NoticiaUn análisis de la Universidad Católica de Colombia advierte que las campañas electorales recurren cada vez más a la estimulación emocional.Expertas en psicología política señalan que el miedo, la indignación y el orgullo son utilizados estratégicamente en los discursos electorales para influir en las decisiones de los ciudadanos. Foto: LUIS ROBAYOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD29.05.2026 17:06 Actualizado: 29.05.2026 17:06
A pocos días de la primera vuelta presidencial de 2026, investigadoras del Observatorio de Redes Sociales para Estudios en Psicología de la Universidad Católica de Colombia advirtieron sobre el uso estratégico de las emociones en las campañas políticas y el impacto que esto puede tener sobre la calidad del debate democrático y las decisiones de los votantes. LEA TAMBIÉN El análisis fue elaborado por Diana Camila Garzón-Velandia, doctora en Procesos Psicológicos y Comportamiento Social por la Universidade de Santiago de Compostela y profesora de la Universidad Católica de Colombia, y por Ana Camila García, psicóloga y magíster en psicología con experiencia en estudio de emociones, comportamiento digital y narrativas en redes sociales.De acuerdo con el texto, las emociones se han convertido en el principal filtro a través del cual buena parte de la ciudadanía interpreta la política, especialmente en redes sociales y entornos digitales donde los contenidos más confrontacionales tienden a viralizarse con mayor rapidez.El estudio plantea herramientas para reconocer cuándo las emociones pueden condicionar el voto. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / El TiempoSegún las investigadoras, aunque en teoría las democracias se sustentan en la discusión de propuestas y necesidades colectivas, en Colombia las campañas y la comunicación política recurren principalmente a la estimulación emocional para movilizar al electorado.“El problema es que los contenidos que generan emociones intensas, especialmente las negativas como la ira, el miedo o el asco, generan más clics, más tiempo de pantalla y más reacciones”, señala el documento. A juicio de las expertas, los algoritmos de las plataformas digitales favorecen precisamente este tipo de mensajes, creando una “dieta informativa sistemáticamente sesgada hacia la emoción negativa y el conflicto”. LEA TAMBIÉN El análisis aparece en un contexto electoral marcado por la polarización y por la memoria de décadas de violencia política en el país. Las investigadoras sostienen que, en una sociedad donde la confrontación se ha normalizado, los discursos agresivos tienen un potencial particularmente alto para profundizar las divisiones durante las elecciones presidenciales de 2026.El documento identifica al menos cinco emociones recurrentes en las estrategias discursivas de campaña y explica cómo cada una influye de manera distinta sobre los votantes.La primera es el miedo. De acuerdo con el análisis, esta emoción es especialmente eficaz para activar comportamientos inmediatos. Cuando un candidato o una campaña presentan escenarios asociados al caos, la violencia o la pérdida de derechos y estabilidad, se genera en el ciudadano una necesidad de protección.Sin embargo, las investigadoras advierten que el miedo también reduce la capacidad de análisis crítico y favorece la búsqueda de figuras de autoridad fuerte. Además, cuando se convierte en el eje permanente de una campaña, aumenta la polarización afectiva y lleva a que el adversario político deje de verse como un competidor democrático y pase a ser percibido como una amenaza existencial.Unos 40 millones de colombianos están habilitados para votar. Foto:Abél Cárdenas. EL TIEMPOLa segunda emoción identificada es la ira, especialmente a través de discursos basados en indignación constante. El análisis señala que esta es una de las emociones más virales en la política contemporánea porque impulsa la acción y fortalece la cohesión entre seguidores.No obstante, también tiene efectos negativos. Las campañas sostenidas sobre la indignación permanente, sostienen las autoras, terminan reforzando la idea de que el adversario es moralmente inferior o corrupto, lo que dificulta posteriormente el diálogo y los acuerdos políticos necesarios para gobernar.Frente a ello, las investigadoras destacan que existen emociones con capacidad de unir sin necesariamente dividir. Entre ellas mencionan la esperanza y el orgullo. La esperanza, explican, ayuda a construir sentido de comunidad y proyecta expectativas de futuro, mientras que el orgullo fortalece la pertenencia hacia un grupo político, un territorio o unos ideales compartidos. LEA TAMBIÉN Según el análisis, estas emociones pueden tener un efecto menos polarizante siempre que no estén ligadas a la humillación o descalificación del otro. En contextos como el colombiano, sostienen, las estrategias que apelan al orgullo colectivo sin atacar al adversario pueden contribuir a disminuir la confrontación.Las investigadoras alertan sobre los riesgos de la polarización. Foto:Jaiver Nieto / Archivo EL TIEMPOEl documento también resalta el papel de la empatía y la confianza, consideradas por las autoras como las emociones con mayor potencial despolarizador, aunque reconocen que son difíciles de sostener en plena competencia electoral.La razón, explican, es que las campañas suelen basarse en diferenciarse del contrincante y no en reconocer puntos de humanidad compartida. Sin embargo, citan evidencia científica que muestra que cuando los líderes políticos reconocen la humanidad de quienes piensan distinto, logran disminuir el rechazo entre sus propios seguidores hacia los opositores.El análisis advierte que el problema no radica en la existencia de diferencias ideológicas, algo propio de cualquier democracia, sino en el momento en que las divisiones dejan de centrarse en ideas y pasan a construirse sobre identidades irreconciliables.“Cuando el adversario político deja de ser alguien con quien se discrepa para convertirse en alguien a quien se desprecia o teme”, indican las investigadoras, la decisión electoral deja de ser propositiva y se transforma en un acto de defensa frente al otro.Las autoras señalan que en contextos de alta polarización afectiva el llamado “voto en contra” adquiere más fuerza que el voto a favor de un proyecto político. Es decir, los ciudadanos terminan votando principalmente para evitar que gane el adversario. LEA TAMBIÉN Ante este panorama, el análisis propone que los ciudadanos aprendan a identificar señales de manipulación emocional en campañas y contenidos digitales. Entre las alertas mencionadas aparecen discursos que presentan constantemente nuevas amenazas o crisis, mensajes que dividen de forma permanente entre “los buenos” y “los malos”, o el uso reiterado de palabras como “destruir”, “traidor”, “peligro” y “amenaza”.También advierten sobre campañas que simplifican problemas complejos, desacreditan a quienes hacen preguntas críticas o convierten el voto en un acto de lealtad absoluta y no en una decisión razonada.Las investigadoras aclaran que el objetivo del análisis no es señalar a un candidato específico, sino evidenciar una dinámica política amplificada por las plataformas digitales y los algoritmos que privilegian las emociones intensas.“La democracia no pide ciudadanos sin emociones”, concluyen. “Pide ciudadanos que sepan qué hacer con sus propias emociones y que identifiquen las estrategias con las que se moviliza al electorado”.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













