A Mariel Ocampo siempre la ha movido el amor. De niña, fue el amor al deporte: la gimnasia le dio disciplina, le enseñó a caer, levantarse y volver a intentar. Más adelante, el amor por sí misma la llevó a tomar distancia de aquello que le hacía daño y a independizarse muy joven para encontrar la paz que necesitaba. Por amor también dejó el Perú en uno de los mejores momentos de su carrera y se fue a México con su esposo, el director Álvaro Velarde Gardner, para formar el hogar que tanto había deseado. Y ahora, por amor a sus raíces, vuelve a mirar a Lima como un lugar donde quiere quedarse varios años y asumir nuevos retos artísticos. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: Entrevista