El Primer CruceLa paradoja es que los casos de corrupci�n no acercan las elecciones; si acaso las alejan. Sospecho que porque el presidente ve m�s cerca la imputaci�n que la mayor�a absolutaEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez y el ministro de Transportes, �scar PuenteEFEActualizado Viernes,
mayo
22:53Audio generado con IAEs un ejercicio casi melanc�lico tener que insistir, de nuevo, en la gravedad de que un ministro sugiera que existe una conspiraci�n de los aparatos del Estado para derribar al gobierno de Espa�a. En otro pa�s, y quiz� en otro tiempo, hubiera provocado un esc�ndalo. Aqu� la noticia ya no es la soltura con que un ministro canta golpe de Estado, sino la parsimonia con que ciudadanos y autoridades lo reciben como una opini�n m�s. A esta hora, el presidente del Gobierno no ha desautorizado a su ministro de Transportes. Y se entiende que es porque le conviene que la intoxicaci�n prospere.No hace falta insistir en que la insinuaci�n de que existe una suerte de deep state que act�a al margen de las urnas para corregir su resultado tiene un efecto corrosivo sobre la confianza en las instituciones. Lo saben ustedes y, desde luego, lo sabe �scar Puente. Pero al pir�mano no vamos a persuadirle glosando los peligros del fuego. Lo que quiere el pir�mano es ver el bosque arder.Pero en las declaraciones del ministro hay algo m�s que su habitual falta de decoro institucional. Hay una curiosa paradoja. Denuncia intentos de derribar al Gobierno por m�todos no democr�ticos cuando lo que se investiga es si su partido ha recurrido a m�todos no democr�ticos para mantenerse en el poder. Puente denuncia un asalto al Ejecutivo por parte de la polic�a, la fiscal�a y la judicatura, pero lo que est� bajo examen es si desde su partido trataron de asaltar la polic�a, la fiscal�a y la judicatura para proteger al c�rculo �ntimo del Presidente. El auto del juez Pedraz apunta a la existencia de indicios de que desde el PSOE, partido que gobierna Espa�a, se intent� actuar sobre resortes del Estado que, en una democracia liberal, deben permanecer ajenos al control del Gobierno.Coincido con �scar Puente en una cosa: existen formas no democr�ticas de alcanzar el poder. En la historia hay cientos de ejemplos. Pero la cuesti�n que hoy nos interpela es si tambi�n existen formas no democr�ticas de conservarlo. Si el soborno, la extorsi�n, la b�squeda de informaci�n comprometedora sobre agentes p�blicos o la presi�n sobre quienes investigan pueden convertirse en herramientas de supervivencia pol�tica.Conviene subrayar que Pedro S�nchez tendr�a la obligaci�n pol�tica y moral de convocar elecciones incluso aunque no existieran el caso cloacas, el caso mascarillas o el caso Plus Ultra. Aunque �balos, Koldo y Cerd�n siguieran siendo socialistas ejemplares y ZP siguiera supervisando nubes. Aunque Leire estuviera escribiendo una novela, David S�nchez componiendo sinfon�as y Bego�a G�mez ejerciendo un noble oficio.Un Gobierno sin mayor�a parlamentaria, incapaz de aprobar presupuestos y enfrentado a desaf�os tan decisivos como la inmigraci�n, la crisis de la vivienda o el aumento del gasto en defensa deber�a acudir a las urnas para renovar o ceder el mando. La paradoja es que los casos de corrupci�n no acercan las elecciones; si acaso las alejan. Sospecho que porque el presidente ve m�s cerca la imputaci�n que la mayor�a absoluta. De eso, precisamente, trata la tentaci�n de gobernar por m�todos no democr�ticos.












