entonces jugador del Valencia —cedido por el Sevilla— mantuvo relaciones sexuales con la joven con la que se había besado en el taxi. Después, encontró a la otra chica de 21 años sentada junto a la piscina y, según la denuncia, la arrojó al agua vestida para agredirla sexualmente. Tras ese primer episodio, la joven le dijo que no quería nada con él, y salió de la casa apresuradamente. Sin embargo, al llegar fuera, se dio cuenta de que había dejado su bolso dentro y decidió entrar para recuperarlo. Fue en ese segundo encuentro cuando, según la víctima, el acusado volvió a agredirla sexualmente, esta vez, inmovilizándola en el baño en donde la mantuvo cerrada bajo pestillo. Mientras esto ocurría, su amiga estaba siendo supuestamente agredida en la piscina por Pablo Jara. Otra perla.Ayer Rafa Mir apareció en la Audiencia de Valencia para negar los hechos y defender su inocencia mientras solicita la absolución. Su abogado argumenta, cómo no, que las relaciones sexuales fueron consentidas. Sin embargo, resulta difícil sostener que la joven que lo denuncia estuviese consintiendo una relación cuando fue humillada, tirada a una piscina con ropa, y posteriormente encerrada dentro de un baño. Más difícil aún resulta pensar que esta chica pudiese ofrecer algún tipo de resistencia ante un tipo de un metro noventa, en una casa en donde había varios hombres corpulentos y ricos. El propio Mir reconoció que, antes de arrojarla a la piscina en contra de su voluntad, la chica estaba "enfadada" con él por supuestos celos hacia su amiga. ¿No sería que estaba asustada?De hecho, en la segunda agresión, su amiga la escuchó salir del baño con un ataque de ansiedad y fue tras ella para tranquilizarla, momento en el que recibió un puñetazo en la cara de Pablo Jara que las echó a la casa sin darles tiempo a vestirse. Además, hay testigos: un vecino que pasó por la zona vio a las dos chicas semidesnudas y avisó a los agentes de seguridad de la urbanización y estos a la Policía Local de Bétera.A la espera de la sentencia, hay algo que no se repite siempre en todos los casos de agresiones sexuales cometidos por futbolistas, y es la absoluta impunidad con la que estos hombrecillos tan aclamados por las masas disponen del cuerpo de las mujeres. Y es que hasta el más paquete cobra dos millones de euros al año por darle patadas a un balón o por ver cómo rueda desde el banquillo, un dinero que les hace creerse al margen de las consecuencias de sus actos. Pero ahora el banquillo es otro. Mir dijo que la noche simplemente "fluyó". Su víctima, que le pidió que parara. Lo que no fluye, claramente, es la empatía.
Meter con delicadeza también es agresión sexual
¿Los dedos se los metió con delicadeza? Esta fue una de las preguntas que el abogado del futbolista Rafa Mir hizo a la víctima del futbolista











