Un experto en cultivos tropicales vio claro en 2024 el negocio del aguacate cántabro: “Si yo pudiera, a los clientes que tengo, llevarles aguacate de calidad como el que se puede producir aquí... me lo quitan de las manos”. Juan de Dios García, que cultiva aguacate, mango y chirimoya en Málaga, habló en la que fue la primera jornada técnica de cultivo de aguacate en Cantabria. De entonces a ahora, la producción aumenta muy lentamente, pero refleja cómo el cambio climático y la búsqueda de rentabilidad reconfiguran las tendencias en los usos del suelo en una región cuya climatología dista de la tropicalidad.

Hace más de cien años que Cantabria es una región caracterizada por un uso principal del suelo: pasto para dar de comer a las vacas. El negocio de producir para alimentar a la ganadería —vaca de leche y de carne— ha marcado la economía y ha cambiado el paisaje de la comunidad. Aún hoy marca el uso mayoritario del suelo, principalmente para la producción de hierba (para pasto directo, siega o silos) y también para maíz forrajero, pero “se encuentra en clara recesión” por los altos costes y la falta de relevo generacional en el campo.

Así lo advierte Roque Sainz de la Maza, presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos y Peritos Agrícolas de Cantabria. Cuenta que funciona porque es un cultivo rentable con un valor añadido y producción altos, pero confirma un cambio de tendencias en los usos del suelo desde hace 30 años y “sobre todo”, en los últimos 15 años.