A veces, pocas, sucede. El personaje, perdón, la persona a entrevistar entra de plano a la entrevista y te cuenta cosas de su vida sin casi preguntarle. Ocurrió con Nathalie Poza. Y eso que, de entrada, la cosa no prometía. Llegó pelín tarde al sitio que propuso: La Divina Bohemia —toma ya declaración de intenciones—, un local a la vez burgués y alternativo del, a la vez alternativo y burgués, barrio madrileño de La Latina. Saludó, se disculpó, ...
cálida sin exagerar, por el retraso y se puso a disposición del fotógrafo. Primero, cautelosa; luego, entregada. Al punto de descalzarse ella misma para la foto como desnuda su alma su personaje de Blanche Dubois en el escenario de Un tranvía llamado deseo. Sin maquillaje, como su personaje de Adela en la serie Furia, una mujer desbordada, lidiando a la vez con el cuidado de su madre enferma y sus propios males. Le pregunto lo primero que se me ocurre.
¿Cómo está?
Bueno, no estoy mal, dentro de lo que cabe.
¿Qué es lo que cabe?






